El valor del silencio

Dijo no sé quién que mejor permanecer en silencio y mantener vivo el enigma que abrir la boca y quedar como un imbécil.

Algo así viene a decir Daniel Keyes en un pasaje de su Algernon, Charlie, and I: A Writer’s Journey, libro que ya referí en otra entrada. La cosa va así:

“Una tarde, mientras estaba en el tren de vuelta a casa desde la Thomas Jefferson High School, un colega se sentó junto a mí.
–Dan, he leído Flores para Algernon. Es un buen relato –dijo–. Me he estado preguntado por algunas de sus imágenes y sus significados.
El reconocimiento es maravilloso.
Mencionó algo que había percibido. Estaba seguro de que tenía un significado simbólico y me pidió que se lo explicara.
Lo hice. Pontifiqué acerca de los niveles de significado, los motivos simbólicos central y periférico.
Cuando hube terminado, se quedó mirándome con curiosidad, arqueando las cejas.
–Oh… –dijo–, ¿eso es todo?
Sus palabras permanecen grabadas en algún lugar de mi psique de escritor. Desde entonces, nunca he explicado, aclarado o interpretado mi trabajo, los significados, los niveles, los temas. Mi colega me había dado una lección. Mientras el escritor, o cualquier artista para el caso, mantenga la boca cerrada, habrá argumentos, discusiones y varias interpretaciones y significados. Pero una vez que el escritor ha explicado o analizado su propio trabajo, lo trivializa.” [Páginas 112-113, traducción mía; lo que su compañero había leído no era la novela sino la ‘novelette’ original, que he traducido como ‘relato’.]

Pues eso.

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Daniel Keyes antes de que llegaran Charlie y Algernon

La lectura, hace cuatro años, de Flowers for Algernon me dejó patidifuso. Lo que Daniel Keyes había conseguido era propio de un gigante literario que brilla de modo excepcional durante un instante, como Salinger. Instante, sin embargo, que se perpetúa por los siglos de los siglos.

Recordemos brevemente el argumento: Charlie, un joven discapacitado mental, se somete a un experimento para superar su retraso por medios quirúrgicos. Dado que todo el libro está escrito en primera persona, vemos cómo la gramática y el vocabulario que usa en su diario mejoran a medida que los resultados de la operación se manifiestan. Es decir, medio libro está deliberadamente mal escrito, pero siempre con una lógica implacable dentro del continuo error lingüístico. Y a todo esto, ¿quién es Algernon? Pues el ratón de laboratorio, su amigo.

El año pasado descubrí que Keyes había escrito un librito de memorias intitulado Algernon, Charlie, and I: A Writer’s Journey (Harcourt, 2004), y me lo compré. Después de leerlo, me reafirmo en mi juicio de que es un narrador de primer orden. Ahí va un pasaje donde explica cómo aprendió a escribir:

“Me di cuenta de que tenía que entrenarme en el arte de la escritura. Había estudiado todos los libros que había encontrado acerca del tema. Somerset Maugham, en su autobiografía The Summing Up, explica que aprendió a escribir pasando días en la biblioteca para copiar pasajes de autores que admiraba. Al principio, eso me extrañó, pero luego lo comprendí. E hice lo mismo con los libros de la biblioteca del barco.” [Página 38, traducción mía.]

Lo del barco viene a cuento de que Keyes estaba en el US Maritime Service, un servicio de instrucción de la época. Tenía 18 años y era el médico a bordo. Se le murió un marinero alcohólico por intoxicación de no sé qué. Entonces abandonó la promesa hecha a sus padres de dedicarse a la medicina y se volcó en la escritura. Menos mal.

Segunda versión cinematográfica de Flowers for Algernon

Y tercera si contamos una que se hizo para televisión. Esta nueva plasmación del clásico de ciencia ficción de Daniel Keyes tendrá como protagonista a Will Smith, por lo que leo en Extracine.

Y el Proyecto Seléucida cumple un año

Tal día como hoy de 2007, el Proyecto Seléucida se puso en marcha. Después de madurar la idea, mi amigo informático y yo decidimos abrir camino con un blog que fuera, al mismo tiempo, agencia literaria; o, de otro modo, una agencia que fuera un blog. Una innovación arriesgada, pero funciona: en febrero de 2008 publicamos El desorden, de Juan Carlos Girauta, en Belacqua (Grupo Norma para América), y en mayo saldrá Cómo destruir ángeles, de Sergi Puertas, en Cahoba.

La chispa del proyecto saltó cuando vi la forma en que diversos profesionales del sector, sea cual sea el trabajo que desempeñen, tratan a los autores desconocidos: pueden tardar seis meses en decirles si sus novelas les interesan, suponiendo que terminen contestándoles. Por eso me propuse cambiar el mecanismo y contestar en una semana. Siempre. El tiempo es precioso, y no quiero que nadie lo pierda por mí.

