Recomendaciones literarias para Navidad 2010 y Reyes 2011

Últimamente no he recomendado mucho por motivos obvios, pero el último compendio de recomendaciones fue hace seis meses. De ahí que se hayan acumulado unos cuantos títulos. Ahí van:

Cómic: Watchmen, de Moore y Gibbons

Literatura griega moderna en catalán: Escrits o Mitologia personal, de Andreas Embirikos

Nueva traducción de El Doctor Zhivago, de Borís Pasternak

La trilogía de Smaïl: Vivir me mata, París-Casablanca y La Pasión según Smaïl

Culminación de la trilogía de Bánffy: El reino dividido

Zombis a gogó: La plaga de los zombis

Clásico: El cielo protector, de Paul Bowles

Relatos: La noche de la conspiración de la pólvora, de Juan Antonio Masoliver Ródenas

De un autor interesante y desconocido: Camino nocturno, de Ludwig Höhl

Otra de Zamiatin: La inundación

Tercer volumen de los Relatos de Kolimá, de Shalámov

Cuento de Ricardo Menéndez Salmón: “Los caballos azules”

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El reino dividido, de Miklós Bánffy

Hala, ya está. Libros del Asteroide ha publicado la tercera entrega de la trilogía. El reino dividido cierra el paquete iniciado con Los días contados y Las almas juzgadas. Traducción, como siempre, de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Gaviño. A destacar que el volumen no es tan grueso como los dos precedentes. Acaso a Bánffy se le cansase la mano.

Termina la saga familiar del conde transilvano Bálint Abády, en esa época en la cual Transilvania aún era Hungría. Termina asimismo su historia de amor con Adrienne Miloth, casada y madre, y empieza la Primera Guerra Mundial justo después de que las dos Guerras Balcánicas se cerraran en falso. Eso me recuerda que, en dos años, se celebrará el centenario de la incorporación de la ciudad de Tesalónica al Estado griego moderno. Habrá que ver la fiesta que montan en la ciudad de nacimiento de Atatürk.

Bánffy, político de carrera, tejió una ficción narrativa alrededor de los hechos reales de su tiempo y sus lares, de modo que no estamos propiamente ante una trilogía de novelas históricas. De todos modos, las imágenes que nos transmite son pata negra, como las de los húngaros gritando “¡Viva la guerra!” mientras sus jóvenes se preparaban para luchar contra los serbios. El mismo entusiasmo que se refleja en la película Lo que el viento se llevó (y supongo que también en la novela). Qué bestias eran las guerras sin antibióticos.

Lo dicho. No hay excusa para no conocer una parte de la historia moderna de Hungría, la potencia mundial en waterpolo: 12 Europeos, 9 Olimpíadas y 2 Mundiales, en este último caso empatada con España, Italia, la URSS y Yugoslavia. Dime con quién nadas…

Recomendaciones literarias para Sant Jordi 2010

Este próximo viernes, 23 de abril, se celebrará el Día Mundial del Libro. Como propuesta, compendio los libros que he reseñado positivamente desde diciembre pasado:

Vacío perfecto, de Stanisław Lem (Impedimenta), una rareza magistral.

Kaputt, de Curzio Malaparte. La nueva traducción basada en la edición casi definitiva. Publica Galaxia Gutenberg.

Lejos de Toledo, de Angel Wagenstein (Libros del Asteroide). La tercera parte de una trilogía que puede leerse de cualquier manera porque los protagonistas no son comunes.

Destinos intermedios, la segunda novela negra de Octavio Escobar publicada por Periférica.

Todo fluye, de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg).

El ladrón del rayo, de Rick Riordan (Salamandra). Juvenil entretenida.

Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama).

Caballería roja, de Isaak Bábel (Galaxia Gutenberg). Relatos inspirados en la Guerra Polaco-Soviética de 1920-21.

Omega, de Jack McDevitt (La Factoría de Ideas). Pura ciencia ficción espacial.

Prometo ser bueno: cartas completas, de Arthur Rimbaud (Barril & Barral). La primera vez que se publican todas sus cartas en lengua española.

