Fenece Horacio Vázquez-Rial

Algo habrá que escribir, aunque preferiría no hacerlo.

Horacio se las ha pirado. Lo veíamos venir tras el fracaso de la quimioterapia. Si estuviera en Barcelona me presentaría en Madrid, pero como estoy en Singapur no puedo hacer más que esto. Descanse en paz uno de los individuos de mayor calado intelectual y literario que haya tenido el placer de conocer en mi vida.

[Foto tomada en Madrid el 30 de mayo de 2010]

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Recomendaciones factuales

No pensaba publicar estas recomendaciones literarias originalmente destinadas a Factual, pero me lo he pensado mejor. Ahí van:

Otro verano más con las mesas de novedades literarias a reventar en las librerías. Uno, que no es estrictamente fetichista de lo recién aparecido, considera que en algunas ocasiones es más interesante tirar de fondo editorial o de libros que llevan pocos meses a la venta, aunque la librería tenga que encargarlos al distribuidor. Así que ahí van cinco propuestas alejadas de la literatura de aeropuerto más al uso.

Primero, la novela corta El desorden, de Juan Carlos Girauta (La otra orilla). Al autor se lo conoce más bien por sus ensayos La eclosión liberal o La República de Azaña. Sin embargo, en este caso le dio por narrar el desarrollo psicológico de un asesino en serie barcelonés. No es un derroche de sangre, pero ni falta que hace. La concepción de la obra no va por el camino de lo truculento sino por el de la introspección.

Segundo, otra novela corta: Señales que precederán al fin del mundo, del mexicano Yuri Herrera (Periférica). La editorial cacereña se ha doctorado en sacarse de la manga autores brillantes de la América de habla española, y hay que reconocerle los méritos. El texto tiene un aire experimental que disgustará a algunos y cautivará a otros. No es para todos los públicos.

Tercero, La ciudad automática, de Julio Camba (Alhena). Esta editorial, especializada en literatura de viajes, ha puesto en el mercado varios volúmenes del gran periodista español. Aquí tenemos su viaje a la Nueva York posterior a la Gran Depresión. Se publicó por primera vez en 1932.

Cuarto, una novela tan genial como larga: El soldado de porcelana, de Horacio Vázquez-Rial (Ediciones Verticales). Que esta edición sea de bolsillo lo simplifica todo, empezando por el tamaño y terminando por el precio. El argentino nos proporciona una biografía novelada de Gustavo Durán, personaje tan singular que, siendo pianista e ingeniero, pasó de general republicano durante la Guerra Civil española a protegido de Roosvelt en la ONU.

En quinto y último lugar, Soy un gato, de Natsume Soseki (Impedimenta). La tercera novela, y la más larga, que la editorial madrileña publica de este japonés que marcó época con su sentido del humor. Los amantes de los gatos no tienen excusa. Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.

Horacio Vázquez-Rial y Leah Bonnín firmarán libros mañana en Barcelona

El escritor argentino Horacio Vázquez-Rial estará en Barcelona mañana viernes, festividad de Sant Jordi y Día Mundial del Libro. Firmará ejemplares de El otro mundo, su último libro, publicado por la editorial Sirpus. El horario será el siguiente:

12-13h: Librería Altaïr (Gran Vía 616, entre Balmes y Rambla de Cataluña).

18-19h: Librería Laie (Paseo de Gracia con Provenza).

19-20h: Librería Baïbars (Muntaner 337, cerca de Vía Augusta).

20-21h: Librería Catalonia (Paseo de Gracia 2-6).

Por otro lado, Leah Bonnín firmará ejemplares de sus novelas Flor de acacia y Come on, Baby! (sólo está en inglés el título) de 12 a 14h en la librería Call Barcelona, sita en la calle Sant Honorat 9 (callejuela que desemboca en la Plaza San Jaime).

Otra lista: los libros de la década

Como ya dije de la lista que La Vanguardia presentó de las cincuenta mejores películas de esta década primera, seguiré la corriente a pesar de que aún no hayamos pasado a la segunda y comentaré la jugada. Esta vez, en internet sólo he encontrado los que son, a juicio de los críticos literarios de ese mismo diario, los diez mejores libros del inicio del siglo XXI. Huelga decir que tengo la edición en papel (28-12-2009) para llenar los huecos, dado que esta lista también llega hasta la posición quincuagésima, y mezcla imprudentemente ensayo con novela y lo que haga falta. Mal hecho. Me centraré sólo en la categoría de novela, que ya da para cincuenta. Por cierto, deduzco por la presencia de Vida y destino, de Vasili Grossman, que si la novela no se ha escrito en los últimos diez años, tiene que haberse publicado, al menos, bajo forma de versión definitiva en lengua española en este período. Un criterio un poco raro, pero si esto es lo que hay, al menos lo aprovecharé sin escrúpulos.

