Monografía: Bram Stoker

Por motivos que no vienen al caso, escribí hace poco una especie de biografía de Bram Stoker. Para tenerla en el disco duro, mejor que la ponga aquí. Ahí va:

Si los contemporáneos de Abraham Stoker vivieran ahora, no terminarían de creerse que la estadounidense HWA (Horror Writers Association) institucionalizara en 1987 un premio anual que lleva el nombre del irlandés: el Bram Stoker Award. Y es que, en vida, Stoker era más conocido por ser el asistente personal de Henry Irving, conocido actor teatral cuyo nombre real era John Henry Brodribb.

Stoker nació en Dublín el 8 de noviembre de 1847 en el seno de una familia protestante. Casualmente (o no) el año de publicación del folletín Varney the Vampire, de James Malcolm Rymer, obra que tendría su peso en la redacción posterior de Drácula. Fue el tercero de siete hermanos; su padre, Abraham Stoker (1799-1876), era de Dublín mientras que su madre, Charlotte Mathilda Blake Thornley (1818-1901), provenía de Ballyshannon, un pueblo situado al norte de Irlanda. Fue la madre, partidaria del feminismo de la época, quien jugó un papel decisivo en la formación literaria del pequeño Bram. Debido a la salud quebradiza que se vio forzado a soportar durante los primeros siete años de vida, Stoker se formó en casa con un profesor particular, el reverendo William Woods. Eso de día, porque de noche escuchaba los relatos que le contaba su madre, especialista en poner los pelos de punta con historias irlandesas de fantasmas. La dualidad irreconciliable entre lo real y diurno, encarnado por las clases objetivas de su maestro, y lo irreal y nocturno, impulsado por la viva imaginación de su madre, marcarían para siempre la estructura profunda de su narrativa por venir.

En 1864, a los 17 años, el pelirrojo Stoker ya era un joven grandote que no tenía nada que ver, al menos físicamente, con el niño enfermizo que había sido. Ingresó en el Trinity College de Dublín, de donde salió en 1870 graduado con honores en Matemáticas y habiendo sido presidente de la Philosophical Society. Fue entonces cuando comenzó una carrera administrativa terriblemente aburrida que volvió a impulsar, por si acaso hubiera perdido fuerza, su concepción dual de la existencia: monotonía diurna y escapadas nocturnas a los teatros, afición heredada de su padre y que terminaría dándole tanto un sueldo como ayudante del actor Henry Irving, cuanto una vida disipada que lo conduciría a morir de sífilis en Londres a los 64 años, concretamente el 20 de abril de 1912. A destacar que de la misma enfermedad murió su amigo el también escritor Oscar Wilde, y que la semana de la muerte de Stoker se hundió el Titanic.

En diciembre de 1878, después de convertirse en el secretario de Irving y de trasladarse a Londres, Stoker se casó con Florence Balcombe, cuyo último pretendiente había sido justamente Oscar Wilde. Según atestiguan las fuentes de la época, Florence era una mujer de belleza extraordinaria. Así, el año 1878 parecía ser el gran momento en la vida de Stoker: trabajo en el ámbito teatral de Londres (su sueño) y boda con una preciosidad (su otro sueño). Mas de modo tan lamentable como inesperado, la fortuna volvería a girar y esos dos elementos se tornarían en su contra. Por un lado, Henry Irving, el reputado especialista en Shakespeare, terminaría revelándose como un ególatra que vampirizaba espiritualmente a Stoker y a cuantos caían incautamente en su círculo personal o profesional, y su esposa, la preciosa Florence, se limitaría a darle un solo hijo (Irving Noel Thornley Stoker) y a vetarle toda posterior consumación carnal, por lo que parece o se sospecha hoy día. Para alguien con tal querencia por la vida nocturna, eso fue bastante más que una invitación a que se relacionara con otras mujeres sin demasiados miramientos ni remordimientos de consciencia.

