Qué es una buena novela y por qué

Dijo un amigo, en uno de sus pocos momentos de sobriedad intelectual, que las películas que no pasan de “estar bien” son especialmente dignas porque nos recuerdan que existe esa franja difusa donde se emplaza lo que, sin ser realmente grande, está hecho con oficio y profesionalidad.

Lo mismo sucede con las novelas. Si uno compra al azar, probablemente lea muchas obras correctas, algunas aberraciones y algunas obras maestras. O al menos eso sugieren tanto la estadística cuanto el sentido común. Sin embargo, como en la entrada “Qué es una mala novela y por qué” de la semana pasada tomé a guisa de ejemplo lo peor de lo peor, hoy me centraré no en narrativa solamente digna sino en obras mayores, de un alcance literario paradigmático y sin tomar en consideración que sean clásicos o superventas. Para ello me valdré del reverso de la división cuádruple que formulé:

1. Bien escrita gramaticalmente.

El texto es un ejemplo de riqueza en todos sus aspectos: corrección sintáctica, pulcritud estilística, innovación léxica cuando sea necesaria sin caer en vulgarismos injustificables ni estupideces, etc. Por lo que se refiere a la lengua española, hace décadas que este tipo de excelencia se halla más bien en autores hispanoamericanos. El nivel literario de la mayoría de autores españoles ha permanecido estancado en cierta complacencia creativa, cuando no ha caído directamente en picado. Novelas ejemplares: Saide, de Octavio Escobar; Of Mice and Men, de Steinbeck; The Egoist, de George Meredith.

2. Bien escrita descriptivamente.

Lo que el autor describe se entiende con claridad: no se fuerza el texto de modo ampuloso ni redundante ni kitsch. Las metáforas son precisas. No hay confusión. Novelas ejemplares: El cupón falso, de Tolstói; Robinson Crusoe, de Daniel Defoe; The Three Impostors, de Arthur Machen.

3. Bien escrita narrativamente.

El autor nunca pierde el control de la obra. Nada está fuera de lugar, ni sobra, ni falta. Las estructuras narrativas no se diluyen. Novelas ejemplares: La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig; Solaris, de Stanisław Lem; Tots tres surten per l’Ozama, de Vicenç Riera Llorca; El corzo herido de muerte, de Antonio Priante; Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis.

4. Bien escrita ideológicamente.

Ya expliqué la semana pasada que no estoy usando la palabra “ideología” en sentido político sino en sentido estético. Una narración está bien escrita ideológicamente cuando su actualidad no decae por más años que pasen. El lenguaje que usa está vivo al cabal, no se desintegra ni cristaliza en una impostura caduca. El Quijote es el modelo por antonomasia, pero hay muchos más: Los hermanos Karamázov, de Fiódor Dostoyevski; Heart of Darkness, de Joseph Conrad; Treasure Island, de R.L. Stevenson; Rayuela, de Julio Cortázar.

Está claro que las obras maestras son las que caen en esas cuatro categorías al mismo tiempo. Muchas de las novelas mencionadas cumplen tal condición, mas he preferido obviar repeticiones para dar color y variedad a la entrada. Ahora los análisis.

1. Análisis de buena escritura gramatical.

  • Saide, de Octavio Escobar (Periférica, 2007 aunque original de 1995).

“Tal vez el motor no dejó que me oyera. Quería fumar pero intenté pensar en otra cosa. Sólo recordé la escena tantas veces repetida de un niño que se ahoga mientras su padre observa imperturbable; mi chapaleo inútil y el ascenso de la línea de pequeños azulejos verdes que coincidía con el nivel líquido. Volvieron las burlas y ese doloroso deseo de que, cansado de tanta torpeza, me sacara de la piscina del club militar para comenzar su exhibición de velocidad y estilo, la silenciosa humillación. El castigo lo inventaba en el camino a casa”. (Página 11.) No por casualidad esta novela ganó el Premio Crónica Negra Colombiana. Periférica también publicó Destinos intermedios, que está relacionada con ella sin llegar a ser una segunda parte.

