De San Pablo a Dostoyevski y C.S. Lewis

Un personaje de L’adolescent de Dostoyevski dice, en traducción catalana de Josep M. Güell para Proa:

“—Amic meu, estimar-se les persones tal com són és impossible. I tanmateix s’ha de fer.”

Dijo San Pablo que sin amor no somos nada y que debemos amar incondicionalmente, gratuitamente, al prójimo. Ahí está el meollo: que tengas que hacer algo que es imposible.

En la misma página, Dostoyevski enlaza la idea con algo que he discutido tanto con amigos como con asistentes a la conferencia que di en Singapur acerca de C.S. Lewis: la falsedad que se oculta en los propósitos generales. Dice el ruso por boca del mismo personaje:

“…’l’amor a la humanitat’ s’ha d’entendre només com aquella humanitat que tu mateix has creat dins la teva ànima (en altres paraules, t’has creat a tu mateix i t’estimes a tu mateix) i que per tant mai no existirà en realitat.”

Cuanto más abarca un propósito, cuanto más general es, más difícil deviene su concreción. De ahí que no haya que amar a la humanidad, que de hecho no existe más que como conjunto de individuos (categoría), sino al prójimo específico al cual puedes ver y tocar. Y de ahí que todos esos deseos de “paz en el mundo” y “que se acabe el hambre” sean tan kitsch e ideológicos como inútiles a menos que uno elimine militarmente a quienes impiden que haya paz y prosperidad (familias de dictadores en Corea del Norte, milicias criminales en Somalia, etc.). Tenía razón Walter Benjamin cuando dijo que todo documento de cultura es un documento de barbarie: la civilización se impone a hostias. Nada bueno es gratis.

Volvamos a Lewis. En su artículo clásico “Why I Am not a Pacifist”, escrito como conferencia durante la Segunda Guerra Mundial, el irlandés, veterano de la Primera Guerra Mundial, desarrolló lo siguiente: el hombre es indigente por naturaleza y el mundo es hostil; lo natural es tener que luchar para sobrevivir, y la paz no deja de ser una situación transitoria entre los momentos en que tienes que demostrar lo que vales; así, lo que importa de verdad es la libertad, no la paz, y si tienes que matar para ser libre, hazlo. En fin, todo lo contrario de los ideales imperantes hoy día.

Lewis también trató el asunto en su celebérrima The Screwtape Letters. Pero ésa es otra historia.

Más de Roídis

Anteayer dediqué una entrada a La papisa Juana del griego Emmanuil Roídis, y hoy repito porque un pasaje me ha recodado a C.S. Lewis cuando afirma que en la literatura buscamos una expansión de nuestro propio ser: llegar a donde jamás llegaremos, vivir lo que nos está vetado, siempre adelante, “más allá de la vida” (como escribió Terzakis en Viaje con Venus). Dice Roídis:

“¿Te ha sucedido alguna vez, querido lector, que después de pasar el día leyendo una novela del medievo, como Las aventuras del Rey Arturo o Los amores de Lanzarote y Ginebra, dejes caer el libro y, comparando aquella época con la presente, anheles aquellos tiempos dorados, cuando la piedad, el patriotismo y el amor prevalecían en la tierra?” [Traducción mía.]

Desde luego, llevaría a una discusión interminable establecer si la piedad, el patriotismo y el amor han prevalecido más en unas épocas que en otras. Sea como sea, creo que el parágrafo de Roídis ilustra perfectamente lo que el lector asiduo persigue en la literatura.

Feliz Navidad de parte de C.S. Lewis

Portaos bien. A menos que os toquen mucho las narices, claro:

“Hay muchas cosas por las cuales no valdría la pena que me molestara si sólo fuera a vivir setenta años, pero por las cuales valdría más que me molestara muy seriamente si tuviera que vivir para siempre. Quizá mi mal temperamento o mis celos estén empeorando gradualmente, tan gradualmente que el incremento no sea demasiado evidente en setenta años. Pero podría ser un infierno absoluto en un millón de años. De hecho, si el cristianismo es cierto, ‘Infierno’ es precisamente el término técnico correcto para lo que sería. Y la inmortalidad comporta otra diferencia que, de paso, tiene cierta conexión con la diferencia entre totalitarismo y democracia. Si los individuos viven sólo setenta años, entonces un Estado, o una nación, o una civilización, que pueden durar mil años, son mucho más importantes que un individuo.” [Mere Christianity, HarperCollins (Londres, 2001), páginas 74-75; traducción mía.]

C.S. Lewis, lunes 28 de septiembre de 1931

Entrada dedicada a los lectores cristianos de este blog, y especialmente a los seguidores de C.S. Lewis.

