Cormac McCarthy en su otro camino

Recupero un artículo que escribí a la sazón para Factual. No deja de ser un esbozo de otro artículo, inacabado y más extenso, que escribí al cabo de dos años para el Cormac McCarthy Journal.

Hoy se estrena La carretera, película basada en la última novela del estadounidense Cormac McCarthy. Que un escritor que siempre deambuló por otras latitudes se volcara de pronto en la redacción de una obra de terror postapocalíptica sorprendió a más de uno, por no decir que a todos. Cosas del genio. Y es que dicho libro está llamado a consagrarse como un clásico no ya del género sino de la literatura universal.

Es peligroso en muchos sentidos que, a estas alturas de la película (y nunca mejor dicho), un veterano como McCarthy se descuelgue con una novela de este tipo. No sé qué le pasó por la cabeza a su agente, pero es posible que estuviera temblando. Mas en vano, dado que le cayó el Pulitzer de Ficción en 2007 y merecidamente. Es un prodigio que todavía se pueda exprimir, y con tal maestría, el fin de la humanidad, por más que en la novela no se explique el motivo. Las cenizas omnipresentes remiten a una guerra nuclear nunca mencionada, y la desaparición de todos los animales nos vincula patológicamente a Sueñan los androides con ovejas eléctricas, de Philip K. Dick (la base del clásico Blade Runner), y a una película que marcó la infancia de más de uno, servidor incluido: Naves silenciosas, también conocida como Naves misteriosas (mejor el original, Silent running, de 1972).

La carretera ha sido bien valorada por todos los sectores en términos generales, lo que demuestra su transversalidad. Es una obra tanto para el lector de Tolstói cuanto para el de Joe Haldeman. Es cierto que ha tenido alguna que otra mala crítica. Sin embargo, los argumentos me parecen injustificados. No es exagerado, por ejemplo, que los protagonistas, padre e hijo pequeño, recorran en dirección al océano los restos de los Estados Unidos por lo que fue una carretera estatal, al mismo tiempo que se ocultan de las bandas de caníbales pederastas que desean pasar con ellos un rato muy poco tolerante y democrático. Casi que yo haría lo mismo. Y diré más: si hay alguna manera novelesca de retratar el Apocalipsis hoy día es justamente ésa. La extinción de la vida y el silencio aterrador acerca de los motivos por los cuales todo termina no hacen sino transmitirle a la obra un lejano pero perceptible eco teológico. Como si Dios hubiera apagado la luz, hastiado de nosotros.

Queda para la Historia de la Literatura un parágrafo final de una brillantez pocas veces vista. Como ocurre con Soy leyenda, de Richard Matheson, la referencia a un pasado reciente ya cristalizado en pretérito anterior escinde el texto para darle el último toque, la compleción del sentido total. Acaso diría Walter Benjamin que es una carretera de dirección única.

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23 libros con 30% de descuento

El grupo Popular cierra una de las dos librerías Prologue de Singapur y hace 30% de descuento. El domingo me gasté 165€ al cambio en 23 libros:

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De izquierda a derecha y de arriba abajo: Lady Chatterley’s Lover, Dubliners, The Secret Garden, David Copperfield, Ivanhoe, The Decameron, Bleak House, The Way of All Flesh, Martin Chuzzlewit, The Mystery of Edwin Drood, Dombey and Son, The House of Mirth, Tender is the Night, This Side of Paradise, Laura, The Picture of Dorian Grey, The Adventures of Huckleberry Finn, Our Mutual Friend, Suite Française, Oliver Twist, The Age of Innocence, The Portrait of a Lady y Barnaby Rudge.

Algunos ya los he leído, otros no, y otro tanto mi señora. Pero son clásicos que quiero tener. Otros los he bajado gratis para Kindle, como Heart of Darkness y Moby-Dick..

Qué es una buena novela y por qué

Dijo un amigo, en uno de sus pocos momentos de sobriedad intelectual, que las películas que no pasan de “estar bien” son especialmente dignas porque nos recuerdan que existe esa franja difusa donde se emplaza lo que, sin ser realmente grande, está hecho con oficio y profesionalidad.