La carretera, de Cormac McCarthy (Mondadori).

Los días contados, de Miklós Bánffy (Libros del Asteroide), la primera parte de la “Trilogía transilvana” del autor húngaro. La segunda, Las almas juzgadas, ya está a la venta.

Décimo primer artículo en Factual

También allí recomiendo libros antes del 23 de abril, Sant Jordi.

Lejos de Toledo, de Angel Wagenstein

Tercera novela que Libros del Asteroide publica de Angel Wagenstein (Plóvdiv, 1922), búlgaro sefardí. Ni idea de las otras dos (El Pentateuco de Isaac y Adiós, Shanghai), pero ésta vale mucho la pena.

Apunte personal. Mi primer y único contacto con sefardíes fue con el Cónsul Honorario de España en Tesalónica, un griego ya anciano. El Consulado ni siquiera era un despacho sino su tienda, muy cerca del centro. Creo que llegué a vislumbrar los números grabados en su brazo, pero no estoy muy seguro. Tampoco le pregunté si formaba parte del 1% de judíos tesalonicenses que sobrevivieron a la visita de los alemanes y al colaboracionismo griego. Lo que recuerdo más claramente fue aquella frase: “Yo soy español”. Lo dijo con ese acento arcaico sefardí que te transporta cual máquina del tiempo.

Volviendo a lo que nos ocupa, Wagenstein teje una novela maravillosa que fluctúa entre la Bulgaria postcomunista de los 90 y el pasado remoto del protagonista, Albert Cohen, cuando era un criajo en los 40 (no recuerdo fechas, pero por ahí anda la cosa). Cohen, trasunto del autor, regresa a su tierra natal tras la caída del Muro de Berlín, ya con pasaporte israelí. Allí reencontrará al amor armenio de su infancia, nunca culminado.

El escritor representa con mano magistral el mosaico étnico y religioso de Bulgaria a través de una terminología llena de extranjerismos adaptados al búlgaro, incluidas algunas palabras turcas que también se usan en Grecia. Otras expresiones ya estaban en lengua española, por lo que nos indica el traductor del original, Venceslav Nikólov, responsable de un trabajo notable.

En suma, novela de reminiscencias y de pasados cuyos ecos todavía resuenan.

Contando a Miklós Bánffy

Dos elementos más bien anecdóticos me llamaron la atención durante la lectura de Los días contados, del húngaro Bánffy (Libros del Asteroide).

El primero está en la página 299 (y eso es medio libro, shit yourself little parrot). Leemos:

“Por un instante, la mirada de Adrienne pareció reflejar miedo. Pero después, levantó la barbilla y le ofreció sus labios a Bálint. Éste le dio un beso largo en la boca cerrada, abrazándola ligeramente, estrechando contra sí el cuerpo de la mujer.” [Traducción de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Gaviño. Las negritas son mías, parafraseando a Mandingo.]

Ya de pequeño me fijaba en que en las películas de ahora (por decirlo vagamente) los amantes se besan con lengua. Como en la vida misma. Sin embargo, en las de antes los besos siempre son a boca cerrada. Vale que no entran moscas, pero el desarrollo de los mecanismos de besuqueo en el celuloide da que pensar. Y la frase de Bánffy también.

Del segundo no puedo poner la referencia porque no marqué la página, y cualquiera se pone a buscarla en un tocho como ése. No importa. La cosa iba así: en cierto diálogo, alguien mencionaba una cacería, quizá de perdices, en la cual, al parecer, uno de los participantes estuvo a punto de asesinar a otro de modo encubierto. Ya se sabe que las armas las carga el Diablo, no Godzilla, y que si un grupo de aristócratas alcoholizados se pasea por el monte con escopetas cargadas es muy fácil que algún heredero termine con el cerebro entre las setas.

Entonces pensé: “0-0, vaya mierda de partido… espera, si en El último encuentro, de Sándor Márai, novela posterior a Los días contados, uno de los protagonistas está a punto de liquidar accidentalmente a otro en una cacería, y Bánffy, por lo que sé, es una de las influencias literarias de Márai…”.