La senda de Stoker en la escritura de terror comenzó con relatos, hecho desconocido por el gran público, dado que el irlandés pasó injustamente a la historia como si su única obra fuera Drácula. La realidad es que le debemos auténticas joyas como “El entierro de las ratas” o “Las arenas de Crooken”, cuentos donde cristalizan magistralmente las obsesiones vitales y literarias de Stoker: la noche en tanto que oportunidad para el mal en el primer caso, y la dualidad interior, la escisión del yo en el segundo. Aunque Stoker no hubiera escrito más que piezas breves, ya sería digno de recuerdo entre los grandes nombres anglosajones de las distancias cortas, junto a E.A. Poe, W.W. Jacobs o A.M. Burrage.

No obstante lo dicho, Stoker estaba destinado a más. Yacía en sus manos la posibilidad de generar una novela que, inesperadamente, se convertiría no ya en un clásico de la literatura mundial sino en el certificado de nacimiento de toda una rama del terror. Cierto que ya existían obras vampíricas, como el relato “El Vampiro” de John William Polidori (1795-1821) o la novela Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu (1814-1873), y que la lectura de dichas obras influyó mucho en Stoker. Sin embargo, no fue hasta 1897, el año de publicación de Drácula en inglés, que el género de los no-muertos recibiría la obra magna de referencia, el sello de identidad que marcaría un antes y un después. Con todo, y como bien dijo el filósofo Theodor W. Adorno, la obra maestra mata el género, y este caso no es una excepción. Originalmente, Drácula pertenecía a la corriente literaria del gótico tardío, movimiento que Stoker finiquitó con una estacada directa al corazón. Se han escrito y se continúan escribiendo multitud de novelas vampíricas, pero esa cantidad ingente, representada actualmente por la tetralogía de Stephenie Meyer (Crepúsculo, Luna nueva, Eclipse y Amanecer), no pasa de ser una sombra del original, con la honrosa excepción de la otra obra maestra del género, Soy leyenda, de Richard Matheson, publicada en 1954 y responsable del nacimiento de una nueva rama del terror, claramente cinematográfica: la de los zombis.

Después de Drácula, Stoker no se movería del sendero de la novela. Quizá juzgara que su etapa como cuentista estaba acabada. Sea como sea, lo que vino a continuación no terminó de estar a la altura: novelas como La dama del sudario o La madriguera del gusano blanco son, sin duda, buenas novelas, pero están justamente eclipsadas por Drácula. Se puede afirmar que literariamente no hay competencia, o que, en todo caso, la competencia real consigo mismo está en los relatos que escribió antes del advenimiento de Drácula.

Volviendo a las extravagancias personales que tanto atraían a Stoker, es notoria su pertenencia a la Hermetic Order of the Golden Dawn, secta de iluminados burgueses que se aburrían y que se reunían en secreto a imitación de la masonería. Allí coincidió con lo más granado de la época, como el poeta irlandés W.B. Yeats (Nobel de Literatura en 1923), los escritores Henry Rider Haggard, Arthur Machen o Arthur Conan Doyle (creador de Sherlock Holmes), y el satanista postmoderno Aleister Crowley, aficionado a llamar de atención a cualquier precio y mediante cualquier escándalo.

En otro orden de cosas, Stoker fue un autor que vivió de lleno la era victoriana, un período tan amplio y con tantos escritores que difícilmente puede decirse que presente temas literarios comunes. La reina Victoria nació en 1837 y murió en 1901, por lo que el victorianismo tiene en realidad un carácter más temporal que literariamente doctrinal. Aun así, un destacado tema psicológico y sociológico de dicha era fue la percepción del sexo como problema más que como realidad vital, y Stoker no fue ajeno a un fenómeno de tal calado. Drácula está plagado de elementos sexuales explícitos u ocultos en multitud de niveles textuales, siendo el más obvio la turbación que provoca el contacto de los dientes del vampiro en el cuello de la víctima, y la posterior y consiguiente esclavización que ésta sufre.

