Vasili Grossman y el fútbol

Stefan Zweig narra en El mundo de ayer que ni él ni muchos de sus compañeros de colegio estaban sanotes porque no practicaban deporte. Se ve que ni siquiera corrían a la hora del patio. Y eso de hacer una pelota con los envoltorios de los bocadillos y ponerse a jugar sería cosa de marcianos, suponiendo que los críos, durante el Imperio Austrohúngaro, tomasen un tentempié a media mañana. Ni idea.

Por otro lado, Albert Camus jugaba al fútbol a un nivel alto, concretamente como portero si no erro, y Alban Berg era seguidor del Sportklub Rapid Wien. Pobre hombre, sólo se puede caer más bajo siguiendo al LFLS Kaunas, que encima ya ni existe… y acabo de darme cuenta de que Berg se parecía a Oscar Wilde.

Toda esta pérdida de tiempo viene a cuento de que, en la página 8 de Todo fluye, Grossman dice:

“Se habían pasado el viaje [en tren] jugando a las cartas, bebiendo, comiendo, hablando acerca de películas, discos, mobiliario, los balnearios de Sochi, la gricultura socialista, qué equipo de fútbol tenía la mejor línea ofensiva, si el Dinamo o el Spartak…” [Traducción de Marta Rebón para Galaxia Gutenberg; negritas mías.]

He tirado de Wikipedia porque mis conocimientos futbolísticos tienen un límite. La narración se sitúa alrededor de 1955, poco después de la muerte de Stalin, y durante esos años los campeonatos de la Liga Soviética fueron para:

1952: Spartak de Moscú
1953: Spartak de Moscú
1954: Dinamo de Moscú
1955: Dinamo de Moscú
1956: Spartak de Moscú
1957: Dinamo de Moscú

De ahí que suponga que Grossman se refiere a los siguientes delanteros:

Dinamo: Vladímir Vasílievich Ilyín y Vladímir Savdunin.
Spartak: Nikolái Dementyev, Víktor Mishin y Borís Tatushin.

Alguien dirá, siguiendo a Revel, que esto es conocimiento inútil. Pues mala suerte.

Autómatas

Aviso: por motivos informáticos, escribo el griego antiguo sin espíritus.

Mientras reseñaba El rival de Prometeo, compendio magistral de textos publicado por la editorial Impedimenta acerca de los autómatas, recordé cierto desajuste filológico entre Aristóteles y los filólogos modernos. Iré por partes.

En el libro segundo de la Física explica el Estagirita la distinción entre suerte (‘τύχη’, ‘týche’ en transcripción y ‘fortuna’ en lengua latina) y casualidad (‘αυτόματον’, ‘automatum’ en adaptación de neutro griego a neutro latino y ‘casus’ en lengua latina). Ambas son causas accidentales. Todo lo que sucede por suerte sucede por casualidad, pero no a la inversa, de modo que la suerte es, por decirlo así, un subconjunto de la casualidad. Hay suerte cuando hay intención. Por ejemplo, en los juegos de azar, porque uno quiere ganar. O cuando vamos a usar como puente un árbol casualmente caído sobre las dos orillas de un riachuelo, decimos que por suerte o afortunadamente nos es útil.

La palabra española ‘autómata’, la catalana ‘autòmat’ y la inglesa ‘automata’, pues, vienen del plural neutro de la adaptación latina ‘automatum’ (igual que la latina ‘curricula’ es el plural neutro del singular ‘curriculum’). Mas ¿qué ocurre con la etimología?

Es comúnmente aceptado que, en griego antiguo, el adjetivo ‘αυτόματος’ viene del pronombre y adjetivo ‘αυτός’ (‘el mismo’, ‘el propio’) más una forma derivada del verbo ‘μαίομαι’ (transcripción española ‘máiomai’: ‘procurar’, ‘buscar’). Así, según la interpretación oficial, el significado de ‘autómata’ es ‘que se mueve por sí mismo’, sin referencias a la finalidad.

Luego está la versión de Aristóteles, muy curiosa. Según su opinión (en 197b18-32), la segunda parte no es correcta porque ‘μάτος’ viene del adverbio ‘μάτην’ (léase ‘maten’), que significa ‘en vano’. Así, ‘autómata’ significaría ‘por sí mismo y sin finalidad’, o sea, ‘espontáneo’.

Personalmente, aunque el juicio de Aristóteles sea el de un hablante natural de la lengua y parezca así tener más autoridad, estoy con los filólogos modernos.

Recomendaciones literarias para el verano 2009

El lector perspicaz observará que cada vez hago menos reseñas literarias. Eso se refleja en el número de recomendaciones literarias agrupadas en entradas como ésta. Siempre pasaban de largo la docena, mientras que ahora no llegan. El motivo es que se han producido algunos cambios en mi vida personal y profesional desde que inauguré el blog hace más de dos años, y el ritmo de trabajo ha cambiado. Lamentablemente, es muy posible que los Premios Seléucidas de fin de año también se vean perjudicados.

