A vueltas con Venían a buscarlo a él, de Berta Vias Mahou

Dedico una segunda entrada a la novela Venían a buscarlo a él, de Berta Vias Mahou, inspirada en la hipótesis del asesinato de Albert Camus. El siguiente diálogo entre dos terroristas árabes argelinos me llamó la atención:

“Hay que matarlo, le interrupió Hilal con vehemencia. Sí, hay que matar a todo aquel que se interponga en nuestro camino, le contestó Khalîl. Y así, un día el mundo será un desierto.”

Porque me ha recordado a un pasaje de La hija de Agamenón, novela de Ismail Kadare publicada por Alianza en traducción de Ramón Sánchez Lizarralde:

“Pero de pronto todo enmudeció en mi interior. ¿No será éste en realidad el sueño secreto del Guía: que fuera borrado de la Tierra este país fastidioso, Albania, con este pueblo miserable siempre enredándosele entre las piernas, que era preciso alimentar, gobernar? Mientras que, una vez extinguido, volatilizado, qué limpio quedaría todo. Un país muerto pero resucitado en los libros y las ideas de su Guía. Y qué cómodo resultaría aquello: ni realidad que testimoniara en sentido contrario, ni tachas ni evidencia de crímenes. Solamente libros, ideas, lumières.”

Un mundo perfecto. Un desierto. Todo inmaculado, sin tacha. En fin, sin realidad misma. La idealidad pura. Y es que Marx no era Hegel del revés sino al contrario, su cristalización más extrema: el materialismo como idealismo. El proletario como forma pura de la humanidad. Por ende, tan inalcanzable como prescindible. Nada que no sea perfecto debe existir.

Entrevista a Ramón Sánchez Lizarralde, traductor de Ismail Kadare, por el premio que le concedí

Pregunta: Hola, Ramón. Supongo que te habrá sorprendido que un blog desconocido te conceda un premio literario bajo forma de fotografía de Godzilla.

Respuesta: Bueno, cierta sorpresa, sí, la verdad. En mi caso, también porque no soy demasiado aficionado a vag(ue)ar por la red. Aunque, más que un premio literario, parece una especie de mención, de selección (además unipersonal, por lo que he llegado a colegir). Por otra parte, siempre se agradece que reconozcan el propio trabajo.

P.: Si me permites la indiscreción, ¿cuántos años tienes? ¿Y cómo llegaste a convertirte en traductor de albanés?

R.: Nací en 1951. Ya podéis echar la cuenta… Viví en Albania durante cuatro años, a principios de los ochenta, como militante, para colaborar en las ediciones en español, en Radio Tirana y dando clases de lengua española. Me interesé por el país y su gente, aprendí la lengua, leí todo lo que pude, obtuve un diploma en lengua albanesa… Luego, a mi regreso, el interés y la afición por la literatura hicieron el resto. Aunque tuve que aprender mucho más, claro.

P.: La albanesa es una lengua muy desconocida en general, y a veces incluso menospreciada por motivos culturales que ahora no vienen al caso. ¿Te has ocupado personalmente de impulsar a autores como Ismail Kadare?

R.: Sí, pero, como puede comprobarse con el caso de Kadare (y otros), se trata de una lengua muy expresiva, con grandes y abundantes recursos, probablemente una de las más antiguas de Europa. El caso es que, cuando yo comencé a interesarme en la posibilidad de poner en español algunos de sus mejores logros literarios, no había casi precedentes (en esta dirección, porque en la inversa ya existía una larga tradición), y me tocó en suerte tratar de convencer a los editores acerca de la calidad de la obra de Kadare. Ahora puede sonar extraño, pero no fue fácil, ni siquiera cuando ya habían aparecido algunas de sus novelas. En la fase inicial, fue Mario Muchnik quien tuvo la lucidez suficiente como para emprender la tarea de editarlo. Luego ya vinieron otros, y desde hace años, por fortuna, es Alianza Editorial quien ha acogido a Kadare y viene publicando toda su obra, naturalmente traducida por mí. También he tratado de promover a otros autores, como Bashkim Shehu (Destino, Meteora), que vive en Barcelona; Mitrush Kuteli, uno de las fundadores de la narrativa albanesa, muerto en los años sesenta del pasado siglo (Ediciones del Oriente y el Mediterráneo); y ahora lo intento con otros, como es el caso de Fatos Kongoli, un escritor espléndido, ya editado en casi todas las lenguas europeas pero aún no en español.

P.: Para terminar, ¿cuáles son tus planes de futuro profesionalmente hablando?

R.: Seguir en ello, claro. Tengo entre manos varias novelas, de distintos autores, que estarán listas y aparecerán a lo largo de este año. Con Alianza, además de ir traduciendo todo lo nuevo de narrativa de Kadare, vamos haciendo crecer, en bolsillo, una Biblioteca de autor que ya va por el noveno volumen y que pretende recuperar títulos que ya son imposibles de encontrar, corregidos y con incorporación de las enmiendas que el autor ha venido haciendo. Espero que este año continuemos con un par o tres de sus novelas. Además, Siruela lleva ya editados dos ensayos del autor, y confío en que también reincida.

Por otro lado, como decía, espero que este año arranque la obra de Kongoli, bastante acrecida a estas alturas (ocho novelas al menos, y eso que empezó a publicar después de la caída del régimen de Enver Hoxha en 1990), y que yo considero muy valiosa. Confío también en que Bashkim Shehu continúe encontrando editor (se han publicado dos novelas suyas en España, pero la cosa está un poco parada en los últimos años). De Luan Starova aparecerá también una novela este año.