El origen literario de la figura de Drácula se desdobla, algo que no es de extrañar a partir del momento en que la obsesión por el doble estaba tan presente en el autor. Por un lado, está el poso literario que Stoker absorbió a base de lecturas a lo largo de los años, lecturas que forjaron un sólido imaginario personal: por ejemplo, las ya referidas Carmilla de Le Fanu y “El Vampiro” de Polidori. Por otro lado, está la gestación de la obra como estricto proceso de escritura. Aquí hay que diferenciar varios puntos:

1. La supuesta pesadilla que dio origen a la novela. En dicho sueño, Stoker habría visto a un vampiro aristócrata que salía de su tumba. Lo normal, por otro lado. Que levante la mano quien no haya soñado eso.

2. En 1890 Stoker descubrió en el libro Account of the Principalities of Wallachia, de William Wilkinson (último cónsul ingles en Bucarest), la existencia del vaivoda de Valaquia Vlad III “Tepes” (1431-1476), es decir, “Empalador” (llamado así por su afición a empalar vivos a sus enemigos), considerado hoy día como un héroe nacional en Rumania debido a su inflexible política de resistencia frente a los invasores, fueran otomanos, sajones o rusos. Su padre, Vlad II, recibió el apelativo “Dracul”, y de ahí que el hijo fuera “Draculea”. Aunque el rumano ‘Dracul’ venga del latín ‘draco’, que significa ‘dragón’, en rumano tiene la connotación de ‘demonio’. Si Stoker necesitaba un nombre y una localización para el personaje, ya los había encontrado: Europa Central u Oriental y ‘Drácula’. Que la sede del vampiro fuera un decadente castillo de la aristocracia rumana era cuestión de tiempo y de conveniencias estrictamente argumentales dentro de la novela.

3. La obsesión por la sangre posiblemente quedara redondeada cuando Stoker se informó acerca de la existencia de Erzsébet Báthory (1560-1614), conocida en familia como la Alimaña de Csejthe, aristócrata húngara que murió emparedada por haber asesinado a unas 600 doncellas para bañarse en su sangre y así, supuestamente, rejuvenecer. Ahora tenemos las cremas de L’Oréal.

Bram Stoker terminó sus días en medio de estrecheces económicas. Su jefe, Henry Irving, murió sin haberse prodigado económicamente con su ayudante. No es el primer caso en que la fortuna sonríe al genio post mortem.

Dos años mareando con este blog

Que sí, que ya van dos años haciendo el subnormal en internet. Ya me lo decían mis padres, que esa carrera no me serviría para nada.

Víctima del hastío de mí mismo, compendio las diez entradas que me parecen más interesantes entre la multitud inabarcable de memeces que he pergeñado. Por orden cronológico relativo a los últimos doce meses:

Monografía: Arthur Machen

Tolkien y Lewis, tal día como hoy

Las veintiséis palabras según Dolgopolsky

Entrevista exclusiva del Proyecto Seléucida a Joe Haldeman

Cómo no hay que escribir, I: Presentación

Entrevista del Proyecto Seléucida a Sergi Puertas

Entrevista de este blog a Robert Lozinski, autor de la novela La ruleta chechena

Entre Aldous Huxley y Richard Matheson

Defensa de la literatura griega en lengua española

Consejos para escritores, gentileza de Mamet

Monografía: editorial Alhena

Alhena, especializada en guías de viajes, se lanzó al mercado de la literatura en octubre de 2007. Esa misma Navidad el éxito ya era incuestionable. Con una media de menos de un libro al mes, se mantienen en un ritmo bajo, pero si el material es bueno, como es el caso, uno no se puede quejar. Esperemos que sigan así.

El editor que puso en marcha la máquina cuidó mucho la presentación de los libros, así como las traducciones. El resultado salta a la vista cuando se coge un volumen. Está bien hecho y el tamaño de la letra es cómodo. Te vienen ganas de comprarlo.

