“Herbert West, reanimador”, de H.P. Lovecraft

Sexto relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de J.M. Nebreda.

Poco hay que decir del genio de Providence, que publicó este relato en la revista Home’s Brew durante los seis meses que van de febrero a julio de 1922. Y se nota. Hay repeticiones un tanto cansinas que no se habrían producido si la obra se hubiera creado de modo integral y no por partes.

Sin embargo, y una vez más, Lovecraft transmite a la perfección esa sensación de malestar turbador que sus lectores buscan. En este caso no estamos en el ciclo de los Mitos de Cthulhu sino en un entorno independiente del resto de su narrativa. El protagonista es un médico à la Frankenstein, obsesionado con devolver la vida a los cadáveres que va pillando por ahí. Por supuesto, las cosas salen mal y la sangre corre de lo lindo. De otro modo, pediría que me devolvieran el dinero.

La plaga de los zombis, de varios autores

La editorial Valdemar ha publicado recientemente en su colección Gótica un compendio de relatos con los muertos vivientes como eje. Los de verdad, no los políticos españoles. Una vez más en esta editorial, las traducciones son mejorables, pero qué le vamos a hacer si esto es lo que hay.

El título completo es La plaga de los zombis y otras historias de muertos vivientes. La primera parte del título es propiamente uno de los relatos, “La plaga de los zombis”, de John Burke, y no precisamente el mejor. El editor externo que ha seleccionado y coordinado la edición es un tal Jesús Palacios, especialista en la literatura de horror y responsable de unos prólogos muy acertados que podrían ser incluso mejores si se hubieran cuidado ciertos detalles con un esmero mayor.

Confieso que me lo compré porque nunca he leído cuentos de zombis más allá de “Herbert West, reanimador”, de Lovecraft (presente en esta antología), y necesitaba comprobar algo que me cruzó por la cabeza: que el cine de zombis moderno (a partir de Romero y su La noche de los muertos vivientes, de 1968) no tiene sus raíces tanto en la narrativa zombi anterior cuanto en el vampirismo tal como lo describe Matheson en Soy leyenda. Lo que he leído me lo ha confirmado, y es más, el mismo Jesús Palacios lo afirma, si bien no de un modo tan tajante.

Como el volumen tiene chicha para rato, en los próximos días me centraré brevemente en cada uno de los relatos que lo componen. En mi abyección bloguera, reconozco sin pudor que es un modo de ir escribiendo algo que no me ocupe mucho tiempo. Necesito estar libre para preparar mi traslado a Singapur el 22 de septiembre, ya que posiblemente no me deje caer por Barcelona hasta el próximo junio. Y si todo va bien, dicho regreso será sólo para pasar un mes de vacaciones antes de volver allí.

Revisando literariamente In the Mouth of Madness

El otro día volví a ver In the Mouth of Madness, peliculón de John Carpenter que en España se tituló En la boca del miedo y, según la Wikipedia, también Al borde de la locura (este título más bien parece de una película de Antena 3 el domingo por la tarde).

Si olvidamos que la música inicial es un tanto desafortunada, la cinta se erige en una obra maestra del terror y del desasosiego. Una verdadera pieza del mal rollo discretamente oculta bajo un disfraz de cine de horror de estar por casa. Gran parte de la crítica no lo entendió así, por supuesto.