  • The Egoist, de George Meredith (Signet Classics, 1963 aunque original de 1879).

“The world was the principal topic of dissension between these lovers. His opinion of the world affected her like a creature threatened with a deprivation of air. He explained to his darling that lovers of necessity do loathe the world. They live in the world; they accept its benefits and assist it as well as they can. In their hearts they must despise it, shut it out, that their love for one another may pour in a clear channel and with all the force they have”. (Página 49.) Meredith es un autor extremadamente complejo. Esta muestra no es de las más espectaculares de la novela porque me he limitado a abrirla al azar.

2. Análisis de buena escritura descriptiva.

  • El cupón falso, de Tolstói (Nórdica, 2008, traducción del ruso de Víctor Gallego). Está en un solo volumen junto con Jadzhi Murat.

“Fiódor Mijáilovich Smokovnikov, presidente de la Cámara de Comercio, hombre de integridad intachable, de la que se sentía orgulloso, liberal a ultranza y no sólo librepensador, sino contrario a cualquier forma de religiosidad, que consideraba un residuo de supersticiones antiguas, había regresado a casa de su despacho en una pésima dispososición de ánimo. El gobernador le había enviado una carta de lo más estúpida, en la que se daba a entender que Fiódor Mijáilovich no se había comportado como debía. Éste se había puesto como una fiera y se había aprestado a redactar una respuesta cáustica y mordaz”. (Página 197.) No hablo ruso, y de hecho ni falta que hace. La novela está traducida ejemplarmente. El texto español fluye a la perfección.

  • Robinson Crusoe, de Daniel Defoe (Wordsworth Classics, 2000 aunque original de 1719).

“The entrance into this place I made to be not by a door, but by a short ladder to go over the top; which ladder, when I was in, I lifted over after me, and so I was completely fenced in, and fortified, as I thought, from all the world, and consequently slept secure in the night, which otherwise I could not have done; though as it appeared afterwards, there was no need of all this caution from the enemies that I apprehended danger from”. (Páginas 44-45.) La riqueza expresiva de la lengua inglesa usada en este libro lo convierte en más actual que cualquier payasada de Dan Brown escrita hace dos días.

3. Análisis de buena escritura narrativa.

En este apartado no tiene sentido citar textos porque la narratividad se discierne a lo largo de la obra. Sería fútil reproducir parágrafos.

  • El corzo herido de muerte, de Antonio Priante (Cahoba, 2007; Leer-e, 2012, en formato electrónico).

Después de su también magistral El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, el barcelonés Priante se salió con una novela epistolar acerca del suicidio del romántico español Mariano José de Larra. De ahí el título: en una de sus cartas reales a su amigo Ventura de la Vega, Larra se refirió a sí mismo como “un corzo herido de muerte”. La genialidad absoluta de Priante radica en la vuelta de tuerca final de la obra. Leer para creer.

  • Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (Rey Lear, 2008, traducción mía).

Ésta es la mejor novela de Terzakis, digan lo que digan en Grecia, donde la entienden como una obra para adolescentes. Como si, asimismo, The Catcher in the Rye de Salinger fuera sólo eso. El excepcional sentido narrativo del autor, uno de los mayores intelectuales de la Grecia del siglo pasado, formado profundamente en Nietzsche y Dostoyevski, nos regala una novela de hondura filosófica y psicológica inconmensurable.

4. Análisis de buena escritura ideológica.

Me limito a una sola muestra:

” ‘Anything approaching the change that came over his features I have never seen before, and hope never to see again. Oh, I wasn’t touched. I was fascinated. It was as though a veil had been rent. I saw on that ivory face the expression of somber pride, of ruthless power, of craven terror—of an intense and hopeless despair. Did he live his life again in every detail of desire, temptation, and surrender during that supreme moment of complete knowledge? He cried in a whisper at some image, at some vision,—he cried out twice, a cry that was no more than a breath—
“The horror! The horror!” ‘ “. Paradigma de narración sin fecha de caducidad.

