Recomendaciones literarias para Navidad 2009 y Reyes 2010

O Papá Noel, o Mamá Noel ligera de ropa, o lo que uno quiera. La cuestión es que se regalen libros. Compendio las reseñas positivas de los últimos meses:

Clasicazo flipante: El festín de Babette, de Isak Dinesen (Nórdica)

Clásico ruso: Un héroe de nuestro tiempo, de Mijaíl Lérmontov (Nórdica)

En lengua catalana: Narrativa catalana de l’exili, de varios autores (Galaxia Gutenberg)

Humor: Piccadilly Jim, de P.G. Wodehouse (Anagrama)

Inédita hasta la fecha: El solterón, de Adalbert Stifter (Impedimenta)

La base de la serie televisiva: Flashforward, de Robert J. Sawyer (La Factoría de Ideas)

Literatura acerca de autómatas: El rival de Prometeo, de varios autores (Impedimenta)

Los almogávares bajo un punto de vista griego: Roger de Flor, de Kostas Kyriazís (Plataforma)

Maravilla japonesa: El cortador de cañas, de Junichiro Tanizaki (Siruela)

Memorias en Hungría durante la 2ª Guerra Mundial: Tengo quince años y no quiero morir, de Christine Arnothy (Barril & Barral)

Novela con protagonista ilustre: El viaje de Shakespeare, de Léon Daudet (Barril & Barral)

Obra primeriza: Basil Howe, de G.K. Chesterton (El Olivo Azul)

Otra inédita hasta la fecha: El sendero en el bosque, de Adalbert Stifter (Impedimenta)

Oscuridad refinada: Los anillos de Saturno, de W.G. Sebald (Anagrama)

Promesa de la novela: Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera (Periférica)

Reedición: El soldado de porcelana, de Horacio Vázquez-Rial (Verticales)

Relatos: Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders (Anagrama)

Corrimiento de la sci-fi clásica hacia el technothriller

Aviso: como no soy un especialista en ciencia ficción, invito específicamente a los adictos al género a que me corrijan si lo consideran oportuno.

A medida que uno va adquiriendo consciencia de clase, perdón, literaria, se fija en determinados fenómenos que le pasaban desapercibidos. Últimamente me he dado cuenta de que la ciencia ficción quizá lleve décadas deslizándose peligrosamente hacia el technothriller.

Si establecemos una frontera más o menos difusa en la Segunda Guerra Mundial, los escritores nacidos antes de ese período (H.G. Wells, Alfred Bester, Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Robert A. Heinlein, etc.) han escrito los grandes clásicos del género. En este grupo estarían también autores aún vivos como Joe Haldeman (nacido en 1943) o Jack McDevitt (1953), pero quizá no muchos más. Las generaciones posteriores, según parece, tienden a mezclar la ciencia ficción pura y dura con el thriller, obteniendo como resultado un texto más comercial, algo que no tiene nada de malo a primera vista; sin embargo, mal conducida literariamente, dicha mezcla lleva a un producto de calidad más baja.

Que yo sepa, los autores más conocidos de technothriller son, precisamente, bombas comerciales como Michael Crichton, recientemente fallecido, y Dan Brown (este último sólo en dos novelas: Deception Point y Digital Fortress). En esta línea, aunque con infinitamente más gracia y calidad que Brown, está Robert J. Sawyer, de quien llevo días hablando a propósito de la novela Flashforward, cuya serie emite Cuatro. Todas las novelas de este género technothrilleresco que he leído comparten los mismos defectos estructurales: primero, los capítulos, e incluso los parágrafos, parecen escritos como si ya fueran el guión de la futura serie o película; segundo, los diálogos son impostados; tercero, se percibe que el proceso de creación literaria está marcado por la voluntad inequívoca de popularizar (léase ‘vulgarizar’) la ciencia ficción para convertirla en literatura de aeropuerto. Es decir, se pretende (y se consigue de sobras) que el lector que nunca compraría clásicos inmortales como Solaris (Stanislaw Lem) o El planeta de los simios (Pierre Boulle) compre Esfera (Crichton) o Fortaleza digital (Brown).

En suma, viene a ser lo mismo que leer Crepúsculo emocionado (o más bien emocionada) hasta las cachas, mas ignorando la existencia de Drácula y Soy leyenda.

Recuerdos del futuro, de Robert J. Sawyer

Ciertos bloggers que me sé estarán de acuerdo en que, con este careto digno de La revancha de los novatos, Robert J. Sawyer (Ottawa, 1960) recibió tal cantidad de collejas a la hora del patio que terminó refugiándose en la ciencia ficción para evadirse de la realidad escolar.

Pero dejemos las burradas impropias de blogs serios y respetados como éste y vayamos al grano. Sawyer publicó Flashforward en 1999 y ganó el Premio Aurora a la Mejor Obra Larga en Inglés (cosas de los premios canadienses). La historia tiene su miga: en el año 2009, un experimento en el colisionador de hadrones de la frontera franco-suiza sale mal y toda la humanidad sufre un salto mental en el tiempo durante casi dos minutos. El resultado es que cada uno ve qué será de su vida 21 años después, en el 2030. Algunos no ven nada porque estarán muertos (hala, a tocar madera).

Esta articulación de la trama alrededor del acelerador del CERN (o de uno similar) ya la había visto en otra novela publicada por La Factoría de Ideas, a saber, Odisea, de Jack McDevitt. Tiene su gracia si se hace bien, y Sawyer pasa el examen. La novela gana poco a poco, y no exagero si afirmo que en ciertos parágrafos se roza la sensación de extrañamiento constante y magistralmente presente en Solaris o The Forever War, por más que tal hazaña momentánea (y no por eso poco meritoria) no tape los defectos estructurales que mencionaré mañana.

La traducción al español se debería revisar. Y de la serie televisiva no puedo decir nada porque no la veo. Todo llegará.

La Factoría de Ideas reimprime Flashforward, de Robert J. Sawyer

Eso me dijeron hace unas semanas, viendo el éxito de la serie norteamericana en Cuatro. No sé si han tenido que renegociar un contrato probablemente extinto, pero eso no excusa que se deba estar más al loro. Supongo que le mantendrán el título español de Recuerdos del futuro y que no revisarán la traducción, que es mejorable. De todos modos, la novela vale la pena. Mañana, más.