Las últimas novedades son La rana viajera, de Julio Camba, y Navegar tierra adentro, de Robert Louis Stevenson, inédito hasta ahora en lengua española y traducido por Miguel Martínez-Lage (una garantía). Y los cinco volúmenes que he reseñado hasta ahora son:

La ciudad automática, de Julio Camba. El periodista español de viaje en Nueva York.

Los reinos perdidos de África, de Jeffrey Tayler. Una ruta movidita del Chad a Senegal.

Aventuras de una peseta, de Julio Camba. Ahora de viaje por la Europa de los años 20.

Londres, de Henry James. El americano que terminó instalado en el Reino Unido nos narra sus impresiones de la Londres de la época.

Cerdeña y el mar, de D.H. Lawrence. El británico pasó una época de solaz en Cerdeña, y este volumen es la plasmación en negro sobre blanco.

Monografía: Editorial El Cobre

Hoy toca dedicar una monografía a la editorial que patrocina este blog durante el presente año: El Cobre. Nacida en Barcelona en septiembre de 2002, sus editoras se han caracterizado por publicar buena literatura y arriesgarse con títulos anticomerciales como Subnormal, de Sergi Puertas, o Todas putas, relatos de Hernán Migoya, cuya continuación, por cierto, se publicó en Martínez Roca (Grupo Planeta) bajo el título Putas es poco. También publican ensayo.

Y sin hacer más la pelota a quienes me pagan, ahí van los títulos que he reseñado:

El poder de las redes, de David de Ugarte. Un buen ensayo acerca de internet.

El último hombre, de Mary Shelley. La última novela de Shelley, por fin en español.

Los amantes de Toledo y otras historias insólitas, de Villiers de l’Isle-Adam. Cuentos raros en la mejor tradción de lo extraño.

Herejes, de G.K. Chesterton. Una ensayo que refleja fielmente la agudeza de Chesterton.

La luz que se apaga, de Rudyard Kipling. El británico nacido en la India en magnífica forma.

Historia de la niña vieja, de Jenny Erpenbeck. Una rareza.

En tinieblas, de Léon Bloy. Otra rareza, pero en ensayo.

Tres manzanas cayeron del cielo, de Micheline Aharonian Marcom. Novela brutal acerca del Genocidio Armenio.

De la abyección, de Marcel Jouhandeau. Una ida de olla del francés.

Subnormal, de Sergi Puertas. La obra maestra de Puertas, cuya próxima novela, Cómo destruir ángeles, circulará a finales de este mes.

Monografía: Sergi Puertas

Actualización de Octubre de 2008: la salida al mercado de la novela Cómo destruir ángeles se ha retrasado hasta este mes.

El mes próximo ya estará en librerías la cuarta novela de Sergi Puertas, que es la segunda de este blog-agencia literaria: Cómo destruir ángeles (editorial Cahoba). Por tanto, ha llegado el momento de dedicar al autor una monografía.

Puertas nació en Barcelona en 1971. Su vida es un misterio incluso para mí, mas me consta que estudió algo relacionado con informática y que luego se volcó en el mundo del cómic como Redactor Jefe de la extinta revista El Víbora. Ha publicado tres novelas hasta la fecha, a saber:

Porque sí, en la editorial Verbigracia (2004), acerca de un presidiario sometido a vejaciones orales que no voy a detallar.

Subnormal, en la editorial El Cobre (2005), acerca de un joven cuyo hermano es justamente eso, subnormal. Es la primera parte de la llamada Puertas Trilogy (o Trilogía Puertas), cuyo verdadero título me callo por el momento, a falta de que llevemos a buen puerto el tercer volumen.

Mindundi, de nuevo en Verbigracia (2005). Es la segunda parte de la trilogía, aunque el protagonista no sea necesariamente el mismo. En realidad, son arquetipos de perdedores: de joven en Subnormal, de no tan joven en Mindundi y de madurito en la tercera parte, inédita y bien guardada en mi disco duro.