Como dije la semana pasada, ésta no es más que una manera de analizar la narrativa. Hay otras y todas son útiles mientras sean razonables.

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Qué es una mala novela y por qué

Desde que abrí tanto este blog como su cuenta en Youtube años ha, he venido leyendo comentarios de índole diversa (agresivos, insultantes, comprensivos, etc.) a mis opiniones literarias. Los dos primeros adjetivos entre paréntesis los aplico a comentarios provenientes, exclusivamente, de malos lectores; es decir, de lectores que no atienden a razones y se sienten ofendidos cuando se les dice que cierta narrativa no atesora calidad alguna. Pues el mal lector no es tanto quien no distingue las obras buenas de las malas cuanto quien se muestra incapaz a la hora de entender explicaciones y ejemplos. Dicha incapacidad para el entendimiento viene más bien de la falta de formación en teoría literaria y filología, toda vez que el gusto mero es educable y modificable mediante instrumentos apropiados, máxime a través de una disposición adecuada al estudio y a lo abstracto.

La falsa división del saber entre ciencias y letras ha llevado a que la objetividad caiga del lado de las primeras y la subjetividad del lado de las segundas. Las matemáticas y la física son lo que son, mas en literatura todo es opinable. O eso se oye por ahí. Yo no lo he dicho ni creído nunca. Es más: se puede razonar y argumentar de modo claro y preciso por qué un libro es objetivamente malo y no contribuye en absoluto a la instrucción de nadie.

Vayamos al grano: ¿Qué es mala literatura? Fácil: mala literatura es aquélla que está mal escrita. Ahora bien: ¿Qué significa “mal escrita”? ¿Cómo lo defines? Hay varias maneras de enfocar la cuestión. Una manera muy distinta, a mi juicio, es mediante la siguiente división cuádruple:

1. Mal escrita gramaticalmente. La lectura se dificulta por motivos estrictamente gramaticales: períodos enteros resultan del todo incomprensibles, o no se entienden parcialmente porque hay algo que está diáfanamente mal. Quien entra en esta categoría toca fondo y debería dedicarse a otra cosa por el bien de la humanidad, a menos que se haga millonario. Novelas ejemplares: la, por desgracia, inolvidable La sombra del viento de Zafón y La Profecía del Laurel, de Jesús Ávila Granados. Cabe añadir que la presencia de errores gramaticales indica dejadez por parte del editor e impericia profesional por parte del corrector, suponiendo que se haya pagado a alguien para que desempeñe la labor. Muchas editoriales se saltan tal paso para ahorrarse dinero.

2. Mal escrita descriptivamente. No se entienden las descripciones. Las metáforas son erróneas. Novelas ejemplares: las dos antedichas y Pasión india, de Javier Moro.

3. Mal escrita narrativamente. Toda novela es un monstruo de Frankenstein que deviene paulatinamente autónomo y cuyo control el autor puede perder. Es más habitual de lo que parece y sucede en las mejores familias. Novelas ejemplares: La sombra del viento, La Profecía del Laurel, The Boy in the Striped Pajamas de Boyne (mal traducida como El niño con el pijama de rayas, ya que los pijamas son a rayas; otra muestra de dejadez editorial: no saben ni escribir un título correctamente) y, sin que sirva de precedente, Underworld de Don DeLillo, maestro de las letras peligrosamente postmoderno a quien le salió el tiro por la culata en esta ocasión.