En fin, ahí van los libros que he reseñado positivamente desde la última compilación de recomendaciones, la del 23 de abril (Día Mundial del Libro):

Descubrimiento argentino: El enigma de Herbert Hjortsberg, de Hugo Correa Luna (El Cobre)

Giacomo Leopardi en edición bilingüe: Cantos · Pensamientos (Galaxia Gutenberg)

Jazz: Nostalgia de Charlie Parker, de Robert George Reisner (Global Rhythm Press)

Monólogo con cargas de profundidad: La mar nunca está sola, de Robert Saladrigas (Alfaguara)

Novela histórica: El testamento de Aristóteles, de Alfredo Marcos (Edilesa)

Otro descubrimiento argentino: Rabia, de Sergio Bizzio (El Cobre)

Primera traducción desde la edición definitiva: La virgen y el gitano, de D.H. Lawrence (Impedimenta)

¿Qué hacía Bernhard Schlink antes de hacerse famoso?: El regreso (Anagrama)

Shalamov reloaded: Relatos de Kolimá II (Minúscula)

Una de miedo para cag*rse encima: El espectáculo del vampiro, de Richard Laymon (La Factoría de Ideas)

Universidad púbica

No, el título no es un error.

Si alguien se pregunta por qué las universidades españolas están en caída libre (y lo que queda), quizá halle una parte de la respuesta en lo que voy a explicar. Hace unas semanas, la patulea okupa tenía medio bloqueado el edificio central de la Universidad de Barcelona (Plaza Universidad) en otro acto “reivindicativo” (para usar la cursilada de TV3). La verdad es que uno no deja de sorprenderse de que las autoridades permitan que actúen así individuos a quienes ni siquiera se les permitiría embarcar en un vuelo de Singapore Airlines.

Así las cosas, esa gentuza usaba las aulas no sólo para dormir. Y es que, llegados a cierto punto, los representantes de los okupas se dirigieron a las instancias universitarias para que les permitieran okupar más aulas. El motivo: las okupas lesbianas gritaban tanto de noche, en el cénit de sus orgasmos, que no los dejaban dormir.

Salvando las distancias (o no, porque no me extrañaría que sucediera lo mismo), en Grecia es normal que, cada año, algo así como una cuarta parte de las horas lectivas se pierdan porque los anarquistas balcánicos bloquean violentamente las universidades públicas. Un profesor de la Facultad de Filosofía de la UB, sabiendo que he vivido tres años en Grecia, me preguntó atónito cómo era posible que le llegase una alumna griega de 21 años a través del programa Erasmus y que no supiera quién fue Aristóteles. Mi respuesta lo dejó más atónito si cabe. No sorprende que las universidades griegas sean un desierto cultural. Y no será por falta de buenos especialistas, que los hay, sino porque el sistema se ha colapsado por la ineficacia generalizada propia de un país instalado en la dejadez más absoluta (os recuerdo que en Grecia uno no se saca jamás el carné de conducir si no entrega discretamente un sobre con 300€ al examinador; incluso los sobornos tienen tarifa fija). Viendo el panorama, un amigo griego, neurólogo liberal, me dice que las cosas sólo se solucionarán allí cuando el Estado helénico quede abolido para que Bruselas gobierne el país directamente; otro amigo, periodista de extrema izquierda formado en Alemania, confiesa perplejo que no sabe cómo continúa existiendo su país.

Volviendo a España y a los orgasmos universitarios, el Plan Bolonia, que es un buen plan, no va a arreglar nada porque aquí el problema es otro, y mucho más profundo. No es académico sino sociológico y filosófico, e íntimamente vinculado a la psicología de las masas.

Lectura obligatoria

Hablando con una amiga acerca de que La sombra del viento sea lectura obligatoria en algunas escuelas, se me ocurrió escribir esta entrada. Malos profesores los ha habido siempre, mas ahora parece que abundan en demasía. Signos de los tiempos, diríamos bajo un punto de vista teológico. Uno no puede evitar la perplejidad más extrema cuando en el país no ya de Cervantes (evitaré tópicos) sino de Emilia Pardo Bazán, muchos profesores de literatura en general, y de lengua española en particular, ponen como lectura obligatoria a Carlos Ruiz Zafón o a John Boyne y su niño con pijama rayado. (Aprovecho para aclarar que el título más correcto sería El niño con el pijama a rayas, no de rayas.) Libros que ni aportan nada ni llevan a ninguna parte.

Es lamentable que el nivel de formación que atesoran (es un decir) algunos profesores sea tan bajo. Si un licenciado en Filología no está capacitado para discernir qué textos son convenientes para la correcta formación del alumno, la transmisión del conocimiento se trunca. Pues como aseveró Aristóteles en la Ética nicomaquea:

“[…] Por eso hay que recibir cierta educación desde la juventud, como dice Platón: para alegrarse y entristecerse como es debido. Ésta es, efectivamente, la educación correcta.”

Mañana me extenderé en esto.