Si te han regalado un iPad o un Kindle…

…u otro tipo de lector, ahí van mis cuatro recomendaciones literarias:

El desorden, novela breve de Juan Carlos Girauta en Amazon para Kindle y en Feedbooks para el resto de aparatos.

El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, novela breve de Antonio Priante en Amazon para Kindle.

El corzo herido de muerte, novela breve de Antonio Priante en Amazon para Kindle.

Del suicidio considerado como una de las bellas artes, ensayo breve de Antonio Priante en Amazon para Kindle.

Más de The Art of Fiction

Continúo con el magistral volumen de David Lodge. A propósito de lo que llama intrusive author, es decir, del narrador omnisciente que, por si fuera poco, nos recuerda explícitamente que lo es (por ejemplo, “yo te digo, querido lector, blablabla”), escribe:

“We read fiction, after all, not just for the story, but to enlarge our knowledge and understanding of the world, and the authorial narrative method is particularly suited to incorporating this kind of encyclopedic knowledge and proverbial wisdom.

Around the turn of the century, however, the intrusive authorial voice fell into disfavour, partly because it detracts from realistic illusion and reduces the emotional intensity of the experience being represented, by calling attention to the act of narrating. It also claims a kind of authority, a God-like omniscience, which our sceptical and relativistic age is reluctant to grant to anyone.”

Exactamente. El período de decadencia del autor intrusivo coincide con la llegada del modernismo y el esteticismo, corrientes renovadoras que lo pusieron todo patas arriba.

La ficción como retórica

Dice el escritor y teórico literario David Lodge en la introducción a su magnífico volumen The Art of Fiction:

“I have always regarded fiction as an essentially rhetorical art — that is to say, the novelist or short story-writer persuades us to share a certain view of the world for the duration of the reading experience, effecting, when successful, that rapt immersion in an imagined reality that Van Gogh caught so well in his painting ‘The Novel Reader.’ Even novelists who, for their own artistic purposes, deliberately break that spell have to cast it first.”

Y ahí va el cuadro usado como cubierta del libro:

Cobrar regalías literarias en la Unión Soviética

Cuenta Stan Ulam en sus memorias Adventures of a Mathematician que en 1960 publicó el libro Unsolved Problems of Mathematics y que:

“Shortly after 1960 the book was translated into Russian. There is no copyright agreement between Russia and the West [Occidente en general, como si nada], and the Russians pay no royalties [normal, eran comunistas y la propiedad intelectual es cosa de fachas], but some Western authors discovered when they were in the Soviet Union that they could obtain some payment for the translations of their work. Hans Bethe and Bob Richtmyer successfully received compensation. So when I attended an International Mathematics Congress in Moscow in 1966 I remembered that I could try too. [Blablabla y le dan 300 rublos.] One is not allowed to export rubles from Russia, so after I had bought some souvenirs, amber, fur hats, books and the like, I still had one hundred rubles left. I had to put them in a postal savings account which in Russia pays one or two percent interest. This makes me a Soviet Union capitalist.”

La falta de garantías sobre la propiedad intelectual me ha recordado a un amigo leninista que estudió filosofía conmigo en la Universidad de Barcelona. Solía subrayar los libros de la biblioteca por dos motivos: primero, porque todo lo público era también de él, luego podía hacer lo que quisiera; segundo, porque así les hacía un favor a los futuros lectores simplificándoles el trabajo intelectual.

Mas el pasaje también me ha recordado lo que me contó un amigo catalán de Singapur que trabajaba en la Cambridge University Press. Se ve que en determinados países como China es normal que se traduzcan obras prescindiendo siquiera de firmar contratos con los autores. Y que si te quejas y amenazas con ir a juicio, les da igual. Su defensa en los juzgados es tan alucinógena como lo que sigue: “Oiga, su señoría, yo soy un emprendedor chino, y si veo un libro que me gusta, pues lo cojo, encargo una traducción y lo publico para que la gente lo lea. Normal. En realidad les hago un favor a todos, de modo que no veo por qué debería pagar regalías. ¿Dónde está el problema?”.

Ya es la semana de China en El Corte Inglés.

Stan Ulam: consideraciones lingüísticas

De sus memorias Adventures of a Mathematician:

“[…] In French generalizations come to my mind and stimulate me toward conciseness and simplification. In English one sees the practical sense; German tends to make one go for a depth which is not always there.

[…] Slavic languages tend to be pensive, soulful, expansive, more psychological than philosophical, but not nebulous or carried by words as much as German, where words and syllables concatenate. They concatenate thoughts which sometimes do not go very well together. Latin is something else again. It is orderly; clarity is always there; words are separated; they do not glue together as in German; it is like well-cooked rice compared to overcooked.

Generally speaking, my own impressions of languages are the following: When I speak German everything I say seems overstated, in English on the contrary it feels like an understatement. Only in French does it seem just right, and in Polish, too, since it is my native language and feels so natural.”

No deja de ser la eterna discusión acerca de las propiedades sintéticas y analíticas de las lenguas. En mi opinión es una pérdida de tiempo precisamente porque nuestras lenguas nativas han estructurado radicalmente nuestro pensamiento, luego no tenemos una perspectiva clara, y las que hayamos aprendido a la postre no dejan de ser añadidos por más que lleguemos a dominarlas, luego nunca cristalizarán en nosotros con la misma intensidad.

Ulam y von Neumann de vacaciones

En su autobiografía Adventures of a Mathematician, Stan Ulam cuenta que pasó la Navidad de 1950 con su esposa y el matrimonio von Neumann en Guayamas, México. Lo busco y veo que en realidad se llama Guaymas, pero para el caso de esta entrada da lo mismo:

“On the drive to Guayamas we also amused ourselves with the developing of a language which we called ‘neo-castillian’. In our ignorance of Spanish, it consisted of English words with Latin endings, for example el glaso, for glass. To our great surprise and fun we found out that it worked for some words.”