Lo mismo sucede con las novelas. Si uno compra al azar, probablemente lea muchas obras correctas, algunas aberraciones y algunas obras maestras. O al menos eso sugieren tanto la estadística cuanto el sentido común. Sin embargo, como en la entrada “Qué es una mala novela y por qué” de la semana pasada tomé a guisa de ejemplo lo peor de lo peor, hoy me centraré no en narrativa solamente digna sino en obras mayores, de un alcance literario paradigmático y sin tomar en consideración que sean clásicos o superventas. Para ello me valdré del reverso de la división cuádruple que formulé:

1. Bien escrita gramaticalmente.

El texto es un ejemplo de riqueza en todos sus aspectos: corrección sintáctica, pulcritud estilística, innovación léxica cuando sea necesaria sin caer en vulgarismos injustificables ni estupideces, etc. Por lo que se refiere a la lengua española, hace décadas que este tipo de excelencia se halla más bien en autores hispanoamericanos. El nivel literario de la mayoría de autores españoles ha permanecido estancado en cierta complacencia creativa, cuando no ha caído directamente en picado. Novelas ejemplares: Saide, de Octavio Escobar; Of Mice and Men, de Steinbeck; The Egoist, de George Meredith.

2. Bien escrita descriptivamente.

Lo que el autor describe se entiende con claridad: no se fuerza el texto de modo ampuloso ni redundante ni kitsch. Las metáforas son precisas. No hay confusión. Novelas ejemplares: El cupón falso, de Tolstói; Robinson Crusoe, de Daniel Defoe; The Three Impostors, de Arthur Machen.

3. Bien escrita narrativamente.

El autor nunca pierde el control de la obra. Nada está fuera de lugar, ni sobra, ni falta. Las estructuras narrativas no se diluyen. Novelas ejemplares: La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig; Solaris, de Stanisław Lem; Tots tres surten per l’Ozama, de Vicenç Riera Llorca; El corzo herido de muerte, de Antonio Priante; Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis.

4. Bien escrita ideológicamente.

Ya expliqué la semana pasada que no estoy usando la palabra “ideología” en sentido político sino en sentido estético. Una narración está bien escrita ideológicamente cuando su actualidad no decae por más años que pasen. El lenguaje que usa está vivo al cabal, no se desintegra ni cristaliza en una impostura caduca. El Quijote es el modelo por antonomasia, pero hay muchos más: Los hermanos Karamázov, de Fiódor Dostoyevski; Heart of Darkness, de Joseph Conrad; Treasure Island, de R.L. Stevenson; Rayuela, de Julio Cortázar.

Está claro que las obras maestras son las que caen en esas cuatro categorías al mismo tiempo. Muchas de las novelas mencionadas cumplen tal condición, mas he preferido obviar repeticiones para dar color y variedad a la entrada. Ahora los análisis.

1. Análisis de buena escritura gramatical.

  • Saide, de Octavio Escobar (Periférica, 2007 aunque original de 1995).

“Tal vez el motor no dejó que me oyera. Quería fumar pero intenté pensar en otra cosa. Sólo recordé la escena tantas veces repetida de un niño que se ahoga mientras su padre observa imperturbable; mi chapaleo inútil y el ascenso de la línea de pequeños azulejos verdes que coincidía con el nivel líquido. Volvieron las burlas y ese doloroso deseo de que, cansado de tanta torpeza, me sacara de la piscina del club militar para comenzar su exhibición de velocidad y estilo, la silenciosa humillación. El castigo lo inventaba en el camino a casa”. (Página 11.) No por casualidad esta novela ganó el Premio Crónica Negra Colombiana. Periférica también publicó Destinos intermedios, que está relacionada con ella sin llegar a ser una segunda parte.

  • The Egoist, de George Meredith (Signet Classics, 1963 aunque original de 1879).

