Recomendaciones literarias para Sant Jordi 2010

Este próximo viernes, 23 de abril, se celebrará el Día Mundial del Libro. Como propuesta, compendio los libros que he reseñado positivamente desde diciembre pasado:

Vacío perfecto, de Stanisław Lem (Impedimenta), una rareza magistral.

Kaputt, de Curzio Malaparte. La nueva traducción basada en la edición casi definitiva. Publica Galaxia Gutenberg.

Lejos de Toledo, de Angel Wagenstein (Libros del Asteroide). La tercera parte de una trilogía que puede leerse de cualquier manera porque los protagonistas no son comunes.

Destinos intermedios, la segunda novela negra de Octavio Escobar publicada por Periférica.

Todo fluye, de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg).

El ladrón del rayo, de Rick Riordan (Salamandra). Juvenil entretenida.

Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama).

Caballería roja, de Isaak Bábel (Galaxia Gutenberg). Relatos inspirados en la Guerra Polaco-Soviética de 1920-21.

Omega, de Jack McDevitt (La Factoría de Ideas). Pura ciencia ficción espacial.

Prometo ser bueno: cartas completas, de Arthur Rimbaud (Barril & Barral). La primera vez que se publican todas sus cartas en lengua española.

La carretera, de Cormac McCarthy (Mondadori).

Los días contados, de Miklós Bánffy (Libros del Asteroide), la primera parte de la “Trilogía transilvana” del autor húngaro. La segunda, Las almas juzgadas, ya está a la venta.

Prometo ser bueno: Cartas completas, de Arthur Rimbaud

Por primera vez se publican en castellano todas las cartas de Jean Nicolas Arthur Rimbaud (Charlevile, 1854-Marsella, 1891), uno de los poetas más importantes de la Historia de la Vía Láctea. Después de leerlas (no hay tanto material como parece, ya que cabe en 400 páginas con tamaño de letra cómodo), uno llega a la conclusión de que el amante del también poeta Paul Verlaine no era un escritor metido a traficante de armas sino un aventurero que, circunstancialmente, estaba tocado por las Musas.

El orden cronológico de las epístolas da la medida de la descomposición paulatina del personaje hasta la muerte por sífilis, previa amputación de una pierna a su regreso de África. En la página 18 leemos en una carta dirigida a Léon Billouart desde Bélgica, fechada el 8 de octubre de 1870:

“Cené mientras inhalaba el olor que exhalaban los tragaluces: los olores de las carnes y el aroma del ave asada de las buenas cocinas burguesas de Charleroi… luego fui a mordisquear al claro de luna una tableta de chocolate Fumacien…”

Una imagen muy evocadora. Mas si saltamos diecinueve años y nos vamos al 18 de mayo de 1889, tenemos la siguiente carta a su familia desde Etiopía:

“Mi querida mamá, mi querida hermana:
[…]
Sigo muy ocupado en este país satánico. Todo lo que gano no es proporcional a los problemas que me causa: llevamos una existencia triste en medio de estos negros.
[…]
Todo el que viene aquí no corre el riesgo de hacerse millonario, con la única excepción de serlo en número de pulgas, si uno frecuenta demasiado a los indígenas.”

Al final, en el “Dossier de Bruselas”, tenemos las declaraciones que en 1873 hicieran Rimbaud, Verlaine y la madre de éste al comisario de policía a propósito del célebre tiroteo: a Verlaine se le fue la olla cosa fina y le metió un balazo a su joven amante. Eso es poesía y lo demás son tonterías.

La traducción es de Paula Cifuentes para Barril & Barral. Por cierto, veo que El País colgó un pdf con las primeras páginas del volumen. Ahí tenéis el vínculo.