No sólo el título está basado en la novela de H.P. Lovecraft At the Mountains of Madness, sino que encontramos referencias continuas al de Providence y su obra en los detalles más nimios. Es obvio que el escritor superventas que coprotagoniza la película (el actor alemán Jürgen Prochnow) está creado a imagen y semejanza de Lovecraft, y sus novelas, de títulos lovecraftianos, tratan de dioses monstruosos que intentan volver a nuestro mundo para dominarlo, tal como hicieran a la sazón. La vuelta de tuerca está en que el detective coprotagonista de la película, encarnado por el actor Sam Neill, desconoce que no es una persona real sino una creación vital de ese escritor, de modo que los que leen las novelas y luego lo ven a él por la calle tienen la facultad de “ver”, de confirmar que la realidad es una copia de la ficción (quizá por eso sangren por los ojos). Las novelas del escritor inspirado en Lovecraft se convierten en un disangelio que anuncia el cambio de rumbo en la Historia de la Salvación hacia la Historia de la Perdición. Que dicho evangelio invertido se manifieste en forma de bestseller no deja de tener su gracia en los tiempos de bazofia pseudoliteraria que soportamos. Como dice el editor del libro (festival de Charlton Heston) sin saber lo que en realidad está haciendo, quien no lea el libro verá la película. Nadie se escapará de la mala nueva. Cuantos más libros se vendan, más seguidores vean la película y más incautos se conviertan a la nueva fe, antes llegará el Apocalipsis.

Uno de los mayores logros de Carpenter consiste en plasmar la transfiguración de la naturaleza humana cuando el Mal se apodera de ella. Los niños de la ciudad que Carpenter inventa tomando como modelo las Innsmouth o Arkham de Lovecraft, transformados en caníbales, ponen los pelos de punta, igual que el perro que va perdiendo paulatinamente partes del cuerpo (se insinúa que terminan en el estómago de los críos). Pero el espanto verdaderamente magistral es el cuadro en la recepción del hotel. Los dos enamorados que pasean por la margen del lago se tornan, poco a poco, en abominaciones que reptan por el suelo.

Quedan para la historia de los préstamos literarios dos referencias. La primera a un relato de John Ramsey Campbell cuyo título he olvidado: los viejos dioses curvan el espacio, de modo que el joven en bicicleta nunca conseguirá alcanzar su destino, ni Sam Neill escapar de la ciudad (en este caso, momentáneamente). La segunda a Soy leyenda, de Richard Matheson, muy al final, cuando Neill explica al psiquiatra, mientras el caos se apodera de la Tierra, que la nueva raza convertirá a los humanos en la sombra de un pasado inexistente, un mito para distraer a sus niños.

Sic transeunt homines mundi… et novi Dii adveniunt.

Lovecraft y Matheson en Jaume Balagueró

Hay pocas películas de ficción sobrenatural o paranatural que, a la hora de la verdad, te dejen mal cuerpo. Ejemplos clásicos de las dos desviaciones de lo natural antes mencionadas son El resplandor y Freaks, respectivamente. Mas ahora, a mi juicio, dos películas recientes de las cuales ya hablé, [REC] y Cloverfield, las han superado, estableciendo un nuevo estándar a duras penas batible.

Nacido en Lérida y con sólo 40 años encima, Jaume Balagueró no es más conocido porque no se sabe promocionar. Es evidente que, con su currículo, es la perla excelsa (junto con Juan Carlos Fresnadillo, responsable de la intocable Intacto) en medio de la mediocridad cinematográfica española. Pero ¿cuáles son sus raíces creativas?

Su primer largometraje fue Los sin nombre, obra defectuosa por primeriza pero que apuntaba a lo que vendría. La base es un relato de John Ramsey Campbell, un escritor de la cuerda de Lovecraft, pero posterior, y muy ingenioso. Seguro que John Carpenter se basó en uno de sus cuentos (no recuerdo el título) para cierta idea usada en su película In the Mouth of Madness: la imposibilidad de escapar de un pueblo maldito porque ellos (sean quienes sean) curvan el espacio y te hacen volver al punto de partida. Pero regresando a Los sin nombre, trata de la cristalización en el hombre del mal más extremo e inverosímil por inimaginable, y sin condicionamientos teológicos, lo que la hace aún más interesante porque tiene que encajar las piezas sin recurrir a Dei ex machina.