“The world was the principal topic of dissension between these lovers. His opinion of the world affected her like a creature threatened with a deprivation of air. He explained to his darling that lovers of necessity do loathe the world. They live in the world; they accept its benefits and assist it as well as they can. In their hearts they must despise it, shut it out, that their love for one another may pour in a clear channel and with all the force they have”. (Página 49.) Meredith es un autor extremadamente complejo. Esta muestra no es de las más espectaculares de la novela porque me he limitado a abrirla al azar.

2. Análisis de buena escritura descriptiva.

  • El cupón falso, de Tolstói (Nórdica, 2008, traducción del ruso de Víctor Gallego). Está en un solo volumen junto con Jadzhi Murat.

“Fiódor Mijáilovich Smokovnikov, presidente de la Cámara de Comercio, hombre de integridad intachable, de la que se sentía orgulloso, liberal a ultranza y no sólo librepensador, sino contrario a cualquier forma de religiosidad, que consideraba un residuo de supersticiones antiguas, había regresado a casa de su despacho en una pésima dispososición de ánimo. El gobernador le había enviado una carta de lo más estúpida, en la que se daba a entender que Fiódor Mijáilovich no se había comportado como debía. Éste se había puesto como una fiera y se había aprestado a redactar una respuesta cáustica y mordaz”. (Página 197.) No hablo ruso, y de hecho ni falta que hace. La novela está traducida ejemplarmente. El texto español fluye a la perfección.

  • Robinson Crusoe, de Daniel Defoe (Wordsworth Classics, 2000 aunque original de 1719).

“The entrance into this place I made to be not by a door, but by a short ladder to go over the top; which ladder, when I was in, I lifted over after me, and so I was completely fenced in, and fortified, as I thought, from all the world, and consequently slept secure in the night, which otherwise I could not have done; though as it appeared afterwards, there was no need of all this caution from the enemies that I apprehended danger from”. (Páginas 44-45.) La riqueza expresiva de la lengua inglesa usada en este libro lo convierte en más actual que cualquier payasada de Dan Brown escrita hace dos días.

3. Análisis de buena escritura narrativa.

En este apartado no tiene sentido citar textos porque la narratividad se discierne a lo largo de la obra. Sería fútil reproducir parágrafos.

  • El corzo herido de muerte, de Antonio Priante (Cahoba, 2007; Leer-e, 2012, en formato electrónico).

Después de su también magistral El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, el barcelonés Priante se salió con una novela epistolar acerca del suicidio del romántico español Mariano José de Larra. De ahí el título: en una de sus cartas reales a su amigo Ventura de la Vega, Larra se refirió a sí mismo como “un corzo herido de muerte”. La genialidad absoluta de Priante radica en la vuelta de tuerca final de la obra. Leer para creer.

  • Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (Rey Lear, 2008, traducción mía).

Ésta es la mejor novela de Terzakis, digan lo que digan en Grecia, donde la entienden como una obra para adolescentes. Como si, asimismo, The Catcher in the Rye de Salinger fuera sólo eso. El excepcional sentido narrativo del autor, uno de los mayores intelectuales de la Grecia del siglo pasado, formado profundamente en Nietzsche y Dostoyevski, nos regala una novela de hondura filosófica y psicológica inconmensurable.

4. Análisis de buena escritura ideológica.

Me limito a una sola muestra:

” ‘Anything approaching the change that came over his features I have never seen before, and hope never to see again. Oh, I wasn’t touched. I was fascinated. It was as though a veil had been rent. I saw on that ivory face the expression of somber pride, of ruthless power, of craven terror—of an intense and hopeless despair. Did he live his life again in every detail of desire, temptation, and surrender during that supreme moment of complete knowledge? He cried in a whisper at some image, at some vision,—he cried out twice, a cry that was no more than a breath—
“The horror! The horror!” ‘ “. Paradigma de narración sin fecha de caducidad.

Como dije la semana pasada, ésta no es más que una manera de analizar la narrativa. Hay otras y todas son útiles mientras sean razonables.