4. Mal escrita ideológicamente. La palabra “ideología” no tiene necesariamente una mala acepción. Aquí significa “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza determinado pensamiento”. Una narración está mal escrita ideológicamente cuando usa un lenguaje falaz, melifluo, amanerado, caduco, pomposo, edulcorado, presuntamente provocador, cursi, en general o con el propósito específico de adscribirse a una corriente, a un género o a un movimiento, estén históricamente cerrados o no (el simbolismo de William S. Burroughs está cerrado pero el postmodernismo de Cormac McCarthy está abierto). Novelas ejemplares: La sombra del viento otra vez; El Palacio de la Medianoche, también de Zafón; The Warlord Wants Forever, de Kresley Cole; The Boy in the Striped Pajamas, de Boyne. La obra nace muerta porque nace pasada de moda, engendrada accidentalmente, a pesar de la intención del autor, como caricatura de mal gusto, imagen distorsionada de lo que pudo haber sido, jamás fue y nunca será. Este tipo de ideología estética está íntimamente relacionada con lo que Theodor Adorno llamaba “desintegración de los materiales”: la característica del mal arte es el desgaste, la caducidad, la falta de actualidad.

Es evidente que las obras peores son las que caen en las cuatro categorías al mismo tiempo, como La sombra del viento. Sin embargo, para dar riqueza a la entrada tomaré todas las mencionadas a guisa de ejemplo. Procedo.

1. Análisis de mala escritura gramatical.

  • La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón (Planeta, tapa dura, 33ª edición, marzo de 2004).

“Un secreto vale lo que aquellos de quienes tenemos que guardarlo”. (Página 17.) ¿¿Cómo??

“El día de mi dieciséis cumpleaños […]”. (Página 63.) Pues no. Es “decimosexto”.

“El interfecto me indicó que me acercase, como si quisiera susurrarme al oído”. (Página 303.) ¿El asesinado hacía indicaciones? ¡Milagro!

2. Análisis de mala escritura descriptiva.

  • La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón (ídem).

“Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido”. (Primer parágrafo.) Vamos a ver… Situémonos: amanece un “sol de vapor” (¿sol que riela en el horizonte?) en un “cielo de ceniza” (¿acaso nebuloso? ¿quizá muy gris? ¿plomizo?). Hasta aquí, confuso y manifiestamente difícil en verano en Barcelona, pero concedo que sea atmosféricamente posible. Ahora bien: ¿Está Zafón al tanto de que una guirnalda es una corona o tira tejida de flores y ramas, y de que cualquiera que haya paseado por la Rambla de Santa Mónica (o, de hecho, por cualquier otra parte del planeta) sabe que no hay manera alguna de que la metáfora del sol derramándose “en una guirnalda de cobre líquido” tenga el más mínimo sentido? En cambio, si lo que en realidad quiere decir es que el sol mismo es como una guirnalda de cobre líquido que se derrama sobre la Rambla, la estructura sintáctica de la frase es incorrecta y no transmite la idea. Añado que, por si fuera poco, tal fenómeno es imposible que se dé durante el amanecer, momento en el cual están (según se desprende de la presencia inequívoca de la palabra “amanecer” en la cuarta posición de la frase), en primer lugar porque el sol no brilla a suficiente altura, y en segundo lugar porque desde la Rambla de Santa Mónica no percibes el amanecer a menos que te sitúes más allá de ella, es decir, junto a la estatua de Colón en Atarazanas.

“Recorrí pasillos y galerías en espiral […]”. (Página 11.) ¿Alguien se ha parado a pensar en cómo sería una galería en espiral de verdad? En virtud de la estructura sintáctica de la frase, ¿la descripción “en espiral” califica también al substantivo “pasillos”? Porque de ser así estamos hablando nada más y nada menos que de un tobogán.

  • La Profecía del Laurel, de Jesús Ávila Granados (Planeta, tapa dura, 2005).

“Aunque había comenzado la primavera y el disco solar, amarillo y rosa, ya asomaba por el horizonte montañoso, ni los pájaros se atrevían a trinar”. (Página 13.) ¿Perdón? ¿Amarillo y rosa al mismo tiempo? ¿Y qué pinta una cláusula adversativa aquí? ¿Significa el “ni” que hay algo más que deba trinar salvo los pájaros?

  • Pasión india, de Javier Moro (extracto que tengo en un compendio).

