Recomendaciones literarias para Navidad 2009 y Reyes 2010

O Papá Noel, o Mamá Noel ligera de ropa, o lo que uno quiera. La cuestión es que se regalen libros. Compendio las reseñas positivas de los últimos meses:

Clasicazo flipante: El festín de Babette, de Isak Dinesen (Nórdica)

Clásico ruso: Un héroe de nuestro tiempo, de Mijaíl Lérmontov (Nórdica)

En lengua catalana: Narrativa catalana de l’exili, de varios autores (Galaxia Gutenberg)

Humor: Piccadilly Jim, de P.G. Wodehouse (Anagrama)

Inédita hasta la fecha: El solterón, de Adalbert Stifter (Impedimenta)

La base de la serie televisiva: Flashforward, de Robert J. Sawyer (La Factoría de Ideas)

Literatura acerca de autómatas: El rival de Prometeo, de varios autores (Impedimenta)

Los almogávares bajo un punto de vista griego: Roger de Flor, de Kostas Kyriazís (Plataforma)

Maravilla japonesa: El cortador de cañas, de Junichiro Tanizaki (Siruela)

Memorias en Hungría durante la 2ª Guerra Mundial: Tengo quince años y no quiero morir, de Christine Arnothy (Barril & Barral)

Novela con protagonista ilustre: El viaje de Shakespeare, de Léon Daudet (Barril & Barral)

Obra primeriza: Basil Howe, de G.K. Chesterton (El Olivo Azul)

Otra inédita hasta la fecha: El sendero en el bosque, de Adalbert Stifter (Impedimenta)

Oscuridad refinada: Los anillos de Saturno, de W.G. Sebald (Anagrama)

Promesa de la novela: Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera (Periférica)

Reedición: El soldado de porcelana, de Horacio Vázquez-Rial (Verticales)

Relatos: Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders (Anagrama)

Narrativa catalana de l’exili, de varios autores

Recopilación de primera fila en lengua catalana. Los responsables son Julià Guillamón, Maria Campillo y Carlos Guzmán Moncada (no tengo el placer), y la editorial Galaxia Gutenberg.

Se recogen textos de narradores catalanes que se exiliaron en 1939. Siempre he tenido un aprecio especial por Pere Calders, un auténtico genio de la literatura fantástica y sobrenatural, pero aquí hay más: Agustí Bartra, Mercè Rodoreda, Vicenç Riera Llorca, Avel·lí Artís-Gener, Lluís Ferran de Pol, Ramon Vinyes, Xavier Benguerel, Cèsar-August Jordana y Francesc Trabal. La excusa para el volumen, por decirlo de alguna manera, es la apertura al mundo que experimentó la literatura catalana cuando algunos de sus principales autores abandonaron España tras la victoria de Franco. Nuevos temas entraron en tropel junto con nuevos horizontes y paisajes. No en vano la nueva narrativa se ubicó en América, mas fiel a la lengua de origen. Una mezcla explosiva. Así, como los prologistas mismos reconocen, el exilio dio a la literatura catalana un empuje inesperado del que carecía en los lustros anteriores. No hay mal que por bien no venga.

Tres cuentos de Pere Calders

Después de reseñar Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders (Anagrama), me centraré en tres relatos que me han provocado un viaje mental asociativo.

El primero es “Cosas de la providencia”. Un tipo se presenta en su propia casa para descubrir, atónito, que allí vive una familia desde hace años. Que se ha producido algo así como un salto a otra existencia paralela queda manifiesto cuando el padre de familia le confiesa que lo mismo le sucedió a él, y que así conoció a su mujer. Huelga decir que el protagonista se casa con la hija de los supuestos okupas, tal como hizo el padre de la joven a la sazón. Dicho relato me recuerda al episodio “Person or Persons Unknown” de The Twilight Zone, donde un tío se despierta resacoso en su casa. Ni su mujer, ni sus amigos, ni sus compañeros de trabajo lo reconocen. Su vida no existe. La gracia está en que se desvanece, incapaz de asimilar esa nueva realidad, y al despertarse está casado con otra señora infinitamente más atractiva que su mujer en la otra existencia. Así cualquiera.

El segundo es “Cero a Malthus”. En un futuro distópico, los gobiernos eliminan a los ancianos porque los japoneses tuvieron la mala pata de inventar el suero de la inmortalidad. Y claro, sobra personal. Hay un relato de Richard Matheson que trata más o menos de lo mismo (está en un volumen de La Factoría de Ideas). La vuelta de tuerca de Calders radica en que se hace una referencia al posible uso de los cadáveres como alimento, y uno no puede dejar de pensar en la película Soylent Green, muy libremente basada en una novela de Harry Harrison.

El tercero es “La rebelión de los objetos”. Los objetos se rebelan contra sus creadores: los interruptores dejan de funcionar, las puertas se niegan a dejar pasar, etc. Me han venido tres historias a la mente: 1. Ubik, de Philip K. Dick, donde una puerta electrónica muy borde no deja pasar ni al inquilino del piso a menos que apoquine; 2. “A Thing about Machines”, un capítulo de The Twilight Zone donde las máquinas se sublevan contra el propietario de la casa; 3. Westworld, con Yul Brynner, modelo de comportamiento para todos los calvos, titulada aquí Almas de metal. Los robots de un parque de atracciones cobran conciencia de sí mismos y se enfadan un pelín.

Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders

Pere Calders es uno de los escritores más importantes en lengua catalana, no ya del siglo XX sino de toda la historia. Su faceta más conocida es la de cuentista (en el mejor sentido de la expresión), formato en que llegó a cotas verdaderamente apabullantes, sobre todo en el ámbito de lo fantástico y sobrenatural. Nació en Barcelona en 1912 y murió en la misma ciudad en 1994, tras un período de 23 años exiliado en México después de la Guerra Civil Española.

No sé cuántas de sus obras están traducidas al castellano. De hecho, esta compilación de relatos es su primer volumen traducido que leo. No obstante, veo en la Casa del Libro que el Fondo de Cultura Económica publicó en México la traducción Aquí descansa Nevares y Gente del altiplano en un solo libro.

Ruleta rusa y otros cuentos recoge veintiocho relatos extraídos de los volúmenes donde se publicaron originalmente, como el celebérrimo Cròniques de la veritat oculta, y contiene dos joyas de primera fila: “El desierto” (un tipo atrapa su propia alma con la mano cuando parecía que iba a morir) y “La llave de hierro” (¿qué encierra un armario cuyo interior nadie ha visto?). Un antiguo acierto de Anagrama, a pesar de que la traducción del traspasado Joaquim Jordà (quien firmó como Joaquín Jordá) tenga aspectos mejorables, y una buena ocasión para que los castellanohablantes que no conozcan al autor se introduzcan en su mundo.