Qué es una mala novela y por qué

Desde que abrí tanto este blog como su cuenta en Youtube años ha, he venido leyendo comentarios de índole diversa (agresivos, insultantes, comprensivos, etc.) a mis opiniones literarias. Los dos primeros adjetivos entre paréntesis los aplico a comentarios provenientes, exclusivamente, de malos lectores; es decir, de lectores que no atienden a razones y se sienten ofendidos cuando se les dice que cierta narrativa no atesora calidad alguna. Pues el mal lector no es tanto quien no distingue las obras buenas de las malas cuanto quien se muestra incapaz a la hora de entender explicaciones y ejemplos. Dicha incapacidad para el entendimiento viene más bien de la falta de formación en teoría literaria y filología, toda vez que el gusto mero es educable y modificable mediante instrumentos apropiados, máxime a través de una disposición adecuada al estudio y a lo abstracto.

La falsa división del saber entre ciencias y letras ha llevado a que la objetividad caiga del lado de las primeras y la subjetividad del lado de las segundas. Las matemáticas y la física son lo que son, mas en literatura todo es opinable. O eso se oye por ahí. Yo no lo he dicho ni creído nunca. Es más: se puede razonar y argumentar de modo claro y preciso por qué un libro es objetivamente malo y no contribuye en absoluto a la instrucción de nadie.

Vayamos al grano: ¿Qué es mala literatura? Fácil: mala literatura es aquélla que está mal escrita. Ahora bien: ¿Qué significa “mal escrita”? ¿Cómo lo defines? Hay varias maneras de enfocar la cuestión. Una manera muy distinta, a mi juicio, es mediante la siguiente división cuádruple:

1. Mal escrita gramaticalmente. La lectura se dificulta por motivos estrictamente gramaticales: períodos enteros resultan del todo incomprensibles, o no se entienden parcialmente porque hay algo que está diáfanamente mal. Quien entra en esta categoría toca fondo y debería dedicarse a otra cosa por el bien de la humanidad, a menos que se haga millonario. Novelas ejemplares: la, por desgracia, inolvidable La sombra del viento de Zafón y La Profecía del Laurel, de Jesús Ávila Granados. Cabe añadir que la presencia de errores gramaticales indica dejadez por parte del editor e impericia profesional por parte del corrector, suponiendo que se haya pagado a alguien para que desempeñe la labor. Muchas editoriales se saltan tal paso para ahorrarse dinero.

2. Mal escrita descriptivamente. No se entienden las descripciones. Las metáforas son erróneas. Novelas ejemplares: las dos antedichas y Pasión india, de Javier Moro.

3. Mal escrita narrativamente. Toda novela es un monstruo de Frankenstein que deviene paulatinamente autónomo y cuyo control el autor puede perder. Es más habitual de lo que parece y sucede en las mejores familias. Novelas ejemplares: La sombra del viento, La Profecía del Laurel, The Boy in the Striped Pajamas de Boyne (mal traducida como El niño con el pijama de rayas, ya que los pijamas son a rayas; otra muestra de dejadez editorial: no saben ni escribir un título correctamente) y, sin que sirva de precedente, Underworld de Don DeLillo, maestro de las letras peligrosamente postmoderno a quien le salió el tiro por la culata en esta ocasión.

4. Mal escrita ideológicamente. La palabra “ideología” no tiene necesariamente una mala acepción. Aquí significa “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza determinado pensamiento”. Una narración está mal escrita ideológicamente cuando usa un lenguaje falaz, melifluo, amanerado, caduco, pomposo, edulcorado, presuntamente provocador, cursi, en general o con el propósito específico de adscribirse a una corriente, a un género o a un movimiento, estén históricamente cerrados o no (el simbolismo de William S. Burroughs está cerrado pero el postmodernismo de Cormac McCarthy está abierto). Novelas ejemplares: La sombra del viento otra vez; El Palacio de la Medianoche, también de Zafón; The Warlord Wants Forever, de Kresley Cole; The Boy in the Striped Pajamas, de Boyne. La obra nace muerta porque nace pasada de moda, engendrada accidentalmente, a pesar de la intención del autor, como caricatura de mal gusto, imagen distorsionada de lo que pudo haber sido, jamás fue y nunca será. Este tipo de ideología estética está íntimamente relacionada con lo que Theodor Adorno llamaba “desintegración de los materiales”: la característica del mal arte es el desgaste, la caducidad, la falta de actualidad.