“La española asiente con la cabeza. Están invitadas a cenar en la mesa del capitán porque… ¡Es la última noche! A la joven le parece mentira”. A mí también me parece mentira que alguien haya podido pergeñar eso. ¿”Asiente con la cabeza”? ¿Con qué más va a asentir? ¿Con el culo? ¿Y lo de “¡Es la última noche!”, así, exclamación de adolescente histérica con bolso rosa de Hello Kitty? De los puntos suspensivos que pretenden indicar, justamente, suspense, ni hablo. Ridículos en extremo.

3. Análisis de mala escritura narrativa.

Para decirlo claramente, La sombra del viento, La Profecía del Laurel, The Boy in the Striped Pajamas y Underworld son pastelazos que no hay manera de leer. Son novelas pretenciosas que no llevan a ninguna parte y no presentan interés narrativo alguno. Aburren a las ovejas. Underworld, además, está estructuralmente desencajada, y La sombra del viento y The Boy in the Striped Pajamas son pornografía emocional pura.

El caso de Underworld es paradigmático. La crítica la recibió como obra maestra por un motivo muy interesado: DeLillo es ciertamente un escritor de nivel y es candidato perpetuo al Nobel. No obstante, algunos insinuaron tímidamente que la novela es demasiado larga (mil páginas). Quien trabaje en la industria editorial y sepa leer entre líneas entenderá el mensaje sin equívocos: en este contexto, “demasiado larga” significa que sobra la mitad de las páginas (quinientas) porque el conjunto está hinchado con la verborrea incontenible de DeLillo. Considérese como ejemplo que el prólogo de la novela, titulado “The Triumph of Death” (en referencia al cuadro de Brueghel), no es más que una novelita corta de 100 páginas originalmente titulada “Pafko at the Wall”, que terminó convertida en prólogo de Underworld porque el autor, sencillamente, no sabía qué coño hacer con ella. No tenía dónde meterla.

4. Análisis de mala escritura ideológica.

  • The Warlord Wants Forever, de Kresley Cole, diosa de la llamada “literatura romántica paranormal” (historias absurdas de sangre y sexo con vampiros de buen ver, valquirias buenorras y licántropos cachas).

“If the overgrown vampire didn’t stop staring at her face, even his wicked talent with his sword wouldn’t keep his head upon his shoulders”. (Primer parágrafo del primer capítulo. Lo podéis leer en la Amazon si pulsáis sobre los pectorales del notas ese.) Sin comentarios. ¿Para qué?

  • El Palacio de la Medianoche, de Carlos Ruiz Zafón (extracto que tengo en el mismo compendio donde está el texto de Javier Moro).

“Nunca podré olvidar la noche en que nevó sobre Calcuta”. Tópico trilladísimo. Al cabo de una página y media, como eco de sí mismo: “Nunca podré olvidar los rostros de aquellos muchachos asustados la noche en que nevó sobre Calcuta”. Frases hechas, rehechas, deshechas y contrahechas.

“Poco después de la medianoche, una barcaza emergió de la neblina nocturna que ascendía de la superficie del río Hooghly como el hedor de una maldición. A proa, bajo la tenue claridad que proyectaba un candil agonizante asido al mástil, […]”. Aquí ya se prefigura lo que vendrá a lo largo de toda la novela y de toda la obra zafoniana en términos generales: la recreación lamentablemente naíf y recargada de la prosa gótica típica de la literatura inglesa, aderezada con influencias manifiestas de H.P. Lovecraft, Robert W. Chambers y otros autores. Me consta que Zafón escribe así a consciencia, no por casualidad. El conjunto no deja de ser la regurgitación y posterior mezcla, cansina, desangelada y en absoluto original, de una serie de lecturas de clásicos hechas durante media vida.

  • La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón (ídem).

“—Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie —advirtió mi padre—. Ni a tu amigo Tomás. A nadie.
—¿Ni siquiera a mamá? —inquirí yo, a media voz.
Mi padre suspiró, amparado en aquella sonrisa triste que le perseguía como una sombra por la vida.
—Claro que sí —respondió cabizbajo—. Con ella no tenemos secretos. A ella puedes contárselo todo”. (Página primera de la novela. En la línea siguiente se explica que la madre murió tras la Guerra Civil.) Imitación baratísima e insultantemente kitsch de temas postrománticos. La madre ha muerto, el chaval la echa en falta y el padre es una especie de espectro. ¿Nos ponemos a llorar todos? ¿Es un diálogo escrito para suscitar la empatía del lector? ¿En serio?