Lo primero que llama la atención es que declaren explícitamente que han querido tratar la lengua catalana igual que las otras. Gracias, lo daba por descontado, y precisamente porque lo dicen me da que algo ha ido mal. Con un vistazo es evidente. Según La Vanguardia, de los diez libros mejores o más importantes publicados como novedad en todo el mundo, en todas las lenguas y en los últimos diez años, dos se han escrito en catalán. ¿No exageramos un pelín? Yo aceptaría uno y sólo si fuera La pell freda (La piel fría), de Albert Sánchez Piñol, pero tal obra maestra está en la posición vigésimo novena, por detrás de La sombra del viento. En serio. La han metido en la lista. Ya puestos a no cortarse un pelo, que coloquen La enfermera de Brunete, de Manuel Maristany.

Los aciertos no tapan los errores. Está el insigne Philip Roth (La mancha humana) con un libro pero Baltasar Porcel con dos. Están escritores conocidos que, a pesar de que no me convenzan, acepto en la lista en un momento de debilidad (Murakami y Coetzee), pero varios libros de un asunto que ya me ha saturado: la Guerra Civil Española. Vale ya, ¿no? Tu rostro mañana, de Javier Marías; Soldados de Salamina, de Javier Cercas; Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez; Dientes de leche, de Ignacio Matínez de Pisón. ¿Esto es una lista que refleja los libros de la década en todas las lenguas en todo el mundo, o una paletada localista? ¿Bromean?

Como hice el otro día con las películas, doy alternativas de primer nivel, hasta donde llego y he leído:

Europa Central, de William T. Vollmann (Mondadori)

Waltenberg, de Hédi Kaddour (Edhasa)

El camino del norte, de Horacio Vázquez-Rial (La otra orilla)

Negro, de Olivier Pauvert (Mondadori)

El labrador de aguas, de Huda Barakat (La otra orilla)

Los crímenes de Oxford, de Guillermo Martínez (Destino)

En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano (Anagrama)

La ciencia del adiós, de Elisabetta Rasy (Alianza)

La mujer que esperaba, de Andreï Makine (Tusquets)

Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama)

El Ministerio del Dolor, de Dubravka Ugrešić (Anagrama)

El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, de Antonio Priante (Cahoba)

Yendo un poco más allá y para acabar, pondré novela griega, inexistente en la lista de La Vanguardia. Porque, aunque parezca mentira, en Grecia se produce literatura de primer nivel e incluso se publican libros. En serio. Papel, tinta, etc. Libros de verdad, no de gominola. Ahí van tres que ya tienen años pero que se han publicado hace poco. Si está Vida y destino, que es del siglo pasado, no veo por qué no van a estar éstos:

Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (traducción mía en Rey Lear)

Gioconda, de Nikos Kokantzis (de momento, sólo en catalán y en la editorial Pagès)

L’assassina, de Aléxandros Papadiamandis (de momento, sólo en catalán y en las editoriales Adesiara y El Tall)

Recomendaciones literarias para Navidad 2009 y Reyes 2010

O Papá Noel, o Mamá Noel ligera de ropa, o lo que uno quiera. La cuestión es que se regalen libros. Compendio las reseñas positivas de los últimos meses:

Clasicazo flipante: El festín de Babette, de Isak Dinesen (Nórdica)

Clásico ruso: Un héroe de nuestro tiempo, de Mijaíl Lérmontov (Nórdica)

En lengua catalana: Narrativa catalana de l’exili, de varios autores (Galaxia Gutenberg)

Humor: Piccadilly Jim, de P.G. Wodehouse (Anagrama)

Inédita hasta la fecha: El solterón, de Adalbert Stifter (Impedimenta)

La base de la serie televisiva: Flashforward, de Robert J. Sawyer (La Factoría de Ideas)

Literatura acerca de autómatas: El rival de Prometeo, de varios autores (Impedimenta)