Hoy hace 78 años que el de Belfast se convirtió. Fue en el sidecar de la moto que conducía su hermano, en plena marcha. Veo venir la broma fácil, así que me avanzo: no, no estuvieron a punto de tener un accidente.

Este paso definitivo en su lento abandono del ateísmo comenzó pocos días antes, el sábado 19 de septiembre, durante una conversación con Tolkien y Dyson que terminó a las 4 de la madrugada.

No podía dejar pasar una coincidencia de fechas como ésta, y menos a pocos días de defender un doctorado que trata justamente de Lewis. Tampoco es la primera vez que hablo del británico. Dediqué entradas a dos días que le cambiaron la vida: su llegada al frente durante la Primera Guerra Mundial y el día en que conoció a Tolkien.

Dos años mareando con este blog

Que sí, que ya van dos años haciendo el subnormal en internet. Ya me lo decían mis padres, que esa carrera no me serviría para nada.

Víctima del hastío de mí mismo, compendio las diez entradas que me parecen más interesantes entre la multitud inabarcable de memeces que he pergeñado. Por orden cronológico relativo a los últimos doce meses:

Monografía: Arthur Machen

Tolkien y Lewis, tal día como hoy

Las veintiséis palabras según Dolgopolsky

Entrevista exclusiva del Proyecto Seléucida a Joe Haldeman

Cómo no hay que escribir, I: Presentación

Entrevista del Proyecto Seléucida a Sergi Puertas

Entrevista de este blog a Robert Lozinski, autor de la novela La ruleta chechena

Entre Aldous Huxley y Richard Matheson

Defensa de la literatura griega en lengua española

Consejos para escritores, gentileza de Mamet

Homero en la Primera Guerra Mundial

Siempre hay un desfase entre lo que nuestra imaginación nos dicta cuando nuestra virginidad aún está intacta en algún aspecto, y lo que la realidad nos impone la primera vez que hacemos algo. Me ha parecido notable la descripción de C.S. Lewis cuando llegó al frente durante la Primera Guerra Mundial:

“Era la primera bala que oía, tan lejana de mí que silbó como la bala de un periodista o la de un poeta en tiempos de paz. En aquel momento había algo que no era exactamente miedo, y menos aun indiferencia: una pequeña señal temblorosa que decía ‘Esto es la guerra. Esto es de lo que Homero escribió’.” [Surprised by Joy, Harcourt, 1994. Página 196, traducción mía.]

En español, la autobiografía de Lewis circula como Cautivado por la alegría (Encuentro), aunque el título no mantiene el juego de palabras del original: la mujer de Lewis se llamaba Joy.

La aglutinación, del sumerio al inglés

Una lengua aglutinante (‘agglutinative’, en inglés) es aquélla que expresa las relaciones gramaticales acumulando afijos. A pesar de que los afijos puedan ser tanto prefijos (antes de la palabra) como infijos (dentro) o sufijos (después), generalmente serán sufijos. Un ejemplo de lengua aglutinante viva es el vasco, y un ejemplo clásico de muerta es el sumerio.

Para verlo claramente, acudamos a un ejemplo. Si el español fuera aglutinante, en lugar de decir “Voy a Atenas” diríamos “Voy Atenas-a”. Es decir, típicamente las preposiciones son postposiciones, dado que se colocan detrás.

El griego antiguo no era aglutinante, mas tenía ciertos rasgos. Por ejemplo, “Voy a Atenas” se podía decir con preposición y artículo, “Εις Αθήνας έρχομαι” (“A Atenas voy”), o bien con sufijo aglutinante, “Αθήναζε έρχομαι” (simplifico la acentuación).

En uno de sus textos (creo que era una carta personal), C.S. Lewis decía que no era el caso ponerse quisquilloso con el uso inglés de las preposiciones como postposiciones en el habla del siglo XX, porque tal uso ya estaba documentado en Shakespeare y contaba con pedigrí. Un ejemplo de sintaxis aglutinante en inglés sería “What for?” (“¿Para qué?”), donde la preposición actúa de postposición. No es casual que el uso de las preposiciones en inglés dificulte tanto a los hablantes de lenguas no aglutinantes como las neolatinas.

Para terminar, un ejemplo fetén de sintaxis aglutinante. Lo saco de mi Gramática de la lengua sumeria, de Rafael Jiménez Zamudio (Ediciones Clásicas). Veremos una estructura A-B-C-C1-B1-A1, donde el último substantivo (C) va seguido de sus complementos (C1), de modo que los otros substantivos quedan proporcionalmente alejados de sus complementos (simplifico la escritura y la pronunciación):

Frase original: “Ses                  ir         lugal     gu-ak    ak       ene-ra”

Literalmente: “Hermanos    esclavo     rey       mi-de    del     los-para”

Es decir: “Para los hermanos del esclavo de mi rey”

Cualquiera coge una máquina del tiempo y se va a ligar con sumerias si hay que hablar así.