Es evidente que las obras peores son las que caen en las cuatro categorías al mismo tiempo, como La sombra del viento. Sin embargo, para dar riqueza a la entrada tomaré todas las mencionadas a guisa de ejemplo. Procedo.

1. Análisis de mala escritura gramatical.

  • La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón (Planeta, tapa dura, 33ª edición, marzo de 2004).

“Un secreto vale lo que aquellos de quienes tenemos que guardarlo”. (Página 17.) ¿¿Cómo??

“El día de mi dieciséis cumpleaños […]”. (Página 63.) Pues no. Es “decimosexto”.

“El interfecto me indicó que me acercase, como si quisiera susurrarme al oído”. (Página 303.) ¿El asesinado hacía indicaciones? ¡Milagro!

2. Análisis de mala escritura descriptiva.

  • La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón (ídem).

“Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido”. (Primer parágrafo.) Vamos a ver… Situémonos: amanece un “sol de vapor” (¿sol que riela en el horizonte?) en un “cielo de ceniza” (¿acaso nebuloso? ¿quizá muy gris? ¿plomizo?). Hasta aquí, confuso y manifiestamente difícil en verano en Barcelona, pero concedo que sea atmosféricamente posible. Ahora bien: ¿Está Zafón al tanto de que una guirnalda es una corona o tira tejida de flores y ramas, y de que cualquiera que haya paseado por la Rambla de Santa Mónica (o, de hecho, por cualquier otra parte del planeta) sabe que no hay manera alguna de que la metáfora del sol derramándose “en una guirnalda de cobre líquido” tenga el más mínimo sentido? En cambio, si lo que en realidad quiere decir es que el sol mismo es como una guirnalda de cobre líquido que se derrama sobre la Rambla, la estructura sintáctica de la frase es incorrecta y no transmite la idea. Añado que, por si fuera poco, tal fenómeno es imposible que se dé durante el amanecer, momento en el cual están (según se desprende de la presencia inequívoca de la palabra “amanecer” en la cuarta posición de la frase), en primer lugar porque el sol no brilla a suficiente altura, y en segundo lugar porque desde la Rambla de Santa Mónica no percibes el amanecer a menos que te sitúes más allá de ella, es decir, junto a la estatua de Colón en Atarazanas.

“Recorrí pasillos y galerías en espiral […]”. (Página 11.) ¿Alguien se ha parado a pensar en cómo sería una galería en espiral de verdad? En virtud de la estructura sintáctica de la frase, ¿la descripción “en espiral” califica también al substantivo “pasillos”? Porque de ser así estamos hablando nada más y nada menos que de un tobogán.

  • La Profecía del Laurel, de Jesús Ávila Granados (Planeta, tapa dura, 2005).

“Aunque había comenzado la primavera y el disco solar, amarillo y rosa, ya asomaba por el horizonte montañoso, ni los pájaros se atrevían a trinar”. (Página 13.) ¿Perdón? ¿Amarillo y rosa al mismo tiempo? ¿Y qué pinta una cláusula adversativa aquí? ¿Significa el “ni” que hay algo más que deba trinar salvo los pájaros?

  • Pasión india, de Javier Moro (extracto que tengo en un compendio).

“La española asiente con la cabeza. Están invitadas a cenar en la mesa del capitán porque… ¡Es la última noche! A la joven le parece mentira”. A mí también me parece mentira que alguien haya podido pergeñar eso. ¿”Asiente con la cabeza”? ¿Con qué más va a asentir? ¿Con el culo? ¿Y lo de “¡Es la última noche!”, así, exclamación de adolescente histérica con bolso rosa de Hello Kitty? De los puntos suspensivos que pretenden indicar, justamente, suspense, ni hablo. Ridículos en extremo.