Así, este año hemos resistido los embates de la basura literaria con vuestra ayuda, sin olvidar elementos frikis imprescindibles como Godzilla o Carnosaur. Os estamos infinitamente agradecidos por vuestra paciencia, y como recapitulación formularé la lista de las que han sido, en mi opinión, las entradas más interesantes que he escrito, al margen de lo que diga el sistema automático de medición de popularidad que se refleja en la barra lateral. Por orden cronológico natural:

Flores para Algernon, de Daniel Keyes

La fricada de la semana (IV): origen etimológico de la palabra ‘friki’

Acerca de Nocilla Dream, de Agustín Fernández Mallo

Blade Runner: The Final Cut, en el Festival de Cine Fantástico de Sitges

De Bram Stoker a Richard Matheson

La tarea del crítico

La imagen como principio: de Mary Shelley a C.S. Lewis

El hígado y el bazo: de Baudelaire a Benjamin pasando por Kipling

Lengua de cultura y lengua global

Reformulación de la lista de las diez peores novelas del milenio en lengua española

Además, os comunico que estamos actualizando el blog a la última versión de WordPress. Lleva tiempo, pero esperamos terminar antes de la segunda quincena de mayo. Si observáis algún problema, seguramente se deba a eso.

Recomendaciones literarias para el verano 2007

¿Hartos de bazofia literaria? ¿Que no sabéis qué leer mientras os agostáis en la playa o los mosquitos os devoran en la montaña? Aquí tenéis un resumen de lo que he recomendado hasta ahora. Pongo epígrafes improvisados para orientar mínimamente:

Biografía sexual: Proust enamorado, de William C. Carter (Belacqua)

Ciencia ficción con alienígenas hostiles: El juego de Ender, de Orson Scott Card (Punto de Lectura)

Ciencia ficción espacial: Solaris, de Stanislaw Lem

Ciencia ficción terrícola: Flores para Algernon, de Daniel Keyes

Cuentos: Relatos, de Henryk Sienkiewicz (Cátedra)

De uno de nuestros autores: Subnormal, de Sergi Puertas (El Cobre)

Distopía: Negro, de Olivier Pauvert (Mondadori)

Epistolar: De Profundis, de Oscar Wilde (Siruela)

Novela biográfica: El soldado de porcelana, de Horacio Vázquez-Rial (Roca)

Novela china corta: Triste vida, de Chi Li (Belacqua)

Novela corta rara: Navidad y Matanza, de Carlos Labbé (Periférica)

Novela histórica atípica: El corzo herido de muerte, de Antonio Priante (Cahoba)

Policíaca rara: Bajo los vientos de Neptuno, de Fred Vargas (Siruela)

Policíaca clásica: Los minutos negros, de Martín Solares (Mondadori)

Cuidado con las medusas y la literatura de aeropuerto.

Flores para Algernon, de Daniel Keyes

La palabra que más bien describe a esta obra maestra de la ciencia ficción es ‘dolor’. La lectura provoca un desgarro similar al de Solaris, otra obra capaz de aunar los sentimientos más elevados de piedad y vértigo existencial con el elemento material más genuino del género: el salto tecnológico.

Argumento: tras haber provocado un desarrollo anormal en la inteligencia de un ratón llamado Algernon, un equipo de científicos comienza a experimentar con un discapacitado mental de treinta años. Hasta aquí no parece que haya nada nuevo en la dinámica del género. Pero lo hay. La genialidad absoluta de Keyes, la que le permitió ganar el Premio Nebula 1966 a la mejor novela de ciencia ficción, fue escribir la obra en primera persona. Leemos lo que Charlie Gordon, el discapacitado, escribe en su diario. Vemos lo mal que escribe antes de la operación, con continuas faltas de ortografía y sintaxis, y notamos cómo cambia lentamente después del experimento. Cada vez escribe mejor, se vuelve más listo, y al mirar atrás se da cuenta con horror que aquéllos que juzgaba sus amigos, en realidad, se aprovechaban de él y de su inferioridad. Antes se le reían en la cara por retrasado. Ahora lo odian porque los sobrepasa a todos en inteligencia, convirtiéndose en un genio en cuestión de meses. Ya no es Charlie, aquél de quien se podían aprovechar, aquél a quien podían timar. Ha pasado a ser un privilegiado que habla varias lenguas y toca el piano. No obstante, sigue tan solo como antes. La diferencia es que ahora se da cuenta. Recuerda todo lo oculto. Su entendimiento agente está en acto, su mente ha encendido las luces en todas las habitaciones. Ahora sabe que su madre siempre lo odió, y preferiría no saberlo…

No revelaré el final. Pero los corazones sensibles mejor que tengan a mano un pañuelo. Y flores para Algernon.

Nota: la traducción que he visto por encima me ha parecido correcta, pero por la propia naturaleza de la composición del texto es altamente recomendable la lectura en inglés: Flowers for Algernon.