Entrevista exclusiva del Proyecto Seléucida a Joe Haldeman

(Quien desee consultar la entrevista original en inglés, no tiene más que pedírmela.)

Señor Haldeman, en primer lugar le agradezco su tiempo. Los bloggers y lectores españoles de ciencia ficción aprecian mucho su trabajo. Dado que lo deben de haber entrevistado centenares de veces, intentaré que esta entrevista sea un poco diferente, preguntándole no sólo por usted y su trabajo sino por otros asuntos.

Pregunta: Me gustaría saber su opinión acerca del famoso artículo que escribió Stanislaw Lem. Dijo, entre otras cosas, que Philip K. Dick era no sólo el mejor sino el mejor con mucha diferencia sobre el resto de escritores de ciencia ficción americanos. (Estoy de acuerdo con la mitad del artículo, pero no con la parte dedicada a alabar sólo a Dick.)

Respuesta: Me temo que sólo conozco de oídas el artículo de Lem. No es mi crítico favorito.

P.: Creo que la Trilogía Cósmica de C.S. Lewis (Out of the Silent Planet, Perelandra y That Hideous Strength) es bastante buena en el género de la ciencia ficción, especialmente los dos primeros libros. Su amigo Tolkien, también cristiano, pensaba que Lewis se equivocaba introduciendo la religión en sus novelas de ciencia ficción. Ese puede ser el motivo por que los lectores de la llamada “ciencia ficción dura” no aprecien mucho a Lewis. Me gustaría saber su opinión.

R.: Pensaba que Lewis era un buen escritor, pero el contenido religioso de la Trilogía Cósmica hizo que abandonara el primer libro antes de terminarlo. La ciencia ficción no es útil para la religión, o viceversa.

P.: Según las religiones judía, cristiana y musulmana, la Tierra es el único lugar con vida inteligente y el único teatro donde se interpreta la Historia de la Salvación. El descubrimiento de vida alienígena racional significaría que están profundamente equivocadas. Por lo que sé, este aspecto teológico de una guerra interestelar carece de importancia para los escritores cuando describen la situación de la Tierra durante una guerra con alguna especie alienígena. Habría una guerra civil generalizada en nuestro planeta.

R.: Estoy seguro de que cualquier predicador, rabino o ayatolá que se precie encontraría un texto que justificase o incluso predijera la vida alienígena. Esos libros son totalmente ambiguos.

P.: Usted tiene tres novelas con la palabra ‘forever’ en el título: The Forever War, Forever Peace y Forever Free, cronológicamente. Pero no se trata de una trilogía porque el segundo libro es independiente. No obstante, muchos lectores se confunden pensando que es una trilogía.

R.: Lamento crear tal confusión. Cuando escribí Forever Peace no tenía ni idea de que terminaría escribiendo una secuela de The Forever War años más tarde. Robert Silverberg me animó.

P.: Cuando escribió Forever Peace, ¿tenía en mente la noción kantiana de “paz perpetua”?

R.: No, pero el Imperativo Categórico llevaría a la paz perpetua si la gente lo siguiera.

P.: En general, se considera que The Forever War es su obra maestra. Además, en la Wikipedia he observado que a usted se lo cataloga como “escritor de ciencia ficción militar”. ¿Está de acuerdo con ambas afirmaciones?

R.: No estoy de acuerdo con ninguna de las dos. He escrito más de veinticinco novelas, y sólo tres de ellas pertenecen a la ciencia ficción militar. (El término “escritor de ciencia ficción militar” tiene, en la ciencia ficción americana, un significado específico que no es del todo complementario. La ciencia ficción militar es un subgénero distinto que tiende a ser de derechas y de pocos matices). No se puede discutir que The Forever War es mi novela más exitosa. Pero he escrito, al menos, docenas que me gustan más.

P.: En 2008 ó 2009 se estrenará la película Ender’s Game, basada en el conocido clásico de la ciencia ficción escrito por Orson Scott Card. ¿Cabe esperar una película basada en The Forever War?

R.: A la larga. Ya la deberían haber hecho.