3. Análisis de mala escritura narrativa.

Para decirlo claramente, La sombra del viento, La Profecía del Laurel, The Boy in the Striped Pajamas y Underworld son pastelazos que no hay manera de leer. Son novelas pretenciosas que no llevan a ninguna parte y no presentan interés narrativo alguno. Aburren a las ovejas. Underworld, además, está estructuralmente desencajada, y La sombra del viento y The Boy in the Striped Pajamas son pornografía emocional pura.

El caso de Underworld es paradigmático. La crítica la recibió como obra maestra por un motivo muy interesado: DeLillo es ciertamente un escritor de nivel y es candidato perpetuo al Nobel. No obstante, algunos insinuaron tímidamente que la novela es demasiado larga (mil páginas). Quien trabaje en la industria editorial y sepa leer entre líneas entenderá el mensaje sin equívocos: en este contexto, “demasiado larga” significa que sobra la mitad de las páginas (quinientas) porque el conjunto está hinchado con la verborrea incontenible de DeLillo. Considérese como ejemplo que el prólogo de la novela, titulado “The Triumph of Death” (en referencia al cuadro de Brueghel), no es más que una novelita corta de 100 páginas originalmente titulada “Pafko at the Wall”, que terminó convertida en prólogo de Underworld porque el autor, sencillamente, no sabía qué coño hacer con ella. No tenía dónde meterla.

4. Análisis de mala escritura ideológica.

  • The Warlord Wants Forever, de Kresley Cole, diosa de la llamada “literatura romántica paranormal” (historias absurdas de sangre y sexo con vampiros de buen ver, valquirias buenorras y licántropos cachas).

“If the overgrown vampire didn’t stop staring at her face, even his wicked talent with his sword wouldn’t keep his head upon his shoulders”. (Primer parágrafo del primer capítulo. Lo podéis leer en la Amazon si pulsáis sobre los pectorales del notas ese.) Sin comentarios. ¿Para qué?

  • El Palacio de la Medianoche, de Carlos Ruiz Zafón (extracto que tengo en el mismo compendio donde está el texto de Javier Moro).

“Nunca podré olvidar la noche en que nevó sobre Calcuta”. Tópico trilladísimo. Al cabo de una página y media, como eco de sí mismo: “Nunca podré olvidar los rostros de aquellos muchachos asustados la noche en que nevó sobre Calcuta”. Frases hechas, rehechas, deshechas y contrahechas.

“Poco después de la medianoche, una barcaza emergió de la neblina nocturna que ascendía de la superficie del río Hooghly como el hedor de una maldición. A proa, bajo la tenue claridad que proyectaba un candil agonizante asido al mástil, […]”. Aquí ya se prefigura lo que vendrá a lo largo de toda la novela y de toda la obra zafoniana en términos generales: la recreación lamentablemente naíf y recargada de la prosa gótica típica de la literatura inglesa, aderezada con influencias manifiestas de H.P. Lovecraft, Robert W. Chambers y otros autores. Me consta que Zafón escribe así a consciencia, no por casualidad. El conjunto no deja de ser la regurgitación y posterior mezcla, cansina, desangelada y en absoluto original, de una serie de lecturas de clásicos hechas durante media vida.

  • La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón (ídem).

“—Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie —advirtió mi padre—. Ni a tu amigo Tomás. A nadie.
—¿Ni siquiera a mamá? —inquirí yo, a media voz.
Mi padre suspiró, amparado en aquella sonrisa triste que le perseguía como una sombra por la vida.
—Claro que sí —respondió cabizbajo—. Con ella no tenemos secretos. A ella puedes contárselo todo”. (Página primera de la novela. En la línea siguiente se explica que la madre murió tras la Guerra Civil.) Imitación baratísima e insultantemente kitsch de temas postrománticos. La madre ha muerto, el chaval la echa en falta y el padre es una especie de espectro. ¿Nos ponemos a llorar todos? ¿Es un diálogo escrito para suscitar la empatía del lector? ¿En serio?

