El viaje de Shakespeare, de Léon Daudet

Léon Daudet (1867-1942) fue un personaje de mucho cuidado. Combinó su carácter exacerbadamente nacionalista y sus posiciones petainistas con una magnífica vocación literaria, algo que no me extraña porque en la vida hay de todo y más (Cortázar lloró, y no de alegría, cuando se pelaron al Che Guevara, sin ir más lejos). Escribió varias novelas, pero hasta la fecha no se había publicado ninguna en lengua española. La editorial Barril & Barral se ha avanzado, y menos mal.

El viaje de Shakespeare es una magnífica invención aprovechando los vacíos que tenemos en la biografía del dramaturgo inglés. Daudet coloca a Shakespeare a bordo de un barco con destino al continente, y a partir de ahí la imaginación echa a volar. Visitará, entre otros lugares, el Sacro Imperio Romano Germánico, donde se defenderá en alemán a pesar de que parece seguro que no tenía ni idea. Una de tantas licencias creativas de Daudet, quien llega a introducir personajes que no fueron sus contemporáneos. Mas tanto da porque la novela es maravillosa, y la traducción de Xavier Roca-Ferrer, ejemplar.

La aglutinación, del sumerio al inglés

Una lengua aglutinante (‘agglutinative’, en inglés) es aquélla que expresa las relaciones gramaticales acumulando afijos. A pesar de que los afijos puedan ser tanto prefijos (antes de la palabra) como infijos (dentro) o sufijos (después), generalmente serán sufijos. Un ejemplo de lengua aglutinante viva es el vasco, y un ejemplo clásico de muerta es el sumerio.

Para verlo claramente, acudamos a un ejemplo. Si el español fuera aglutinante, en lugar de decir “Voy a Atenas” diríamos “Voy Atenas-a”. Es decir, típicamente las preposiciones son postposiciones, dado que se colocan detrás.

El griego antiguo no era aglutinante, mas tenía ciertos rasgos. Por ejemplo, “Voy a Atenas” se podía decir con preposición y artículo, “Εις Αθήνας έρχομαι” (“A Atenas voy”), o bien con sufijo aglutinante, “Αθήναζε έρχομαι” (simplifico la acentuación).

En uno de sus textos (creo que era una carta personal), C.S. Lewis decía que no era el caso ponerse quisquilloso con el uso inglés de las preposiciones como postposiciones en el habla del siglo XX, porque tal uso ya estaba documentado en Shakespeare y contaba con pedigrí. Un ejemplo de sintaxis aglutinante en inglés sería “What for?” (“¿Para qué?”), donde la preposición actúa de postposición. No es casual que el uso de las preposiciones en inglés dificulte tanto a los hablantes de lenguas no aglutinantes como las neolatinas.

Para terminar, un ejemplo fetén de sintaxis aglutinante. Lo saco de mi Gramática de la lengua sumeria, de Rafael Jiménez Zamudio (Ediciones Clásicas). Veremos una estructura A-B-C-C1-B1-A1, donde el último substantivo (C) va seguido de sus complementos (C1), de modo que los otros substantivos quedan proporcionalmente alejados de sus complementos (simplifico la escritura y la pronunciación):

Frase original: “Ses                  ir         lugal     gu-ak    ak       ene-ra”

Literalmente: “Hermanos    esclavo     rey       mi-de    del     los-para”

Es decir: “Para los hermanos del esclavo de mi rey”

Cualquiera coge una máquina del tiempo y se va a ligar con sumerias si hay que hablar así.

Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, I

Antonio Priante me ha pasado un texto que escribió después de que la editorial Cahoba le publicase su obra maestra El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer. Se divide en cuatro partes donde se presentan consideraciones de diversa índole. Os las voy a suministrar en cuatro dosis. Aquí la primera:

1. ARTE Y REALIDAD

Se ha dicho que el personaje de la novela es más un arquetipo que el reflejo fiel del que pudo ser el Schopenhauer real. Estoy absolutamente de acuerdo: el personaje de la novela es un arquetipo y no es ni puede ser un fiel reflejo de algo real. Por la sencilla razón de que es un producto artístico, y un producto artístico no es nunca un reflejo fiel de nada. Para reflejos fieles, los espejos (aunque tienen la buena idea de invertir las imágenes), las fotografías mecánicas y las películas, dramas y series televisivas realistas, es decir, de esas “que encuentran la vida cruda y la dejan sin hacer” (O. Wilde). Sí, toda creación verdaderamente artística es autónoma respecto a la realidad. La realidad puede ser tomada como referencia lejana, como materia prima para desbastar y utilizar, pero el objeto y fundamento del arte es siempre el arte, es decir, la plasmación de la Idea que la naturaleza apunta pero que es incapaz de realizar. Para aclarar más este concepto mío (y de Schopenhauer y de Goethe, ¡en algo estaban de acuerdo!) recomiendo la lectura de la página 121 del libro.