Dado que entraron en México desde Nuevo México, es de suponer que lo hicieron por El Paso, ciudad cuyo nombre encaja en la descripción del juego mencionado: del inglés “pass” a “paso”, usando la terminación “o” del dativo y ablativo singular de substantivos latinos como populus (populo). No olvidemos que Stanislaw Ulam y John (János Lajos, en realidad) von Neumann, nacidos respectivamente en la Ucrania (de familia polaca) y la Hungría del Imperio Austrohúngaro, se habían formado en el bachillerato europeo de la época. Es decir, que sabían latín y griego antiguo.

En otro orden de cosas, algo me ha llamado la atención en la misma página del libro. Ulam dice que decidideron pasar esas vacaciones de Navidad tan a lo grande para la época (viaje al extranjero en coche) porque diciembre de 1950 era el final no sólo de la década sino también de la primera mitad del siglo XX. Correcto, como era de esperar en matemáticos de primer nivel mundial. Aún recuerdo la discusión que se generó cuando pasamos de 1999 a 2000. Y es que el año 0 no existe, sino que de diciembre del año 1 antes de Cristo se pasa a enero del 1 después de Cristo. Pero como lo que importa aquí es correrse la juerga lo antes posible, ¿para qué esperar?

Stan Ulam acerca de la enseñanza

“One may wonder whether teaching mathematics really makes much sense. If one has to explain things repeatedly to somebody and assist him constantly, chances are he is not cut out to do much in mathematics. On the other hand, if a student is good, he does not really need a teacher except as a model and perhaps to influence his tastes.” (De su autobiografía Adventures of a Mathematician.)

Es como si me hubiera leído la mente. Si estamos hablando de estudiantes normales (es decir, que no requieren ayuda debido a una minusvalía de cualquier tipo), lo dicho se aplica a todos los ámbitos del conocimiento. Los que valen para la literatura, o las lenguas clásicas, o la biología, o lo que sea, no necesitan que el maestro o profesor les esté encima, dado que el campo de estudio ya los atrae por naturaleza. El buen estudiante necesita saber e indagar como el aire que respira, sobre todo si entiende que, en este mundo, hoy estamos y mañana quizá no, de modo que no hay tiempo que perder.

A este respecto, dos profesores míos me soltaron a la sazón dos frases lapidarias. El señor Molina, profesor de Historia en BUP y COU en la Academia Febrer, nos dijo que lo único que tenemos seguro en este lado de la existencia es la muerte, y que no perdiéramos el tiempo con gilipolleces. Algunos no hicieron ni puto caso y así les fue. (Al cabo de los años me enteré de que el tipo era un alto cargo en una logia masónica.) El otro, el Doctor Petit Sullà (RIP), ingeniero y Catedrático de Filosofía Natural en la Facultad de Filosofía de la UB, reparaba con frecuencia en que lo más importante en este mundo es saber dónde coño estás. Lo llamaba “sentido de la ubicación”. Propiedad que, clara y desafortunadamente, escasea.

El adversario, de Emmanuel Carrère

El nueve de enero de 1993, Jean-Claude Romand mató a su esposa, a sus dos hijos y a sus padres. Quedaba atrás una historia tan inverosímil que te deja mal cuerpo. Durante diecisiete años se hizo pasar por médico de la OMS, engañando a todo el mundo. Lo primero que uno piensa es qué demonios hacía cuando todos creían que estaba en la oficina o almorzando con ministros y premios Nobel. Pues, entre otras cosas, dar paseos interminables por un bosque. Así, día tras día, semana tras semana, mes tras mes durante diecisiete años.

El libro es alucinante y alucinógeno, como todo lo que escribe este genio francés llamado Emmanuel Carrère (París, 1957), autor de una biografía indispensable de Philip K. Dick. No veo necesario añadir mucho más porque cualquier descripción que dé será vana. El libro es tan breve como difícil de leer. Duro como pocos. Y el Mal, el Adversario, lo recorre de punta a punta:

“Ese tipo está muy enfermo [comenta un veterano dibujante de prensa presente en el juicio], los psiquiatras están locos por permitir que le juzguen. Él se controla, lo controla todo, así es como aguanta, pero si se ponen a hacerle cosquillas ya no puede controlarse, estallará delante de todo el mundo y le aseguro que será espeluznante. Creemos tener delante a un hombre, pero en realidad ya no es un hombre, hace mucho tiempo que ha dejado de serlo. Es como un agujero negro, y ya verá usted, nos estallará en la cara. La gente no sabe lo que es la locura. Es horrible. Es lo más horrible que hay en el mundo.”

Traducción de Jaime Zulaika para Anagrama. Corchetes míos.

Αγεωμέτρητος μηδείς εισίτω

Es decir, que no entre nadie sin conocimientos de geometría. Tal era la inscripción en la entrada a la Academia de Platón, donde se trabajaba mentalmente, sin elaborar matemáticamente por escrito, dado que eso habría equivalido a insultar a las formas puras del mundo inteligible. El movimiento platónico, como el pitagórico, tenía de secta mucho más de lo que se cree, al menos en vida de ellos.

Todo eso me ha venido a la mente mientras leía Adventures of a Mathematician, la autobiografía del celebérrimo Stan Ulam:

“The world of mathematics is a creation of the brain and can be visualized without external help. Mathematicians are able to work on their subject without any of the equipment or props needed by another scientists. Physicists (even theoretical physicists), biologists, and chemists need laboratories—but mathematicians can work without chalk or pencil and paper, and they can continue to think while walking, eating, even talking. This may explain why so many mathematicians appear turned inward or preoccupied while performing other activities.”