El Águila de la Novena Legión en película

La novela histórica de Rosemary Sutcliff llega a las pantallas con el título inglés de The Eagle, en español La Legión del Águila. En España la publicó Plataforma y tenía su gracia, sin ser nada del otro mundo.

Pero quien quiera leer algo que nos toque más de cerca, la misma editorial me publicó Roger de Flor, del griego Kostas Kyriazís. Una mirada a los almogávares fiel a la historia y con un cambio de perspectiva más que interesante.

Recomendaciones literarias para Navidad 2010 y Reyes 2011

Últimamente no he recomendado mucho por motivos obvios, pero el último compendio de recomendaciones fue hace seis meses. De ahí que se hayan acumulado unos cuantos títulos. Ahí van:

Cómic: Watchmen, de Moore y Gibbons

Literatura griega moderna en catalán: Escrits o Mitologia personal, de Andreas Embirikos

Nueva traducción de El Doctor Zhivago, de Borís Pasternak

La trilogía de Smaïl: Vivir me mata, París-Casablanca y La Pasión según Smaïl

Culminación de la trilogía de Bánffy: El reino dividido

Zombis a gogó: La plaga de los zombis

Clásico: El cielo protector, de Paul Bowles

Relatos: La noche de la conspiración de la pólvora, de Juan Antonio Masoliver Ródenas

De un autor interesante y desconocido: Camino nocturno, de Ludwig Höhl

Otra de Zamiatin: La inundación

Tercer volumen de los Relatos de Kolimá, de Shalámov

Cuento de Ricardo Menéndez Salmón: “Los caballos azules”

“Yo anduve con un zombi”, de Inez Wallace

Tercer relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Se supone que la traducción es de Marta Lila Murillo.

Puntualización: “Yo anduve como un zombi” sería un título adecuado para una de Pajares y Esteso. Pero aquí es “con”, no “como”.

De Inez Wallace no se sabe mucho. Según Jesús Palacios, el editor y prologuista de este volumen zombístico, nació en 1893 y murió en 1947, mientras que IMDb me da las fechas 1888-1967. En todo caso, era periodista y de su crónica haitiana “Yo anduve con un zombi” salió la película de Jacques Tourneur, ciertamente turbadora por más que no haya envejecido bien (no como los zombis, que se quedan igual).

Narrativamente, este relato no tiene nada del otro mundo (nunca mejor dicho), pero algunos puntos desasosiegan un rato. De ahí que lo coloque en “Recomendaciones literarias”. Tampoco vamos a hacer sangre.

El cielo protector, de Paul Bowles

De la película de Bertolucci sólo me ha quedado la belleza de Debra Winger. En cambio, la novela me ha dejado una sensación muy extraña. Es buena, mas no entiendo que se la valore tanto. Iré por partes.

Para empezar, Bowles (Nueva York, 1910-Tánger, 1999) también era músico, aunque se haya terminado recordándolo como escritor. Una vez se hubo instalado en Marruecos en 1947, apenas se movió de allí, y a los dos años publicó su obra más conocida, El cielo protector, donde una parejita de turistas americanos imprudentes se deja caer por África y se topa, muy a su pesar, con una tierra que les da y les quita más de lo que pueden soportar.

A partir de aquí, los problemas. Y es que la novela no ha envejecido bien. La desintegración de los materiales, que decía Adorno. En su momento, sin duda, el texto transmitía al lector una fuerza estética que se ha perdido precisamente porque la noción de África como continente misterioso ya cansa, y más después de ver en el Mundial a Shakira y su “Waka Waka”, subtitulada “Esto es África” (por si algún despistado pensaba que era el Peloponeso o la Galaxia de Andrómeda). A estas alturas, no cuela que a la protagonista se le vaya la olla cosa fina como a Kurtz en El corazón de las tinieblas.

Otro problema son los diálogos, un tanto impostados. No he terminado de creérmelos. En ese sentido, hay un abismo entre la capacidad de Bowles para la narración pura, sin diálogos, y la que los contiene.

Y a la postre, la edición que he leído es la de Seix Barral en traducción de Nicole d’Amonville Alegría. Al final de todo, en una Nota del Editor, leo que Bowles estaba inquieto por la mala calidad de la primera traducción. Busco en el ISBN del Ministerio de Cultura y no aparece ésta de Seix Barral (????), pero sí la anterior, de una tal Ana o Aurora Bernárdez (??!!) que publicaron, entre otras, RBA y Alfaguara. Todo muy raro. Además, la nueva traducción tampoco mata, por más que se deje leer con comodidad. Un ejemplo:

“Mientras sorbía el té, que advirtió estar hecho con hojas de menta seca, en lugar de fresca, […].” [Página 103.]

Lo correcto aquí es “que advirtió que estaba hecho”, dado que el infinitivo en este tipo de frases sólo se puede usar cuando el sujeto de la principal y el de la subordinada son el mismo. Y no es el caso, toda vez que el protagonista no está hecho de menta seca sino de carne y huesos. Al menos hasta que se demuestre lo contrario.