“Por espacio de casi media hora deambulé entre los entresijos de aquel laberinto que olía a papel viejo, a polvo y a magia. […] Atisbé, entre los títulos desdibujados por el tiempo, palabras en lenguas que reconocía y decenas de otras que era incapaz de catalogar”. (Página 11.) Esta parte provocaría hilaridad si no provocase perplejidad. Primero, por el tono pomposo y hortera del conjunto. Segundo, ¿”por espacio de casi media hora”? ¿Espacio y tiempo juntos? En todo caso, “durante casi media hora”. ¿”Entre los entresijos”? ¿Se supone que eso hace gracia? ¿Que es un recurso iterativo tomado del modernismo, similar a los de Joyce en Ulises? ¿”Catalogar” lenguas? ¿Acaso el crío es lingüista? ¿No se apercibe Zafón de que toda esa frase es una payasada, como asimismo el resto del libro?

  • The Boy in the Striped Pajamas, de John Boyne (Black Swan, PDF, 2006).

“Bruno raised an eyebrow, unable to understand the sense of all this, but he assumed that it had something to do with keeping the rain out and stopping people from catching colds”. (Casi al final del libro.) En efecto, la inocencia y pureza infantil del hijo de un nazi es tal que confunde una cámara de gas con un cobertizo para que prisioneros esqueléticos con números tatuados en las muñecas no se resfríen.

“And then the room went very dark and somehow, despite the chaos that followed, Bruno found that he was still holding Shmuel’s hand in his own and nothing in the world would have persuaded him to let it go”. (Parágrafo siguiente.) Lo dicho: pornografía emocional. Todo el libro es así, compuesto mediante una prosa cansina que apela constantemente a los sentimientos.

Lo dejo aquí. Como siempre, borraré los comentarios insultantes en caso de que algún descerebrado los deje. Os emplazo en la entrada del próximo lunes, titulada “Qué es una buena novela y por qué”, y cierro con tres vídeos que grabé en mi casa hace tiempo y que la mayoría de vosotros ya habrá visto: uno acerca de La sombra del viento, los otros dos acerca del texto original de La Profecía del Laurel antes de que Planeta maquillara el desastre.

Reseña de Calletania, de Israel Centeno

Hace algo más de cuatro años que la editorial cacereña Periférica publicó esta novela, de hecho original de 1992 en Venezuela. Como sabéis, que un volumen sea o no novedad editorial me trae sin cuidado, especialmente si se trata de literatura pata negra. Y tal es el caso que nos ocupa.

Periférica se ha dedicado a publicar, con criterio ejemplar, a autores hispanoamericanos desconocidos cuyo nivel narrativo y dominio de la lengua española en sus múltiples registros dejan en ridículo a tantos escritores españoles, estancados en la vulgaridad, la repetición y la Guerra Civil. Estoy hablando del costarricense Rodrigo Soto (Gina), del chileno Carlos Labbé (Navidad y Matanza), del colombiano Octavio Escobar (Saide) y del venezolano Israel Centeno (Iniciaciones), quien hoy nos ocupa con otra obra.

Centeno debutó en la novelística, que yo sepa, con Calletania y cuajó una obra brillante a más no poder. Lo de menos es el argumento (la deriva vital de ciertos personajes en la Venezuela de hace pocas décadas), y lo de más es su sentido de la narratividad, desbordante, acojonante, apabullante, rebosante de una cadencia verbal y de ciertos recursos (como el cambio de narrador sin previo aviso) que pocos pueden exhibir. El talento de verdad escasea más de lo que aparenta.

Centeno consigue, a mi juicio, algo de un mérito difícilmente calculable dada la complejidad de la ejecución: construir una novela estructuralmente postmoderna preñada de elementos claramente modernistas. Como muestra:

“En esta casa no quisiera hablar de amor. No quisiera hablar de amor porque siempre termino desdiciendo cada palabra y por eso le salgo al paso a Raiza, le digo que lea El Banquete, que allí está todo lo que se debe decir sobre el amor, que recuerde su Hamlet o cualquier obra de Shakespeare y encontrará las claves, hendiduras, pasajes secretos. ¿Y qué hacemos nosotros dos? Cumplimos un mandato primigenio de aparearnos, de afecto y posesión.”

Escandalosamente recomendable.

