C.S. Lewis, lunes 28 de septiembre de 1931

Entrada dedicada a los lectores cristianos de este blog, y especialmente a los seguidores de C.S. Lewis.

Hoy hace 78 años que el de Belfast se convirtió. Fue en el sidecar de la moto que conducía su hermano, en plena marcha. Veo venir la broma fácil, así que me avanzo: no, no estuvieron a punto de tener un accidente.

Este paso definitivo en su lento abandono del ateísmo comenzó pocos días antes, el sábado 19 de septiembre, durante una conversación con Tolkien y Dyson que terminó a las 4 de la madrugada.

No podía dejar pasar una coincidencia de fechas como ésta, y menos a pocos días de defender un doctorado que trata justamente de Lewis. Tampoco es la primera vez que hablo del británico. Dediqué entradas a dos días que le cambiaron la vida: su llegada al frente durante la Primera Guerra Mundial y el día en que conoció a Tolkien.

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Dos años mareando con este blog

Que sí, que ya van dos años haciendo el subnormal en internet. Ya me lo decían mis padres, que esa carrera no me serviría para nada.

Víctima del hastío de mí mismo, compendio las diez entradas que me parecen más interesantes entre la multitud inabarcable de memeces que he pergeñado. Por orden cronológico relativo a los últimos doce meses:

Monografía: Arthur Machen

Tolkien y Lewis, tal día como hoy

Las veintiséis palabras según Dolgopolsky

Entrevista exclusiva del Proyecto Seléucida a Joe Haldeman

Cómo no hay que escribir, I: Presentación

Entrevista del Proyecto Seléucida a Sergi Puertas

Entrevista de este blog a Robert Lozinski, autor de la novela La ruleta chechena

Entre Aldous Huxley y Richard Matheson

Defensa de la literatura griega en lengua española

Consejos para escritores, gentileza de Mamet

Tolkien y Lewis, tal día como hoy

Hoy hace 82 años que John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) y Clive Staples Lewis (1898-1963) se conocieron. Sucedió el 11 de mayo de 1926 en la Universidad de Oxford. Años después, Lewis (para los despistados: el autor de La Trilogía Cósmica y Las Crónicas de Narnia) lo relataría de esta guisa en sus memorias Surprised by Joy (Cautivado por la Alegría):

“[…] Cuando comencé a enseñar en la Facultad de Inglés hice otros dos amigos, ambos cristianos (esta gente tan extraña parecía brotar por todas partes), quienes más tarde me resultarían de mucha ayuda para superar el último obstáculo [en la conversión de Lewis al cristianismo, aclaro]. Eran H.V.V. Dyson (de Lectura a la sazón) y J.R.R. Tolkien. La amistad con el último marcó la caída de dos antiguos prejuicios. Al llegar al mundo me avisaron (implícitamente) de que no creyera nunca a un papista, y al llegar a la Facultad (explícitamente) de que no creyera nunca a un filólogo. Tolkien era ambas cosas.” [La traducción del parágrafo es mía.]

Los Inklings (“Indicios”) era el grupo de amigos que se reunía para charlar acerca de literatura:

“[…] Este grupo de amigos personales y profesionales solía reunirse los jueves por la noche en las estancias de Lewis, y con frecuencia los martes al mediodía en el Eagle and Child (comúnmente llamado “Bird and Baby”), un pequeño pub especializado en una sidra notable [o sea, bromeaban pasando el nombre de “El Águila y el Chico” a “El Pájaro y el Crío”]. Las reuniones nocturnas se dedicaban usualmente a la lectura, en voz alta, de una parte de algún libro en composición, seguida de una crítica directa. Después de que el carismático Charles Williams se uniera al grupo […] los Inklings llegaron a su apogeo. En una reunión se podía encontrar a Lewis leyendo un capítulo de Perelandra, o a Williams leyendo un fragmento de All Hallows’ Eve, o a Tolkien leyendo del futuro Lord of the Rings. […]” [Chad Walsh, The Literary Legacy of C.S. Lewis; la traducción del parágrafo es mía.]

Quien desee profundizar en la amistad entre estos dos gigantes no encontrará nada en la película Shadowlands, y hallará más bien poca información en los tres volúmenes de cartas de Lewis (cada uno de 1000 páginas), dado que ambos se veían casi a diario, y por eso no tenían motivos para escribirse. Las mejores fuentes son The Inklings: C.S. Lewis, J.R.R. Tolkien, Charles Williams and their friends, de Humphrey Carpenter (HarperCollins Publishers) y Tolkien and C.S.Lewis. The Gift of Friendship, de Colin Duriez (Hidden Spring). Comprar de segunda mano en Amazon sale a cuenta.

Y una cosa más: Tolkien y Lewis tuvieron sus más y sus menos, como sucede con toda amistad que se precie. Lo tenéis en The Stone Table.

Acerca de El hombre eterno, de G.K. Chesterton

A estas alturas, uno no sabe qué decir de Chesterton. Acaso que ha sido faro en momentos de oscuridad, como C.S. Lewis y J.R.R. Tolkien. Con todo, vale la pena recordar brevemente su vida. Nació en Londres en 1874 y practicó activamente el ateísmo hasta que entró casualmente en una iglesia católica del Reino Unido, en 1922. Entonces se convirtió, en parte por motivos que en este blog no vienen al caso. Murió en 1936.

El presente volumen, todo un éxito de la editorial Cristiandad (quinta edición en tres años), contiene una novedad: un prólogo de Juan Manuel de Prada, converso como Chesterton. Cabe decir que el nombre de la editorial, al margen de la fe de cada uno, es un tanto pomposo.

El hombre eterno fue la respuesta filosófica de Chesterton a una obra del prolífico H.G. Wells, Esbozo de la historia, pues Wells no se limitó a escribir magníficas novelas sino que se metió en otros berenjenales de tipo extraliterario. Así, a pesar de que a ambas obras se les nota el paso del tiempo, a mi juicio dicho fenómeno lo sufre más claramente la de Wells. De todos modos, mi recomendación es de perfil bajo: no pongo el libro en la sección de “Recomendaciones literarias” por los pelos.