Psicosis antes de Hitchcock

Primero de los tres artículos originalmente destinados a Factual:

Creo que ha habido, al menos, un grupo musical llamado Bates Motel, por no hablar de atracciones como la sita en Glenn Mills (Pensilvania), una especie de casa del terror para turistas de feria con susto incluido. Todo eso se remonta a Psicosis, la genialidad que dirigió Alfred Hitchcock en 1960, quien se basó a su vez en la novela homónima que Robert Bloch (Chicago, 1917-Los Ángeles, 1994), discípulo de H.P. Lovecraft, publicó en 1959.

Pero si estamos tan cerca del verdadero principio, sería una pena no terminar de remontarnos hasta la zona cero del horror. Y es que el origen del espanto radica en la vida y la obra de Ed Gein (1906-1984), aquel tipo de Wisconsin que desvalijaba tumbas, se decoraba la casa con restos humanos y terminaría asesinando a dos personas antes de que lo detuvieran. Pocos lustros después, Tobe Hooper filmaría La masacre de Texas basándose en dicho sujeto, pero ésa ya es otra historia.

Tal rollazo viene a cuento de que La Factoría de Ideas ha publicado la novela Psicosis en traducción de Ester Mendía, y Bloch bien se merece un artículo. Dos cosas llaman la atención. La primera es que el protagonista cinematográfico no tenga ningún parecido físico con el literario: éste es regordete mientras que Anthony Perkins estaba más bien flaco; la segunda nos remite a un viejo problema de la teoría estética: si la gracia del argumento yace en que el protagonista es un enfermo psicótico que se desdobla en su madre muerta, todo aquel que haya visto la película (es decir, la mayoría) ya sabrá qué sucede en la novela. En otras palabras, la percepción literaria de la obra está condicionada. Quizá alguien esté, entonces, tentado de puntualizar que el condicionamiento es un elemento inalienable en la recepción artística porque es un reflejo exacto de la desintegración de los materiales. Perfecto, responderé, y añadiré que se compre el libro.

Víctima de su propio éxito, Bloch terminaría redactando las novelas Psycho II y Psycho House, que no pienso leer porque dudo que valgan la pena. Y paralelamente pero sin que guarden relación con dichos textos, también fueron apareciendo otras películas con títulos de una originalidad que tira de espaldas, como Psycho II y Psycho III, a cuál peor. Uno supone que, a pesar de todo, Bloch cobró sus regalías como lo deben de estar haciendo sus herederos. Ya sabía Drácula que la sangre nunca sale gratis.

Graham Greene con su tercer hombre

En su prefacio a El tercer hombre, Graham Greene nos dice:

“Para mí es casi imposible escribir el guión de una película sin escribir antes una historia. Incluso una película depende de algo más que de una trama: de cierta medida de la caracterización, del humor y de la atmósfera; y todo eso parece casi imposible de capturar por primera vez en la taquigrafía torpe de un guión. Uno puede reproducir un efecto sacado de otro medio, pero no puede hacer el primer acto de creación en forma de guión. Uno debe tener más material disponible del que necesite a la postre. El tercer hombre, consiguientemente, por más que nunca estuviera destinado a la publicación, tenía que empezar como una historia antes de esas aparentemente interminables transformaciones de un tratamiento a otro.” [Penguin, 1983; traducción mía.]

Greene, por su modo de ser y obrar, no podía generar ex nihilo un guión sino que necesitaba derivarlo de un relato previo. De ahí su novela corta The Third Man, narración magistral de donde salió la película homónima dirigida por Carol Reed e interpretada por Joseph Cotten y Orson Welles.

Recomendaciones literarias para Sant Jordi 2010

Este próximo viernes, 23 de abril, se celebrará el Día Mundial del Libro. Como propuesta, compendio los libros que he reseñado positivamente desde diciembre pasado:

Vacío perfecto, de Stanisław Lem (Impedimenta), una rareza magistral.

Kaputt, de Curzio Malaparte. La nueva traducción basada en la edición casi definitiva. Publica Galaxia Gutenberg.

Lejos de Toledo, de Angel Wagenstein (Libros del Asteroide). La tercera parte de una trilogía que puede leerse de cualquier manera porque los protagonistas no son comunes.

Destinos intermedios, la segunda novela negra de Octavio Escobar publicada por Periférica.

Todo fluye, de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg).

El ladrón del rayo, de Rick Riordan (Salamandra). Juvenil entretenida.

Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama).

Caballería roja, de Isaak Bábel (Galaxia Gutenberg). Relatos inspirados en la Guerra Polaco-Soviética de 1920-21.

Omega, de Jack McDevitt (La Factoría de Ideas). Pura ciencia ficción espacial.

Prometo ser bueno: cartas completas, de Arthur Rimbaud (Barril & Barral). La primera vez que se publican todas sus cartas en lengua española.

La carretera, de Cormac McCarthy (Mondadori).

Los días contados, de Miklós Bánffy (Libros del Asteroide), la primera parte de la “Trilogía transilvana” del autor húngaro. La segunda, Las almas juzgadas, ya está a la venta.