Veamos una parte de Subnormal, cuando el prota lleva a su hermano Raúl, discapacitado, a una exposición y se encuentra con una rubiales que lleva a su hijo en una silla de ruedas a motor:

“–Toma –dice una rubiales madurota que empuja una motorizada a mi derecha. El chaval que viaja en el artilugio se sacude como un saco de nervios; verdaderamente es uno de los campeones en la categoría de asimetría. Imposible calcularle la edad basándose en esa jeta. También su estructura ósea está plagada de pequeñas anomalías. Yo le echaría unos treinta años, y sin embargo tiene manos de niño. Un niño enorme con un bulto en la cabeza, una expresión terriblemente desasosegante en la cara y un chupa-chup en la boca. Vivir para ver, es lo que hay.
Claro que, si le comparamos contigo, a su manera el tío es el rey del mambo, ¿eh, Raúl?
Conste que no lo digo por joder, pero las cosas como son, oye.
–Gracias –respondo encorvándome y recolocándole el mocasín al andoba–. Hala, campeón, que para lo que te sirven.
La tipa me mira con severidad y amenaza con escandalizárseme, conque a modo de disculpa añado:
–No me oye. Nada de nada.
–Vaya –repone ella sin más.
Me alegro de que no me salga con piedades; al mismo tiempo, me da como rabia que menosprecie la sordera de mi hermano sólo porque su pariente es impedido, subnormal y más feo que pegarle a un padre, conque añado:
–Tampoco ve un pijo. Por eso le ponemos las Ray-ban. Es sordociego.” [página 17]

Más allá de novelista, Puertas es también poeta. Suyos son estos tres volúmenes:

Ángeles cansados (Ediciones Deabruak, 1999).

Tira mis sueños a la calle y la lluvia los hará crecer (Crecida Editorial, 2000).

Sigue buscando, hay miles de premios (Ediciones 4 de agosto, 2005), título que me recuerda al de la novela de Kurt Vonnegut El desayuno de los campeones, obra que Puertas aprecia mucho.

Además, Puertas ha sido el antólogo y prologuista del volumen Poesía para bacterias (editorial Cuerdos de atar), compendio de poesía underground, y la editorial Caballo de Troya acaba de incluir su cuento Señor carne es un teletubi en la antología Resaca – Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski.

Eso es todo. Sólo me queda añadir tres vínculos a textos digitales del autor:

Poemas de Puertas en una entrada en el blog Las afinidades electivas.

El cuento Insecto versus parabrisas en la revista digital Omni-bus. Aparecerá pronto en papel en el número 6 de la revista The Children’s Book of American Birds (editorial Club Leteo).

Los primeros capítulos en pdf de Mindundi en la página de la editorial Verbigracia.

Monografía: Editorial Rey Lear

Ha llegado el momento de dedicar una monografía a una de las editoriales más sólidas y que más aprecio: Rey Lear. Nacida en septiembre de 2006, publica libros excelentes, alejados de la nefasta literatura basura, y a un ritmo ideal para una empresa pequeña que pretende crecer poco a poco: un libro al mes.

También es el momento de anunciar que Rey Lear publicará en septiembre una novela breve que yo represento como agente literario. Se trata de un clásico de la literatura griega moderna, absolutamente desconocido fuera de la Hélade: Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (Nauplia, 1907-Atenas, 1979). A finales de este mes colgaré las primeras páginas de la obra en pdf de descarga gratis, de manera que juzgaréis vosotros mismos si os gusta o no.

Para terminar, os recuerdo que Jesús Egido, el fundador de la editorial, me concedió una entrevista con ocasión del premio que di a uno de sus libros el año pasado.

Y sin más dilación, paso a recapitular los libros que he tratado:

La cocina del Quijote, de Cesáreo Fernández Duro y Miguel López Castanier, para disfrutar recetas de cocina de la época de Cervantes.

Historia de Cardenio, de William Shakespeare y John Fletcher, una recuperación ideal para los amantes del teatro.