Lo que ocurre es que, cuando se trata de personajes de pura ficción (o legendarios, que casi es lo mismo), el hecho de que sean arquetipos (piénsese en Don Quijote, Werther, Don Juan, Fausto, Raskólnikov, etc.), no plantea ningún problema. En cambio, cuando el personaje arranca de cierto individuo que vivió realmente (el Julio César de Shakespeare, el Adriano de Yourcenar, el Schopenhauer de éste que escribe) se plantea naturalmente el problema de si debe o no ser, en la novela, un fiel reflejo de lo que fue en la vida.

Sobre “si debe”, las respuestas pueden ser varias; sobre “si es”, para mí, sólo hay una respuesta verdadera: no, no es ni puede ser un fiel reflejo, no puede haber una correspondencia exacta entre el personaje de la novela y el ser vivo que existió en otro tiempo. El novelista debe descubrir la Idea del personaje, no sus funciones neurovegetativas o su agenda diaria.

Pero en todo esto hay una paradoja. Y es que el escritor ha de crear la obra como si eso (lo que acabo de negar) fuese posible. Ha de imbuirse de la personalidad del novelado, llegando en cierto modo a ser él mismo. Esto es lo que yo hago, lo que yo hice en esta novela, sabiendo sin embargo que el producto no sería una fotocopia de Schopenhauer, sino una obra de arte…

Y para seguir con el tono antimodesto de este comentario, voy a citarme. Lo que sigue es un párrafo de una conferencia que pronuncié sobre la novela histórica (centrada en la antigüedad clásica):

“Pero ocurre que una novela no es ni puede ser una reconstrucción histórica, no puede pretender un resultado de máxima fidelidad al carácter del personaje histórico y a la realidad de los acontecimientos. Si muy poco podemos saber de la vida verdadera del vecino de enfrente, ¿cómo nos atreveríamos a decir que, sobre la base de los cuatro papeles que nos dejó escritos, hemos reproducido con exactitud las vivencias y sentimientos de una persona muerta hace dos mil años? Es ésta una tarea imposible. Yourcernar confiesa haberlo intentado. Pero nadie sabrá nunca si lo ha conseguido. Quiero decir que sabemos que su Memorias de Adriano es una obra maestra, pero nunca sabremos si el Adriano que gobernó Roma se reconocería en ella.”

Recomendaciones literarias para el 23 de abril, Día Mundial del Libro

Más conocido en Cataluña por Sant Jordi, o sea, San Jorge. Las ventas de libros en Cataluña se dispararán pasado mañana. Comprarán incluso quienes no leen, que ya es decir, impelidos por los descuentos que ofrecen las librerías y por la cosa esa de “no quedar mal”. Algo similar sucederá en otras partes, principalmente Madrid (creo), pero a otra escala.

Dado que ir de compras literarias a ciegas va a ser un suicidio este próximo miércoles, voy a hacer unas cuantas recomendaciones para aquéllos que anden tan perdidos que se vean obligados a tener en cuenta los puntos de vista de un analfabeto funcional como yo. Pongo epígrafes a vuela pluma, recapitulando algunos de los libros que he tratado desde diciembre, cuando redacté las recomendaciones literarias de Navidad y Reyes.

Cartas de viajes: La vida en México, de Frances Erskine Inglis (Rey Lear)

Clásico contemporáneo serbocroata: El Kapo, de Alexandar Tišma (Acantilado)

Cuentos: Los amantes de Toledo y otras historias insólitas, de Villiers de l’Isle-Adam (El Cobre)

De la editorial que nos patrocina en 2008: La luz que se apaga, de Rudyard Kipling (El Cobre)

De un grande fenecido el año pasado: El castillo en el bosque, de Norman Mailer (Anagrama)

De una exiliada croata: El Ministerio del Dolor, de Dubravka Ugrešić (Anagrama)

Diario: Diario de 1945, de Joseph Goebbels (La Esfera de los Libros)

Dos novelas breves en un volumen: Help a él, de Rodolfo Enrique Fogwill (Periférica)

Drama biográfico: La ciencia del adiós, de Elisabetta Rasy (Alianza)

Edición conmemorativa de un clásico: El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad (Galaxia Gutenberg)

Ensayo: Herejes, de G.K. Chesterton (El Cobre)

La primera novela del Proyecto Seléucida: El desorden, de Juan Carlos Girauta (Belacqua)

Literatura de viajes: Londres, de Henry James (Alhena)

Memorias del cerco a Sarajevo: Postales desde la tumba, de Emir Suljagić (Galaxia Gutenberg)

Micronovela: El socio, de Joseph Conrad (Artemisa)

Narración de primera mano de la Guerra de Cuba: Heridas bajo la lluvia, de Stephen Crane (Rey Lear)

Novela llevada al cine recientemente: Los crímenes de Oxford, de Guillermo Martínez (Booket)

Obra maestra rusa: La pulga de acero, de Nikolái Leskov (Impedimenta)

Shakespeare en versión cuento: El Rey Lear, de Charles Lamb (Rey Lear)