Los almogávares bajo un punto de vista griego: Roger de Flor, de Kostas Kyriazís (Plataforma)

Maravilla japonesa: El cortador de cañas, de Junichiro Tanizaki (Siruela)

Memorias en Hungría durante la 2ª Guerra Mundial: Tengo quince años y no quiero morir, de Christine Arnothy (Barril & Barral)

Novela con protagonista ilustre: El viaje de Shakespeare, de Léon Daudet (Barril & Barral)

Obra primeriza: Basil Howe, de G.K. Chesterton (El Olivo Azul)

Otra inédita hasta la fecha: El sendero en el bosque, de Adalbert Stifter (Impedimenta)

Oscuridad refinada: Los anillos de Saturno, de W.G. Sebald (Anagrama)

Promesa de la novela: Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera (Periférica)

Reedición: El soldado de porcelana, de Horacio Vázquez-Rial (Verticales)

Relatos: Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders (Anagrama)

Se reedita El soldado de porcelana, de Horacio Vázquez-Rial

El grupo colombiano Norma reedita en su editorial Verticales, en formato casi de bolsillo (el bolsillo de verdad no tiene solapas), El soldado de porcelana, novelón de primera de Horacio Vázquez-Rial. Pinchando en el nombre iréis a una entrevista en vídeo que le hice tiempo ha, cuando también me habló de su última novela, El camino del norte (de nuevo Norma pero en la editorial La otra orilla), una mezcla de realidad y ficción con la dictadura argentina como ruido de fondo, y los médicos que se dedicaron a convertir en zombis a ciertos elementos hostiles al régimen mediante comas inducidos. Aquí una foto de las dos novelas juntas.

El suicidio de las universidades españolas

Ya he hablado alguna que otra vez, más bien por motivos inauditos, del desastre universitario español, fiel reflejo de un sistema educativo que hace aguas. Ahora, superado ya el doctorado, voy a mencionar dos hechos que marean y que reflejan, una vez más, el repugnante estado de cosas.

Primero, en la Universidad de Barcelona (UB) y en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) no se les ha ocurrido nada mejor que cambiar las condiciones para que un doctor forme parte del tribunal que examinará a un doctorando. Hasta hace un año, la única exigencia para estar en un tribunal era ser doctor. Pero ahora, cerrando más el círculo endogámico universitario, es necesario cumplir también al menos una de cuatro condiciones. Ya no tengo el texto, pero las cuatro se referían, básicamente, a que sólo pueden examinar a doctorandos los doctores que formen parte de grupos de investigación universitarios, generalmente subvencionados. Esto suena muy bien, pero en realidad es una gilipollez como una catedral. Un ejemplo inventado pero perfectamente posible: un Premio Nobel de Literatura que fuera, casualmente, doctor en Filología Italiana por la Universidad de Milán no podría formar parte de un tribunal de tesis de la Facultad de Filología Italiana de la UB a menos que estuviera enchufado en algún grupo de investigación donde, sencillamente, se le exigiría que escribiera un artículo al año acerca de lo primero que le pasara por la cabeza. O si lo preferís, un ejemplo real: el escritor argentino Horacio Vázquez-Rial, uno de los mejores narradores vivos en lengua española, y Doctor en Historia por la UB, no podría formar parte de un tribunal que examinara una tesis acerca de su especialidad (Historia de Argentina) porque es un escritor autónomo que no pertenece a ningún grupo de investigación de la Senorita Pepis.

Segundo, se ve que en la Universidad de Lérida se aburren tanto que hoy, 28 de octubre de 2009, no tienen suficiente con darle el Doctorado Honoris Causa a un reputado pneumólogo estadounidense como Richard W. Light sino que tienen que dárselo, al mismo tiempo, a la cantautora mallorquina Maria del Mar Bonet. Al margen de que dicha señora sea insoportable, cualquier persona con un mínimo de sentido de lo que es (o debería ser) una universidad verá que aquí algo falla. Ya puestos, ¿por qué no el Honoris Causa, al mismo tiempo, a un prestigioso astrofísico y a Michael Jackson? (Es un decir, ya sé que está muerto.) Y para redondearlo todo, en la página del comunicado dedican tres veces más espacio a la Bonet que al doctor en medicina.

Sic transeunt universitates mundi.

¿Por qué uno y no otro?