Heridas bajo la lluvia, de Stephen Crane, quien nos narró vivencias reales de la Guerra de Cuba.

La roja insignia del valor, de Stepehn Crane, otro clásico del mismo autor.

Muerte en el ‘reality show’, de Lorenzo Silva, una rareza breve y divertida.

La vida en México, de Frances Erskine Inglis, cartas que reflejan el México del siglo XIX.

El Rey Lear, de Charles Lamb, una revisión del clásico de Shakespeare bajo forma de relato infantil/juvenil y con ilustraciones.

Alves y C.ª, de Eça de Queiroz, obra genial del portugués inmortal.

Los niños del agua, de Charles Kingsley, un clásico fantástico recuperado.

La casa de Shakespeare, de Benito Pérez Galdós, infatigable viajero.

Monografía: Arthur Machen

Arthur Llewellyn Jones nació el 3 de marzo de 1863 en la provincia de Gwent, en el sur de Gales. Más concretamente, en Caerleon-on-Usk (léase /Kérleon on Isk/, o sea, Caerleon de Usk), ciudad colindante con la antigua Isca Silurum romana. Su padre, John Edward Jones (“Machen” era el apellido de la madre; léase /méken/), era el pastor anglicano de la pequeña iglesia de Llandewi. Los descubrimientos arqueológicos que se produjeron en la zona, de los cuales el joven Arthur estuvo al corriente, actualizaron las potencias imaginativas del chaval, quien ya adulto creó uno de los corpus de literatura fantástica más importantes de la historia, especialmente en el movimiento literario más propio del autor: el esteticismo.

Arthur Machen de joven

[Arthur Machen de joven.]

Machen fue un declarado antimaterialista, siempre firme defensor de un mundo espiritual. Qué mundo fuera ése ya es un asunto más oscuro. Fusionó con el cristianismo el paganismo romano y la mitología celta propia de los galeses. Se acercó a la rama católica del anglicanismo, pero no demasiado. Sus conocimientos de latín y teología le permitieron exponer, con tantas intermitencias como brillantez, sus ideas acerca del Mundo, Dios y el Hombre, al mismo tiempo que su galés natal le ayudó a reflejar en lengua inglesa las características íntimas de aquellas tierras. Se dice que la obra de Machen, como la de Platón (a quien llegó a imitar intencionadamente), pretende ser la exposición bajo forma narrativa de cierta teología. Si aceptamos esta versión, sus cuentos son la muestra exotérica de una doctrina.

Siguiendo este camino, Machen creía que el mundo que se nos presenta a los sentidos es la cortina, el velo de un mundo oculto al cual sólo acceden algunos, como tan bien quedó reflejado en su cuento “N”. Toda la mitología popular galesa sería, así, una trivialización de cuestiones terriblemente lejanas en el tiempo, tan reales como abominables, tornadas narración casi infantil para ocultar un horror pretérito. En este sentido, el mundo de Machen trata en buena parte de las hadas (a las cuales llamaba “The White People”, título de uno de sus cuentos), seres que en realidad serían maléficos y aberrantes. Es necesario recordar que Sir Arthur Conan Doyle, otro de los grandes narradores de finales de siglo, hizo un ridículo público apoteósico al defender la existencia de las hadas e intentar demostrarlo mediante unas fotografías que, muy a su pesar, estaban trucadas.

En 1894 publicó el celebérrimo cuento “The Great God Pan”, donde alcanzó unas cotas de turbación y desasosiego que llevaron al público, morboso y ávido por historias de ese tipo, a agotar con rapidez la primera edición.

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[Dibujo del genial Aubrey Beardsley, representando a un fauno que adoctrina a una joven imprudente. De algo así puede venir la inspiración de Guillermo del Toro para su sobrevalorada El Laberinto del Fauno.]

