Cormac McCarthy en su otro camino

Recupero un artículo que escribí a la sazón para Factual. No deja de ser un esbozo de otro artículo, inacabado y más extenso, que escribí al cabo de dos años para el Cormac McCarthy Journal.

Hoy se estrena La carretera, película basada en la última novela del estadounidense Cormac McCarthy. Que un escritor que siempre deambuló por otras latitudes se volcara de pronto en la redacción de una obra de terror postapocalíptica sorprendió a más de uno, por no decir que a todos. Cosas del genio. Y es que dicho libro está llamado a consagrarse como un clásico no ya del género sino de la literatura universal.

Es peligroso en muchos sentidos que, a estas alturas de la película (y nunca mejor dicho), un veterano como McCarthy se descuelgue con una novela de este tipo. No sé qué le pasó por la cabeza a su agente, pero es posible que estuviera temblando. Mas en vano, dado que le cayó el Pulitzer de Ficción en 2007 y merecidamente. Es un prodigio que todavía se pueda exprimir, y con tal maestría, el fin de la humanidad, por más que en la novela no se explique el motivo. Las cenizas omnipresentes remiten a una guerra nuclear nunca mencionada, y la desaparición de todos los animales nos vincula patológicamente a Sueñan los androides con ovejas eléctricas, de Philip K. Dick (la base del clásico Blade Runner), y a una película que marcó la infancia de más de uno, servidor incluido: Naves silenciosas, también conocida como Naves misteriosas (mejor el original, Silent running, de 1972).

La carretera ha sido bien valorada por todos los sectores en términos generales, lo que demuestra su transversalidad. Es una obra tanto para el lector de Tolstói cuanto para el de Joe Haldeman. Es cierto que ha tenido alguna que otra mala crítica. Sin embargo, los argumentos me parecen injustificados. No es exagerado, por ejemplo, que los protagonistas, padre e hijo pequeño, recorran en dirección al océano los restos de los Estados Unidos por lo que fue una carretera estatal, al mismo tiempo que se ocultan de las bandas de caníbales pederastas que desean pasar con ellos un rato muy poco tolerante y democrático. Casi que yo haría lo mismo. Y diré más: si hay alguna manera novelesca de retratar el Apocalipsis hoy día es justamente ésa. La extinción de la vida y el silencio aterrador acerca de los motivos por los cuales todo termina no hacen sino transmitirle a la obra un lejano pero perceptible eco teológico. Como si Dios hubiera apagado la luz, hastiado de nosotros.

Queda para la Historia de la Literatura un parágrafo final de una brillantez pocas veces vista. Como ocurre con Soy leyenda, de Richard Matheson, la referencia a un pasado reciente ya cristalizado en pretérito anterior escinde el texto para darle el último toque, la compleción del sentido total. Acaso diría Walter Benjamin que es una carretera de dirección única.

Recomendaciones literarias para Navidad 2011 y Reyes 2012

No nos engañemos: desde que vivo en Singapur, recomendaciones literarias las justas. No puedo leer tanto y menos aún en español o catalán. Pero algo tengo por ahí que puedo recomendar, incluso en inglés para quien tire de Amazon o Kinokuniya Singapore (digo yo que éstos envían al extranjero):

Modern Poetry of Pakistan, de varios autores

Ajuste de cuentas, de José Sánchez Tortosa

La canción de Lawino, de Okot p’Bitek

“Border Trilogy”, de Cormac McCarthy (el vínculo lleva a la primera de las tres entradas dedicadas a las tres novelas de la trilogía)

Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain

Far Eastern Tales, de Somerset Maugham (y el segundo volumen More Far Eastern Tales, escritos en Singapur)

Aporia, de Clive En-Kai (pseudónimo de un amigo singapurense a quien ayudé como editor externo durante el repaso final de su primera novela, breve e intimista)

Un rato con Cormac McCarthy, III

En Cities of the Plain, la tercera novela de la trilogía “The Border”, los protagonistas de las dos entregas anteriores, de lectura independiente, ya se han conocido y han trabado amistad. Pero el drama está servido cuando uno de ellos se enamora de una prostituta de Chiapas. Como diría José Luis Núñez, el ex presidente del Barça, “esto es intolerable”.

Pero a lo que iba. McCarthy usa un recurso narrativo muy interesante. Consiste en que ni siquiera el narrador omnisciente lo sabe todo (si hay algún especialista en la sala, que hable ahora proporcionando el nombre del recurso o que calle para siempre), de modo que, para empezar, ya no es omnisciente. Y por si quedaban dudas, el tío te lo suelta por boca de un personaje en la página 277 de la edición de la trilogía en un volumen:

“Where all is known no narrative is possible.”

Otra manera de abordar la eterna cuestión de la narratividad.

Un rato con Cormac McCarthy, II

En The Crossing, la segunda novela de su trilogía “The Border”, volvemos a encontrar un tema recurrente en casi toda la obra de McCarthy: la relación, tantas veces cruel y sangrienta, entre el hombre y la naturaleza, y más concretamente entre nosotros y los bichos que nos son más cercanos (mamíferos). Los otros temas son los de siempre, a saber: la vida y la muerte. De muestra, dos frases encontradas en la página 379 de la edición de Everyman’s Library:

“He said that moreover it could not be otherwise that men’s ends are dictated at their birth and that they will seek their deaths in the face of every obstacle.”

