Más de The Art of Fiction

Continúo con el magistral volumen de David Lodge. A propósito de lo que llama intrusive author, es decir, del narrador omnisciente que, por si fuera poco, nos recuerda explícitamente que lo es (por ejemplo, “yo te digo, querido lector, blablabla”), escribe:

“We read fiction, after all, not just for the story, but to enlarge our knowledge and understanding of the world, and the authorial narrative method is particularly suited to incorporating this kind of encyclopedic knowledge and proverbial wisdom.

Around the turn of the century, however, the intrusive authorial voice fell into disfavour, partly because it detracts from realistic illusion and reduces the emotional intensity of the experience being represented, by calling attention to the act of narrating. It also claims a kind of authority, a God-like omniscience, which our sceptical and relativistic age is reluctant to grant to anyone.”

Exactamente. El período de decadencia del autor intrusivo coincide con la llegada del modernismo y el esteticismo, corrientes renovadoras que lo pusieron todo patas arriba.

Recomendaciones literarias para el Sant Jordi 2009

El próximo 23 de abril tendremos otra vez el Día Mundial del Libro. Se supone que hacen descuentos y bla bla bla. Recopilo las recomendaciones hechas en los últimos meses:

Autobiografía: Un pedigrí, de Patrick Modiano (Anagrama)

Bicentenario del nacimiento de Edgar Allan Poe: Todos los cuentos 1 (Galaxia Gutenberg)

Ciencia ficción espacial: Odisea, de Jack McDevitt (La Factoría de Ideas)

Clásico contemporáneo: En el camino, de Jack Kerouac (Anagrama)

Clásico ilustrado: El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde (Galaxia Gutenberg)

Ensayo biográfico: Mal de escuela, de Daniel Pennac (Mondadori)

Infierno de hielo: Relatos de Kolimá I, de Varlam Shalámov (Minúscula)

La primera novela de Rudyard Kipling: La luz fallida (El Olivo Azul)

Literatura del holocausto: Sin flores ni coronas, de Odette Elina (Periférica)

Los cuentos de toda la vida: Cuentos de hadas, de Charles Perrault (Rey Lear)

Micronovela: Vida del risueño maestrillo Maria Wuz de Auenthal, de Jean Paul (Velecío)

Negra: La pérdida de la razón, de Horacio Vázquez-Rial (Ediciones B)

Nueva traducción de un clásico descatalogado: Un lugar en la cumbre, de John Braine (Impedimenta)

Obra maestra olvidada: Las nuevas mil y una noches, de Robert Louis Stevenson (Alba)

Primera traducción en español: Lo infraordinario, de Georges Perec (Impedimenta)

Relato de George Sand: Cora (Velecío)

Teoría dramática: Bambi contra Godzilla, de David Mamet (Alba)

Traducción mía al catalán: La Konstantina i les teranyines, de Alki Zei (Cruïlla)

Propuestas de lectura

Basándome en las experiencias de mis amigos profesores, y redondeando lo dicho ayer acerca de las malas elecciones como lectura obligatoria en ESO y Bachillerato (aunque me centre en el currículo español, es extrapolable a otros países), menciono algunos libros que son óptimos para menores de edad. Unos son los de toda la vida, otros no, pero todos tienen en común que son literatura pata negra, muy alejada de la bazofia al uso. Por orden:

ESO +12 años

Constandina y las telarañas, de Alki Zei, Lóguez (traducción catalana mía: La Konstantina i les teranyines, Cruïlla; me disculparéis que barra para dentro)

La pulga de acero, de Nikolái Leskov (Impedimenta)

ESO +14 años

Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (Rey Lear, otra traducción mía)

La mujer que esperaba, de Andreï Makine (Tusquets)

El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger (no sé por qué traducen ‘in’ por ‘entre’)

El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde

Un mundo feliz, de Aldous Huxley

Bachillerato

El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, de Antonio Priante (Cahoba)

El ministerio del dolor, de Dubravka Ugrešić (Anagrama)

1984, de George Orwell

Soy leyenda, de Richard Matheson

Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski

El camino del norte, de Horacio Vázquez-Rial (La otra orilla)

Relatos de Kolimá I, de Varlam Shalámov (Minúscula)

Fahrenheit 451, de Ray Bradbury

Y al margen de esa división por edades, aludo a una novela ideal para los alumnos interesados en las matemáticas: El tío Petros y la conjetura de Goldbach, de Apóstolos Doxiadis. Hay, o había si no se ha agotado ya, traducción catalana.

Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, I

Antonio Priante me ha pasado un texto que escribió después de que la editorial Cahoba le publicase su obra maestra El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer. Se divide en cuatro partes donde se presentan consideraciones de diversa índole. Os las voy a suministrar en cuatro dosis. Aquí la primera:

1. ARTE Y REALIDAD

Se ha dicho que el personaje de la novela es más un arquetipo que el reflejo fiel del que pudo ser el Schopenhauer real. Estoy absolutamente de acuerdo: el personaje de la novela es un arquetipo y no es ni puede ser un fiel reflejo de algo real. Por la sencilla razón de que es un producto artístico, y un producto artístico no es nunca un reflejo fiel de nada. Para reflejos fieles, los espejos (aunque tienen la buena idea de invertir las imágenes), las fotografías mecánicas y las películas, dramas y series televisivas realistas, es decir, de esas “que encuentran la vida cruda y la dejan sin hacer” (O. Wilde). Sí, toda creación verdaderamente artística es autónoma respecto a la realidad. La realidad puede ser tomada como referencia lejana, como materia prima para desbastar y utilizar, pero el objeto y fundamento del arte es siempre el arte, es decir, la plasmación de la Idea que la naturaleza apunta pero que es incapaz de realizar. Para aclarar más este concepto mío (y de Schopenhauer y de Goethe, ¡en algo estaban de acuerdo!) recomiendo la lectura de la página 121 del libro.

Lo que ocurre es que, cuando se trata de personajes de pura ficción (o legendarios, que casi es lo mismo), el hecho de que sean arquetipos (piénsese en Don Quijote, Werther, Don Juan, Fausto, Raskólnikov, etc.), no plantea ningún problema. En cambio, cuando el personaje arranca de cierto individuo que vivió realmente (el Julio César de Shakespeare, el Adriano de Yourcenar, el Schopenhauer de éste que escribe) se plantea naturalmente el problema de si debe o no ser, en la novela, un fiel reflejo de lo que fue en la vida.

Sobre “si debe”, las respuestas pueden ser varias; sobre “si es”, para mí, sólo hay una respuesta verdadera: no, no es ni puede ser un fiel reflejo, no puede haber una correspondencia exacta entre el personaje de la novela y el ser vivo que existió en otro tiempo. El novelista debe descubrir la Idea del personaje, no sus funciones neurovegetativas o su agenda diaria.

Pero en todo esto hay una paradoja. Y es que el escritor ha de crear la obra como si eso (lo que acabo de negar) fuese posible. Ha de imbuirse de la personalidad del novelado, llegando en cierto modo a ser él mismo. Esto es lo que yo hago, lo que yo hice en esta novela, sabiendo sin embargo que el producto no sería una fotocopia de Schopenhauer, sino una obra de arte…

Y para seguir con el tono antimodesto de este comentario, voy a citarme. Lo que sigue es un párrafo de una conferencia que pronuncié sobre la novela histórica (centrada en la antigüedad clásica):

“Pero ocurre que una novela no es ni puede ser una reconstrucción histórica, no puede pretender un resultado de máxima fidelidad al carácter del personaje histórico y a la realidad de los acontecimientos. Si muy poco podemos saber de la vida verdadera del vecino de enfrente, ¿cómo nos atreveríamos a decir que, sobre la base de los cuatro papeles que nos dejó escritos, hemos reproducido con exactitud las vivencias y sentimientos de una persona muerta hace dos mil años? Es ésta una tarea imposible. Yourcernar confiesa haberlo intentado. Pero nadie sabrá nunca si lo ha conseguido. Quiero decir que sabemos que su Memorias de Adriano es una obra maestra, pero nunca sabremos si el Adriano que gobernó Roma se reconocería en ella.”

Recomendaciones literarias para el verano 2007

¿Hartos de bazofia literaria? ¿Que no sabéis qué leer mientras os agostáis en la playa o los mosquitos os devoran en la montaña? Aquí tenéis un resumen de lo que he recomendado hasta ahora. Pongo epígrafes improvisados para orientar mínimamente:

Biografía sexual: Proust enamorado, de William C. Carter (Belacqua)

Ciencia ficción con alienígenas hostiles: El juego de Ender, de Orson Scott Card (Punto de Lectura)

Ciencia ficción espacial: Solaris, de Stanislaw Lem

Ciencia ficción terrícola: Flores para Algernon, de Daniel Keyes

Cuentos: Relatos, de Henryk Sienkiewicz (Cátedra)

De uno de nuestros autores: Subnormal, de Sergi Puertas (El Cobre)

Distopía: Negro, de Olivier Pauvert (Mondadori)

Epistolar: De Profundis, de Oscar Wilde (Siruela)

Novela biográfica: El soldado de porcelana, de Horacio Vázquez-Rial (Roca)

Novela china corta: Triste vida, de Chi Li (Belacqua)

Novela corta rara: Navidad y Matanza, de Carlos Labbé (Periférica)

Novela histórica atípica: El corzo herido de muerte, de Antonio Priante (Cahoba)

Policíaca rara: Bajo los vientos de Neptuno, de Fred Vargas (Siruela)

Policíaca clásica: Los minutos negros, de Martín Solares (Mondadori)

Cuidado con las medusas y la literatura de aeropuerto.