Ya de joven Machen se trasladó a Londres. Su repulsión por el materialismo y la depresión que le acarreó la muerte de su esposa lo llevaron a poner un pie en The Hermetic Order of the Golden Dawn (La Orden Hermética del Amanecer Dorado), sociedad secreta británica a la cual pertenecía fundada por el satanista Aleister Crowley y de la que formaban parte algunos intelectuales y escritores, como por ejemplo el irlandés que sería Premio Nobel de Literatura W.B. Yeats. No obstante, Machen siempre fue un espíritu libre y descartó involucrarse más a fondo con ellos. Los abandonó, parece ser que proyectando la fundación de una especie de nueva rama celta del cristianismo, y continuó residiendo en la capital, llevando a cabo, como siempre, diversos trabajos por motivos puramente crematísticos: fue periodista, tutor, corrector de imprenta e incluso actor de teatro.

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[Cubierta y lomo de una edición antigua del turbador compendio de cuentos The House of Souls.]

Machen consiguió en vida cierta fama, debido sobre todo a un suceso curioso acaecido durante la Primera Gran Guerra. En agosto de 1914 los británicos salieron mal parados de la Batalla de Mons, y Machen escribió Los Arqueros (“The Bowmen”), cuento también conocido como “Los Ángeles de Mons” (“The Angels of Mons”). En él describe cómo los arqueros de Enrique V de Inglaterra, vencedores en la Batalla de Agincourt el 25 de octubre de 1415 (durante la Guerra de los Cien Años, 1338-1453) sobre las tropas del conde Carlos de Albret, aparecieron fantasmalmente en las trincheras para apoyar a las devastadas tropas británicas. La leyenda se extendió con celeridad, ayudada por rumores de que la hija de un capellán había dicho que todo era cierto, y que algunos incluso habían visto a los arqueros de ultratumba. Por más que Machen dijera que todo era ficticio, muchos siguieron creyéndoselo y le mandaron cartas pidiéndole información acerca de tan maravillosos hechos, así como madres le preguntaron angustiadas si sus hijos desaparecidos en el frente podrían seguir vivos. El asunto tardó en apagarse, y dio como fruto algunos libros de personajes de la época divagando acerca de la cuestión.

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[Una cubierta de “The Angels of Mons”.]

Arthur Machen se casó dos veces, y vio morir a sus dos mujeres (la primera de cáncer, hecho que marcó su carácter ya de por sí melancólico). Tuvo un hijo y una hija, ambos de la segunda esposa. La historia lo sepultó bajo el peso de su maestro, E.A Poe (1809-1849), y de su discípulo, H.P. Lovecraft (1890-1937), ambos estadounidenses. Murió olvidado en Amersham, Buckinghamshire, el 30 de marzo de 1947. La historia de la literatura lo ha marginado injustamente, pues a él se deben novelas de primer orden como The Terror o The Hill of Dreams (La Colina de los Sueños). Mas, por encima de todo, su obra maestra, una de las novelas más alucinantes jamás escritas: Los Tres Impostores.

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[Cubierta de una edición antigua de Los Tres Impostores. Obsérvense los tres sujetos que golpean al caído en el suelo y el extraño ente que flota sobre la casa.]

Monografía: Editorial Cahoba

Ya comuniqué en su momento que la editorial Cahoba publicará un libro promocionado por este blog. Se trata de Cómo destruir ángeles, de Sergi Puertas, cuyas primeras páginas están disponibles en pdf gratis en la pestaña superior llamada “Textos” (así podéis comprobar si os gusta antes de decidir si vale la pena comprar el libro entero). Dicha novela de Puertas saldrá a la venta antes del verano de 2008 (avanzaré fechas más precisas llegado el momento), de manera que ahora toca dedicar a Cahoba una monografía en el Proyecto Seléucida.