“He spoke as one who seemed to understand that death was the condition of existence and life but an emanation thereof.”

Un rato con Cormac McCarthy, I

Dar conferencias filosóficas en la oficina forma parte de mi nuevo trabajo en Singapur. No es que haya muchos asistentes, pero ni falta que hace porque tampoco caben más de cuarenta, aproximadamente. Algunos son estudiantes de la Singapore Management University, donde trabaja mi jefe pluriempleado, y otros son contactos que se han ido haciendo con el paso del tiempo.

Para mi primera ocasión elegí vincular la institución griega del ostracismo con la novela The Road, de Cormac McCarthy (resumen en el blog de la empresa, a mi cargo). Y aunque no fuera necesario, aproveché para leer la mitad de la bibliografía del americano. Así descubrí su “Border Trilogy”, dedicada al ocaso de los cowboys (la acción transcurre a mediados del siglo pasado). Como en todo lo que hace McCarthy, las reglas ortotipográficas brillan por su ausencia, pero tiene sus motivos y no se los voy a discutir. Los novelones, de primera categoría, son All the Pretty Horses (hay una peli con la inútil de Penélope Cruz), The Crossing y Cities of the Plain. Me las compré en un solo volumen de mil páginas que me confirmó lo que sospechaba: que Cormac McCarthy vivirá para siempre. Ya es un clásico en vida y continuará siéndolo cuando se dé el piro.

Reproduzco en el original inglés un pasaje especialmente brillante de la primera novela de la trilogía. Lo suelta una señora mejicana al protagonista y es un atentado en toda regla a cierto aspecto del historicismo:

“When I was in school I studied biology. I learned that in making their experiments scientists will take some group–bacteria, mice, people–and subject that group to certain conditions. They compare the results with a second group which has not been disturbed. This second group is called the control group. It is the control group which enables the scientist to gauge the effect of his experiment. To judge the significance of what has occurred. In history there are no control groups. There is no one to tell us what might have been. We weep over the might have been, but there is no might have been. There never was. It is supposed to be true that those who do not know history are condemned to repeat it. I don’t belive knowing can save us. What is constant in history is greed and foolishness and a love of blood and this is a thing that even God–who knows all that can be known–seems powerless to change.” [Página 239, edición de Everyman’s Library.]

Pues eso.

Recomendaciones literarias para Sant Jordi 2010

Este próximo viernes, 23 de abril, se celebrará el Día Mundial del Libro. Como propuesta, compendio los libros que he reseñado positivamente desde diciembre pasado:

Vacío perfecto, de Stanisław Lem (Impedimenta), una rareza magistral.

Kaputt, de Curzio Malaparte. La nueva traducción basada en la edición casi definitiva. Publica Galaxia Gutenberg.

Lejos de Toledo, de Angel Wagenstein (Libros del Asteroide). La tercera parte de una trilogía que puede leerse de cualquier manera porque los protagonistas no son comunes.

Destinos intermedios, la segunda novela negra de Octavio Escobar publicada por Periférica.

Todo fluye, de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg).

El ladrón del rayo, de Rick Riordan (Salamandra). Juvenil entretenida.

Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama).

Caballería roja, de Isaak Bábel (Galaxia Gutenberg). Relatos inspirados en la Guerra Polaco-Soviética de 1920-21.

Omega, de Jack McDevitt (La Factoría de Ideas). Pura ciencia ficción espacial.

Prometo ser bueno: cartas completas, de Arthur Rimbaud (Barril & Barral). La primera vez que se publican todas sus cartas en lengua española.

La carretera, de Cormac McCarthy (Mondadori).

Los días contados, de Miklós Bánffy (Libros del Asteroide), la primera parte de la “Trilogía transilvana” del autor húngaro. La segunda, Las almas juzgadas, ya está a la venta.

The Road, la película

Llego tarde a la reseña de la película porque no me gusta ir cuando se acaba de estrenar. Manías personales.

En mi opinión, últimamente hemos tenido el raro privilegio de asistir en directo al nacimiento de una obra mayor en la literatura y de su reflejo excelso en el cinematógrafo. No es una coincidencia que se dé muy a menudo. La versión en imágenes no se separa del texto escrito excepto en la culminación final, mucho más abierta que la original aunque en absoluto errónea desde un punto de vista meramente estético. Nada que objetar.

La crudeza es extrema, más por lo que se insinúa que por lo que se muestra, y las interpretaciones puntúan veinte sobre diez, igual que la dirección y el diseño de producción. El recuerdo amargo de lo que fue y ya no es, y de lo que pudo haber sido y nunca será, te acompañan desde el primer fotograma. En medio, las tres alternativas: el suicidio como única vía de escape, la supervivencia manteniendo a cualquier precio los antiguos valores de la civilización o la subsistencia a través de la eliminación de todo rastro de conciencia que evoque a la humanidad. Ahí, en la elección, se percibe la fuerza de Viggo Mortensen para convencernos de que haría lo que fuera por su hijo, incluso pactar con Dios, pasar por loco y guardar un silencio eterno y solipsista a cambio de que todo volviera a ser como antes. Es decir, a la manera de Tarkovski en Sacrificio.

En conjunto, una clase magistral de cómo sobrevivir al Apocalipsis eludiendo a la chusma caníbal que merodea por ahí.