Esta entrada no es una crítica a Stieg Larsson, cuyas obras de la trilogía Millennium no he leído. Todos mis respetos, sobre todo cuando un amigo especialista en novela negra, Horacio Vázquez-Rial, afirma tanto en un artículo como en privado que es muy bueno. Así, voy a centrarme en otro tipo de fenómeno: el de la invasión de los ultracuerpos.

Lo llamo así porque, vaya donde vaya, todo el mundo sostiene un libro de Larsson: en el metro, en la universidad, en una cafetería, etc. Están por todas partes y no se puede escapar. Y quienes lo leen se convierten estusiastamente a una nueva fe que, en verdad, durará dos telediarios. Es decir, hasta que los libros pasen de las manos a las estanterías.

A pesar de que gran parte de los autores vivos o recientemente fallecidos que se publican no valen ni el papel en que se han impreso, es indudable que también hay libros buenos, muy buenos e inclusive magistrales. Por tanto, pensando en el asno de Buridán, que muere de inanición porque tiene dos montones de heno a la misma distancia y no sabe por cuál decidirse, uno se pregunta: ¿Por qué todo el mundo, aun aquél que no ha leído novela negra en su vida, compra de súbito y tan masivamente la misma trilogía? ¿Por qué Larsson y no Fred Vargas o Massimo Carlotto?

Es obvio que la clave está en la distribución. Destino (Larsson en español) y Columna (en catalán) son pesos pesados que suelen estar presentes no ya en las mesas de novedades sino en las estanterías de destacados, al alcance de cualquiera. No hay que preguntar a ningún empleado de la Casa del Libro o la FNAC “dónde están los de Larsson” porque los ves desde treinta metros.

Sin embargo, se producen al mismo tiempo dos fenómenos psicológicos que llevan a la compra masiva de un mismo libro: primero, el fetichismo del volumen, algo que ya traté; segundo, cierta oscilación impulsiva que va del aislamiento al mainstreaming: se pasa, con una facilidad pasmosa, de leer un libro desconocido (en el peor de los casos por elitismo intelectual forzado e insano) a leer eso que lee todo el mundo, sólo para no quedarse descolgado en las conversaciones de cafetería. Lo mismo sucede con el cine.

La conclusión, más allá de que la virtud, regulada por la prudencia, sea un término medio entre dos extremos igualmente perjudiciales, es que cada uno lea y vea lo que quiera pero sin engañarse ni engañar a los demás con argumentos falaces. Y es que leer algo porque no lo lee nadie es tan absurdo como leerlo porque todo el mundo lo hace.

Recomendaciones literarias para el Sant Jordi 2009

El próximo 23 de abril tendremos otra vez el Día Mundial del Libro. Se supone que hacen descuentos y bla bla bla. Recopilo las recomendaciones hechas en los últimos meses:

Autobiografía: Un pedigrí, de Patrick Modiano (Anagrama)

Bicentenario del nacimiento de Edgar Allan Poe: Todos los cuentos 1 (Galaxia Gutenberg)

Ciencia ficción espacial: Odisea, de Jack McDevitt (La Factoría de Ideas)

Clásico contemporáneo: En el camino, de Jack Kerouac (Anagrama)

Clásico ilustrado: El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde (Galaxia Gutenberg)

Ensayo biográfico: Mal de escuela, de Daniel Pennac (Mondadori)

Infierno de hielo: Relatos de Kolimá I, de Varlam Shalámov (Minúscula)

La primera novela de Rudyard Kipling: La luz fallida (El Olivo Azul)

Literatura del holocausto: Sin flores ni coronas, de Odette Elina (Periférica)

Los cuentos de toda la vida: Cuentos de hadas, de Charles Perrault (Rey Lear)

Micronovela: Vida del risueño maestrillo Maria Wuz de Auenthal, de Jean Paul (Velecío)

Negra: La pérdida de la razón, de Horacio Vázquez-Rial (Ediciones B)

Nueva traducción de un clásico descatalogado: Un lugar en la cumbre, de John Braine (Impedimenta)

Obra maestra olvidada: Las nuevas mil y una noches, de Robert Louis Stevenson (Alba)

Primera traducción en español: Lo infraordinario, de Georges Perec (Impedimenta)

Relato de George Sand: Cora (Velecío)

Teoría dramática: Bambi contra Godzilla, de David Mamet (Alba)

Traducción mía al catalán: La Konstantina i les teranyines, de Alki Zei (Cruïlla)