“Por espacio de casi media hora deambulé entre los entresijos de aquel laberinto que olía a papel viejo, a polvo y a magia. […] Atisbé, entre los títulos desdibujados por el tiempo, palabras en lenguas que reconocía y decenas de otras que era incapaz de catalogar”. (Página 11.) Esta parte provocaría hilaridad si no provocase perplejidad. Primero, por el tono pomposo y hortera del conjunto. Segundo, ¿”por espacio de casi media hora”? ¿Espacio y tiempo juntos? En todo caso, “durante casi media hora”. ¿”Entre los entresijos”? ¿Se supone que eso hace gracia? ¿Que es un recurso iterativo tomado del modernismo, similar a los de Joyce en Ulises? ¿”Catalogar” lenguas? ¿Acaso el crío es lingüista? ¿No se apercibe Zafón de que toda esa frase es una payasada, como asimismo el resto del libro?

  • The Boy in the Striped Pajamas, de John Boyne (Black Swan, PDF, 2006).

“Bruno raised an eyebrow, unable to understand the sense of all this, but he assumed that it had something to do with keeping the rain out and stopping people from catching colds”. (Casi al final del libro.) En efecto, la inocencia y pureza infantil del hijo de un nazi es tal que confunde una cámara de gas con un cobertizo para que prisioneros esqueléticos con números tatuados en las muñecas no se resfríen.

“And then the room went very dark and somehow, despite the chaos that followed, Bruno found that he was still holding Shmuel’s hand in his own and nothing in the world would have persuaded him to let it go”. (Parágrafo siguiente.) Lo dicho: pornografía emocional. Todo el libro es así, compuesto mediante una prosa cansina que apela constantemente a los sentimientos.

Lo dejo aquí. Como siempre, borraré los comentarios insultantes en caso de que algún descerebrado los deje. Os emplazo en la entrada del próximo lunes, titulada “Qué es una buena novela y por qué”, y cierro con tres vídeos que grabé en mi casa hace tiempo y que la mayoría de vosotros ya habrá visto: uno acerca de La sombra del viento, los otros dos acerca del texto original de La Profecía del Laurel antes de que Planeta maquillara el desastre.

Recomendaciones literarias para Navidad 2010 y Reyes 2011

Últimamente no he recomendado mucho por motivos obvios, pero el último compendio de recomendaciones fue hace seis meses. De ahí que se hayan acumulado unos cuantos títulos. Ahí van:

Cómic: Watchmen, de Moore y Gibbons

Literatura griega moderna en catalán: Escrits o Mitologia personal, de Andreas Embirikos

Nueva traducción de El Doctor Zhivago, de Borís Pasternak

La trilogía de Smaïl: Vivir me mata, París-Casablanca y La Pasión según Smaïl

Culminación de la trilogía de Bánffy: El reino dividido

Zombis a gogó: La plaga de los zombis

Clásico: El cielo protector, de Paul Bowles

Relatos: La noche de la conspiración de la pólvora, de Juan Antonio Masoliver Ródenas

De un autor interesante y desconocido: Camino nocturno, de Ludwig Höhl

Otra de Zamiatin: La inundación

Tercer volumen de los Relatos de Kolimá, de Shalámov

Cuento de Ricardo Menéndez Salmón: “Los caballos azules”

“¡Levantaos!”, de Jay Alamares

Decimotercer y último relato del compendio La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.

Nos informa Jesús Palacios, el editor externo y prologuista del volumen que hoy terminamos, de que Jay Alamares nació en San Francisco y tiene a Bukowski como una de sus grandes influencias. La verdad es que se le nota un punto friki, por no decir que su sentido del humor es corrosivo y contagioso. En “¡Levantaos!” nos retrotraemos al inicio del apocalipsis, cuando en el interior de ciertas instalaciones militares se escapa un gas que mata y resucita (por ese orden) a los que pilla por el camino, mas provocándoles un hambre literalmente letal para con los vivos.