Cahoba, nacida a finales de 2005, es una editorial por la cual siento cierta debilidad. No porque sea pequeña (algo circunstancial y subsanable) sino porque publica buen material, en general. Y eso es loable en los tiempos que corren. Tienen tres colecciones, ni no me equivoco: narrativa, ensayo y un espacio intermedio al cual, debo confesar, no he prestado demasiada atención. De media publican algo así como un libro al mes. Como es obvio, me he centrado en la narrativa, aunque también he tratado en el PS alguno de sus títulos no literarios. Bien, ahí va el resumen de lo dicho:

Crónicas mafiosas. Sicilia 1985-2005. Veinte años de mafia y antimafia, de Joan Queralt. Para estar al corriente de lo que pasa en esa isla, encantadora por otro lado.

Doce cuentos de Andersen contados por dos viejos verdes, de Javier Tomeo. Entretenido, como todo lo de Tomeo.

Papá, dame la mano que tengo miedo, de Leopoldo María Panero. El gran éxito de Cahoba hasta la fecha. Han agotado la primera edición en pocos meses.

Brasil. País de futuro, de Stefan Zweig. Uno de los libros menos conocidos de Zweig, y más curiosos.

El corzo herido de muerte, de Antonio Priante, candidato a Mejor Autor en los Premios Seléucidas 2007 que haré públicos el treinta y uno de diciembre.

Los 100 mejores pilotos de Fórmula 1. De Nino Farina a Fernando Alonso (1950-2005). Ideal para regalar en Navidad a un aficionado de dicho deporte.

Los sueños diurnos, de Diego Medrano. Una rareza para estómagos fuertes.

El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, de Antonio Priante. Quizás la mejor novela en lengua española del año 2006.

Además, Cahoba, en joint venture con Caelus Books, ha sacado al mercado una caja conmemorativa de Star Wars. Ideal para los seguidores de la saga, y más con la Navidad a la vuelta de la esquina. Si de pequeño me la hubieran regalado, me habría estallado el cerebro.

Nada más, por ahora.

Monografía: Editorial Periférica

La editorial cacereña Periférica es un buen ejemplo de cómo hacer las cosas bien y sin prisas. Fundada en abril de 2006, publica una media aproximada de un libro al mes entre sus dos colecciones: “Biblioteca Portátil” y “Pequeños Tratados”. En la segunda caben libros como La imagen y la risa, de José Emilio Burucúa, o Los Rolling Stones en Perú, de Sergio Galarza y Cucho Peñaloza, en los cuales no me voy a detener porque ni siquiera los he tenido en la mano. Así que voy directamente a la “Biblioteca Portátil”.

En dicha colección, Periférica publica novelas en un formato casi de bolsillo pero con solapas, y en un color azafrán que consigue que sus lanzamientos sean claramente reconocibles entre la maraña de libros multicolores que pueblan las librerías. Se estrenaron con El testamento de un bromista, de Jules Vallès (no lo he leído), y sacaron incluso un clásico como Torquemada en la hoguera, de Benito Pérez Galdós. Siguieron con una serie de novelas que podéis consultar en su página, que a mi juicio no deberían cambiar porque está bien como está (al margen de que también tengan un blog), ya que se puede consultar todo lo publicado de arriba abajo, empezando por lo más reciente. Y lo más reciente, como se puede ver, es La nieve, de Johanna Schopenhauer, madre del filósofo Arthur Schopenhauer (sí, la señora era novelista, y va bien que alguien recupere sus obras), e Hilo de cometa, de Israel Centeno (continuación de Iniciaciones).

Hablando de lo que han publicado y he leído, podéis consultar mis entradas en el blog. Con todo, y como esto es una monografía, ahí va la lista de lo que he tenido el placer de disfrutar:

Gina, de Rodrigo Soto, una novela estimable con protagonista femenina y costarricense.

Iniciaciones, de Israel Centeno, venezolano con una capacidad narrativa admirable.

Navidad y Matanza, del chileno Carlos Labbé, una obra absolutamente impresionante.

Mi abuelo, de la francesa Valérie Mréjen, buena pero claramente más floja que el resto.

Saide, de Octavio Escobar, una novela negra colombiana imprescindible.

Pues ya no sé qué más deciros. Simplemente que echéis un ojo a lo que saca Periférica, porque vale la pena.