Tolkien y Lewis, tal día como hoy

Hoy hace 82 años que John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) y Clive Staples Lewis (1898-1963) se conocieron. Sucedió el 11 de mayo de 1926 en la Universidad de Oxford. Años después, Lewis (para los despistados: el autor de La Trilogía Cósmica y Las Crónicas de Narnia) lo relataría de esta guisa en sus memorias Surprised by Joy (Cautivado por la Alegría):

“[…] Cuando comencé a enseñar en la Facultad de Inglés hice otros dos amigos, ambos cristianos (esta gente tan extraña parecía brotar por todas partes), quienes más tarde me resultarían de mucha ayuda para superar el último obstáculo [en la conversión de Lewis al cristianismo, aclaro]. Eran H.V.V. Dyson (de Lectura a la sazón) y J.R.R. Tolkien. La amistad con el último marcó la caída de dos antiguos prejuicios. Al llegar al mundo me avisaron (implícitamente) de que no creyera nunca a un papista, y al llegar a la Facultad (explícitamente) de que no creyera nunca a un filólogo. Tolkien era ambas cosas.” [La traducción del parágrafo es mía.]

Los Inklings (“Indicios”) era el grupo de amigos que se reunía para charlar acerca de literatura:

“[…] Este grupo de amigos personales y profesionales solía reunirse los jueves por la noche en las estancias de Lewis, y con frecuencia los martes al mediodía en el Eagle and Child (comúnmente llamado “Bird and Baby”), un pequeño pub especializado en una sidra notable [o sea, bromeaban pasando el nombre de “El Águila y el Chico” a “El Pájaro y el Crío”]. Las reuniones nocturnas se dedicaban usualmente a la lectura, en voz alta, de una parte de algún libro en composición, seguida de una crítica directa. Después de que el carismático Charles Williams se uniera al grupo […] los Inklings llegaron a su apogeo. En una reunión se podía encontrar a Lewis leyendo un capítulo de Perelandra, o a Williams leyendo un fragmento de All Hallows’ Eve, o a Tolkien leyendo del futuro Lord of the Rings. […]” [Chad Walsh, The Literary Legacy of C.S. Lewis; la traducción del parágrafo es mía.]

Quien desee profundizar en la amistad entre estos dos gigantes no encontrará nada en la película Shadowlands, y hallará más bien poca información en los tres volúmenes de cartas de Lewis (cada uno de 1000 páginas), dado que ambos se veían casi a diario, y por eso no tenían motivos para escribirse. Las mejores fuentes son The Inklings: C.S. Lewis, J.R.R. Tolkien, Charles Williams and their friends, de Humphrey Carpenter (HarperCollins Publishers) y Tolkien and C.S.Lewis. The Gift of Friendship, de Colin Duriez (Hidden Spring). Comprar de segunda mano en Amazon sale a cuenta.

Y una cosa más: Tolkien y Lewis tuvieron sus más y sus menos, como sucede con toda amistad que se precie. Lo tenéis en The Stone Table.

Y el Proyecto Seléucida cumple un año

Tal día como hoy de 2007, el Proyecto Seléucida se puso en marcha. Después de madurar la idea, mi amigo informático y yo decidimos abrir camino con un blog que fuera, al mismo tiempo, agencia literaria; o, de otro modo, una agencia que fuera un blog. Una innovación arriesgada, pero funciona: en febrero de 2008 publicamos El desorden, de Juan Carlos Girauta, en Belacqua (Grupo Norma para América), y en mayo saldrá Cómo destruir ángeles, de Sergi Puertas, en Cahoba.

La chispa del proyecto saltó cuando vi la forma en que diversos profesionales del sector, sea cual sea el trabajo que desempeñen, tratan a los autores desconocidos: pueden tardar seis meses en decirles si sus novelas les interesan, suponiendo que terminen contestándoles. Por eso me propuse cambiar el mecanismo y contestar en una semana. Siempre. El tiempo es precioso, y no quiero que nadie lo pierda por mí.

Así, este año hemos resistido los embates de la basura literaria con vuestra ayuda, sin olvidar elementos frikis imprescindibles como Godzilla o Carnosaur. Os estamos infinitamente agradecidos por vuestra paciencia, y como recapitulación formularé la lista de las que han sido, en mi opinión, las entradas más interesantes que he escrito, al margen de lo que diga el sistema automático de medición de popularidad que se refleja en la barra lateral. Por orden cronológico natural:

Flores para Algernon, de Daniel Keyes

La fricada de la semana (IV): origen etimológico de la palabra ‘friki’

Acerca de Nocilla Dream, de Agustín Fernández Mallo

Blade Runner: The Final Cut, en el Festival de Cine Fantástico de Sitges

De Bram Stoker a Richard Matheson

La tarea del crítico

La imagen como principio: de Mary Shelley a C.S. Lewis

El hígado y el bazo: de Baudelaire a Benjamin pasando por Kipling

Lengua de cultura y lengua global

Reformulación de la lista de las diez peores novelas del milenio en lengua española

Además, os comunico que estamos actualizando el blog a la última versión de WordPress. Lleva tiempo, pero esperamos terminar antes de la segunda quincena de mayo. Si observáis algún problema, seguramente se deba a eso.