Y hasta aquí las referencias a todos los relatos contenidos en La plaga de loz zombis.

“Conexiones”, de Simon McCaffery

Duodécimo relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.

McCaffery es estadounidense y nació en 1963. Joven aún, pero se ve que ya es bastante conocido en los círculos del horror anglosajón. En “Conexiones” nos encontramos con la Civilización sustentada por los pelos: los zombis deambulan por el agro y uno sólo puede sobrevivir en poblaciones aisladas y atrincheradas. La historia toma fuerza cuando nos damos cuenta de lo que un padre haría por su hijo, o mejor, por lo que fue su hijo.

Sin dudas, es la narración más triste de todo el compendio y atesora una fuerza literaria apabullante.

“Amados muertos”, de Ian McDowell

Undécimo relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.

Según Jesús Palacios, el editor externo y prologuista de este tocho viviente, el relato se titula “Amores muertos”, como es obvio por el original inglés: “Dead Loves”. Sin embargo, en el índice y en la página donde se inicia el relato leemos “Amados muertos”, de modo que lo dejo así. Evidente falta de coordinación entre los responsables de la edición.

McDowell es un escritor americano prometedor, por lo que parece después de leer esta pieza, que es la más desagradable del libro y con diferencia. Tras el fin de la Civilización llega la explotación de los muertos vivientes por parte de los supervivientes, organizados en mafias que convierten a los resucitados en juguetes sexuales. En este sentido, estamos ante la consecuencia argumental lógica de la hipótesis narrativa llevada al extremo, y más conociendo de sobras las aberraciones de las cuales es capaz el ser humano.

No apto para cualquier estómago.

“Zaambi”, de Terry y Christopher Morgan

Décimo relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.

El segundo de los hermanos Morgan, guionista cinematográfico de piezas como Wanted, se juntó con el primero para escribir esta maravilla. En un alarde de imaginación, mezclaron las historias de samuráis con las de zombis, y el resultado es una explosión de creatividad perfectamente hilvanada hacia un final tan inesperado como alucinógeno que me ha recordado al de la novela Flashforward.

Altamente recomendable.

“Dios salve a la Reina”, de John Skipp y Marc Levinthal

Noveno relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.

Skipp y Levinthal son estadounidenses y diría que no pasan de la cincuentena. El primero es escritor y guionista, y el segundo escritor y guitarrista, y con “Dios salve a la Reina” han creado una obra maestra del horror basada en el cómic Night of the Living Dead: London, escrito por Clive Barker y Steve Niles y dibujado por Carlos Kastro (aquí una muestra de su arte).

En el mundo postapocalíptico deambulan libremente los zombis (qué sorpresa), pero la Casa Real Británica vive encerrada en el Palacio de Buckingham fingiendo que no pasa nada. Entonces rescatan a un superviviente del exterior, lo ponen al servicio de su Majestad y, cuando uno no termina de ver cuál será el desenlace final del asunto, la vuelta de tuerca de la narración lo pilla desprevenido y lo deja boquiabierto. Quizá el mejor relato de todo el libro.

“La plaga de los muertos vivientes”, de A. Hyatt Verrill

Octavo relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.

Alpheus Hyatt Verrill (1871-1954) fue un arqueólogo americano que, fuera de horas, se dedicó a la ficción más chunga para la revista Amazing Stories. Sin ir más lejos, “La plaga de los muertos vivientes” se publicó en dicha revista en abril de 1927, y se erige en un relato no sólo divertido sino tan imaginativo que traspasa lo zombi para caer de lleno en lo surrealista. Con todo, literariamente no vale nada. Trata de un científico que descubre el exilir de la vida eterna, con el peligro que ello conlleva: que no la palme nadie. Acabáramos.