Siguió Darkness, aún defectuosa por tópica en ciertos aspectos, pero ya con la traca final, los últimos diez minutos que te quitan el sueño durante una semana. La aberración del cuadro, los dobles que te suplantarán en la oscuridad, no tienen por qué arrastrarse por el suelo si pueden hacerlo por el techo…

Luego vendría Frágiles, más efectista que efectiva. Paso atrás en su carrera. Un error lo comete cualquiera y tampoco se lo vamos a tener muy en cuenta por el oficio artesanal que le puso.

Finalmente, llegó la guinda. [REC], película que ya da mal rollo desde el primer minuto. Continúa apelando a tópicos más bien lovecraftianos, pero recoge la tradición cinematográfica de zombis (salida de la vampírica Soy leyenda, de Richard Matheson) y la mezcla de un modo que permanecerá para siempre en la retina de cualquier seguidor del cine de horror. Retina especialmente marcada por la mujer, la mujer del final, con aquello aún vivo en la buhardilla de una oscuridad tan tangible como impenetrable. Ni se te ocurra subir al ático. Allí no hay juguetes, al contrario de lo que decían los Aerosmith, sino otra cosa.

Balagueró ya está rodando la segunda parte de [REC]. Supongo que estará a la altura y no quitará el pie del acelerador.

Cine y literatura en Iron Maiden, II

Segunda parte del conjunto dedicado a la relación de los Maiden con el cine y la literatura.

Más allá de las canciones inspiradas por obras literarias o cinematográficas, Iron Maiden ha publicado varios álbumes con motivos gráficos extraídos de esos dos ámbitos. A saber:

Álbum: Live after Death (1985)
Grabación en concierto. En la ilustración de la portada, Eddie resucita (Eddie es algo así como la mascota humanoide del grupo). Una de las lápidas del cementerio es legible y contiene un poema de Lovecraft: “That is not dead / Which can eternal lie / Yet with strange aeons / Even death may die”. La cita es de un relato, y no recuerdo cuál ni el contexto, pero yo traduciría: “No está muerto / Quien yace en la eternidad / Aunque en tiempos extraños / Incluso la muerte morirá”.

Álbum: Somewhere in Time (1986)
En la portada, Eddie va armado y acaba de fulminar a alguien/algo en una calle de una ciudad futura sita en otro planeta. La mano del interfecto se retuerce junto a un cartel publicitario de Iron Maiden. La ilustración está llena de detalles:

1. Los cinco miembros de Iron Maiden están en la esquina del Hotel Bradbury, en homenaje al escritor y a la película Blade Runner (el ingeniero genético J.F. Sebastian vive en el edificio Bradbury);
2. De ese mismo hotel está cayendo Ícaro con las alas en llamas;
3. En un puente que une dos edificios, el marcador de la Liga Inglesa de Fútbol anuncia el resultado West Ham 7-Arsenal 3. Está junto al restaurante de marisco Ancient Mariner. Enfrente se halla la cervecería Rainbow, supongo que un homenaje al grupo que fundó Richie Blackmore tras dejar Deep Purple;
4. Detrás del mencionado puente hay un local (¿acaso un cine?) donde se anuncia algo llamado Live after Death además de Blade Runner, y más allá hay otro puente con el cartel publicitario de la Phantom Opera House.
5. En un rascacielos a la izquierda está el Aces High Bar, y lo sobrevuelan cazas Spitfire.
6. Al fondo, antes de las pirámides referidas a su disco Powerslave, está el edificio de la Tyrell Corporation, la empresa que fabrica los replicantes en Blade Runner.

Además, en las fotografías del interior del librito vemos a los miembros del grupo dentro de spinners, los coches voladores de Blade Runner.

Álbum: Seventh Son of a Seventh Son (1988)
En mi opinión, el diseño del librito está inspirado en At the Mountains of Madness, una novela de Lovecraft.

Álbum: Dance of Death (2003)
En el interior del librito, los miembros del grupo aparecen fotografiados en una mansión similar a la de Eyes Wide Shut. Ellos vestidos, mas las chicas muy ligeras de ropa y enmascaradas.