Stoner, de John Williams

Un amigo me ha pasado la novela Stoner, de John Williams (1922-1994), americano con una capacidad alucinante para ahondar en la densidad de la vida, como habría dicho C.S. Lewis. En la contracubierta el editor nos inunda con una retahíla de citas favorables por parte de críticos y escritores, de entre las cuales no puedo dejar de reproducir la siguiente:

“Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro. Pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado.” Tom Hanks, Times.

Imagino que no es el actor. Dicha cita me ha recordado a otra cita que usa David Mamet en Bambi contra Godzilla (Alba):

“Un chico vuelve a casa de la universidad y se encuentra con que su madre se acuesta con su tío y hay un fantasma rondando por ahí. Eso, bien escrito, es Hamlet; mal escrito, es La isla de Gilligan (Gilligan’s Island, 1964).” [página 87, frase de Lorne Michaels, el creador de Saturday Night Live. La isla de Gilligan era una serie americana, pésima por lo visto.]

Ya señalé en una entrada dedicada a Mamet que algo así dice Aristóteles en su Poética acerca de la Odisea: que si nos ponemos a resumir, sólo hay que decir que un tío regresa a casa después de un viaje interminable, que su hijo ha velado por los intereses de la familia, que su mujer le ha sido fiel y que él se venga de toda la chusma que le quería arrebatar lo que le pertenece.

Volviendo a la cita del señor Hanks, yo no diría que sea una de mis lecturas más fascinantes, pero no negaré que Williams sea un autor de enjundia que ha comprendido lo más importante: que esto es un valle de lágrimas y que hemos venido a sufrir.

Sin amargarle la lectura a nadie revelando elementos de la trama, me permitiré el lujo de decir que el protagonista es un perdedor que se casa con una inútil histérica y frígida. Estamos en los Estados Unidos rurales anteriores a la Gran Depresión. Las señoritas de buena familia aún crecían en un ambiente de represión sexual y vacuidad vital. Las habilidades se limitaban a saber vestirse cada día como una princesita, tocar el piano moderadamente bien y mantener conversaciones intrascendentes junto a la mesita con té y pastas. El episodio de la noche de bodas me ha recordado, si la memoria no me falla, a lo que Stefan Zweig cuenta en El mundo de ayer a propósito de una tía suya criada en un mundo irreal e inmaculado: cuando el marido se puso manos a la obra por primera vez, ella tuvo un ataque de histeria y salió corriendo a casa de sus padres porque ni se imaginaba que el matrimonio consistiera también en eso.

Para terminar, confieso que no sé a qué viene que el editor marque los diálogos usando comillas angulares (« ») en lugar de guiones largos, lo preceptivo en español. Pero tampoco es que importe mucho ni que afecte a la lectura. Lo que hace daño a los ojos es toparse con expresiones como “para cuando”, incorrectas en español.

En suma, altamente recomendable. Publica Baile del Sol.

Entre Píndaro y Dostoyevski

Terminé Los hermanos Karamázov en español y me puse a leer L’adolescent en catalán. El bueno de Dostoyevski suelta lo siguiente por boca del narrador, que redacta sus memorias en primera persona:

“A més, el fet que en aquestes notes de vegades m’adreci al lector és només un procediment literari. El meu lector és un personatge fantàstic.”

[Traducción de Josep M. Güell para Proa]

Es decir, el protagonista escribe para él, por más que a veces se dirija al lector, interpretado en realidad como mera fantasía. Que uno afirme que escribe para sí es tan normal como que tal pretensión vaya acompañada de cierta impostura. Ahora bien: que diga que el lector es un producto de su fantasía ya es la leche en monopatín, y más viniendo de un personaje de ficción. Otra vuelta de tuerca del genio de Fiódor.

La referencia a Píndaro en el título de la entrada viene a cuento de una de sus frases más conocidas, que reza: “El hombre es el sueño de una sombra”. Déle el lector fantástico de este blog el sentido que le plazca.

Terzakis en Facebook

Ya tocaba. He creado una página dedicada a la novela Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis, en Facebook. Quien quiera echarle un ojo y darle al “Me gusta” que siga este vínculo.