Además, proyectos que llevo acariciando hace largo tiempo. Una edición de los deslumbrantes poemas épicos albaneses (que ningún editor ha asumido por ahora). Tal vez algún otro volumen de cuentos populares (ya he preparado y publicado dos).

Para rematar, en unas semanas aparecerá en Albania, en albanés, un libro mío que viene a recoger textos (algunos inéditos aquí) que dan cuenta de mis tratos con la literatura albanesa, su traducción, y algunas otras insensateces… Con eso, las charlas que doy de cuando en cuando, la crítica literaria y los artículos que escribo con cierta asiduidad, tengo trabajo suficiente por el momento.

Fallo los Premios Seléucidas 2007

Bien, ya es treinta y uno de diciembre, de manera que ha llegado el momento de entregar los Premios Seléucidas, encarnados momentáneamente por mi Godzilla:

godzilla_edited.JPG

Las condiciones para que yo tome en consideración un libro son:

1. La primera edición del libro tiene que haberse puesto a la venta durante el año que hoy termina, y debo haber hablado de él en el blog.

2. Dicha primera edición tiene que serlo por parte de la editorial que lo publica, es decir, no tiene que ser la primera en sentido absoluto, excepto en la categoría de Mejor Autor, quien además debe estar vivo (eso excluye a muertos vivientes como Rosa Regàs).

Quiero subrayar que ni me he guiado por amiguismo ni he invitado a ministros, como se hace en otros premios con más dinero en juego (yo no tengo un euro, lamentablemente).

Así, me he roto la cabeza para crear unas categorías que puedan perdurar tantos años como vaya a hacerlo el blog mismo, es decir, hasta que el sol se apague o yo fenezca. El resultado: un total de doce, de las cuales nueve son positivas y tres negativas. Y el fallo de la 1ª Edición de los Premios Seléucidas ha sido el siguiente:

Premios Seléucidas 2007 a la Excelencia

Mejor Autor: Antonio Priante, por El corzo herido de muerte (Cahoba)

Mejor Compendio de Cuentos: La reliquia viviente, de Iván S. Turguéniev (Atalanta)

Mejor Editorial: Periférica

Mejor Novela de un Autor del Proyecto Seléucida: Saide, de Octavio Escobar (Periférica)

Mejor Novela en General: El retorno de Filip Latinovicz, de Miroslav Krleža (Minúscula)

Mejor Novela Negra: Sin hogar ni lugar, de Fred Vargas (Siruela)

Mejor Otro: La cocina del Quijote, de Cesáreo Fernández Duro y Miguel López Castanier (Rey Lear)

Mejor Traducción: Ramón Sánchez Lizarralde, por la traducción del albanés de La hija de Agamenón & El Sucesor, de Ismail Kadare (Alianza)

Mejor Volumen: Claus y Lucas, de Agota Kristof (El Aleph), título general para la trilogía compuesta por El gran cuaderno, La prueba y La tercera mentira

Actualización de septiembre de 2008: la ganadora retroactiva del premio Litteraturæ Magistra (Maestra de Literatura) 2007 es Paula Fox (Nueva York, 1923), por toda una vida dedicada a la alta literatura.

Premios Seléucidas 2007 a la Decadencia

Cubierta Más Espantosa: Una cerilla encendida como cubierta del libro Jugando con fuego, de Peter Robinson (RBA)

Novela Más Impresentable: El amante de Shangai, de Michèle Kahn (Grijalbo)

Peor Frase Publicitaria: “Una novela tan vívida que quemará los dedos incluso a los detractores de los thrillers más programáticos”, por la revista People y reproducida en la cubierta de Jugando con fuego, de Peter Robinson (RBA)

La hija de Agamenón & El Sucesor, de Ismail Kadare

Alianza nos proporciona dos auténticas joyas de Ismail Kadare (Gjirokaster, 1936). Se trata de dos novelas cortas que el albanés escribió con casi veinte años de diferencia: La hija de Agamenón entre 1984 y 1986, y El Sucesor entre 2002 y 2003, como se explica en la sucinta y acertada introducción del editor. No os perdáis lo que tuvo que hacer Kadare para evadir de la censura comunista algunas de sus obras.

Ambas novelas se editan juntas porque están íntimamente relacionadas: parte de los protagonistas son los mismos, aunque eso resulte al final más bien accidental (es decir, la lógica de la segunda obra no exigía la presencia de los protagonistas de la primera). Pero así lo eligió Kadare, y respetar su voluntad (no os alarméis, no ha muerto) es lo menos que se puede hacer.

En La hija de Agamenón, el autor traslada a esa Albania aislada del mundo el mito griego de Agamenón. Se dice que éste debía sacrificar a su propia hija antes de comenzar la campaña contra Troya, pero al final consiguió colar un chivo expiatorio en su lugar. Con la mirada fija en las almas muertas que genera el comunismo, la novela nos muestra la esquizofrenia de un mundo donde los vecinos se denuncian entre ellos en nombre de Enver Hoxha.

En El sucesor, observamos la misteriosa muerte de quien tenía que suceder en el trono albanés al Guía. Las sospechas recaen en el suicidio en general o en un ministro asesino en particular, y toda la maquinaria del horror se pone en marcha hasta desembocar en un final tan inesperado como arrítmico en relación con el resto de la obra.

Lo dicho: dos por el precio de una, y magistrales.