Exactamente ahí dejé de pensar.

Fallo los Premios Seléucidas 2009

Un año más, un jurado compuesto por el abajo firmante (es un decir) falla los premios literarios de este blog. Os recuerdo que tienen que ser novedades en la medida de lo posible, y el gran problema es que no caen tantas en mis manos. Además, en dos categorías el autor tiene que estar vivo: en la de Litteraturæ Magister (dado a uno de los grandes que nunca recibirá el Nobel) y en la de Mejor Autor. En el resto de casos, los escritores pueden estar esperándonos en los Campos Elíseos.

Por otro lado, el premio de este año es una foto que me costó lo suyo:

[Evidencia científica irrefutable de que los mamíferos leen, literalmente, cualquier cosa.]

Así, hecho ya el trabajo de campo, paso a dar la lista:

Litteraturæ Magister por toda una vida literaria: J.D. Salinger (Nueva York, 1919)

Mejor Autor: Christine Arnothy, por Tengo quince años y no quiero morir (Barril & Barral)

Mejor Compendio de Cuentos: Relatos de Kolimá II, de Varlam Shalámov (Minúscula)

Mejor Editorial: Galaxia Gutenberg

Mejor Novela: Los días contados, de Miklós Bánffy (Libros del Asteroide)

Mejor Otro: Nostalgia de Charlie Parker, de Robert George Reisner (Global Rhythm Press)

Mejor Traducción: Xavier Roca-Ferrer, por El viaje de Shakespeare, de Léon Daudet (Barril & Barral)

Mejor Volumen: El rival de Prometeo, de varios autores (Impedimenta)

Premios Seléucidas 2009 a la Decadencia

Cubierta Más Espantosa: El amante, de Nicole Jordan (Esencia, Grupo Planeta)

Novela Más Impresentable: La mano de Fátima, de Ildefonso Falcones (Grijalbo)

Peor Frase Publicitaria: “El más exacto rigor histórico, talento narrativo y poder de la autora como creadora de atmósferas prenderán la atención del lector para conducirlo sin pausa hasta el final. Una excelente novela”, por José Saramago en La casa de los siete pecados, de Mari Pau Domínguez (Grijalbo)

Accésit al Desastre Estético Más Lamentable: Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet (Tusquets)

Los días contados, de Miklós Bánffy

La encomiable labor editorial de Luis Solano al frente de Libros del Asteroide lo ha llevado a publicar la primera parte de la “Trilogía transilvana” de Miklós Bánffy (1873-1950), muy conocido en su casa a las horas de comer, como decía mi abuela (normal: los comunistas prohibieron sus obras y en nuestro lado no se le hizo ni caso). Seguirán Las almas juzgadas y El reino dividido. En otras palabras: la caída del Imperio Austrohúngaro. Y es que no todos contraatacan.

Bánffy llegó a ocupar la cartera de no sé qué ministerio, y parte de la gracia de la novela radica en su aproximación totalmente realista a los entresijos de la política austrohúngara, especialmente durante los primeros años del siglo XX, tiempo en que transcurre la acción. Mencionaré además que sacaba 27 años a Sándor Márai y 18 a Lajos Zilahy. Después de haber leído a los tres, parece evidente que la pasión literaria de estos dos por las sagas familiares húngaras tiene una raíz clara en Bánffy, maestro a la hora de narrar la hungaridad, por llamarla así, a través de las descripciones costumbristas de unas elites culturales y económicas que tienen, precisamente, los días contados. La Primera Guerra Mundial llama a la puerta y barrerá con todo, Imperio incluido, de modo que los supervivientes de las aristocracias defenestradas, sin tener aún a la vista la llegada del comunismo que terminaría sembrando la tierra de sal, acabarán sumidos en la invisibilidad que suplicaba Ian McKellen en Gods and Monsters. Hungría, la patria de Liszt según las fronteras de la época (hoy es Austria), convertida en uno de los núcleos del porno europeo actual. Vivir para ver.

Traducción, en algunos aspectos mejorable, de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Gaviño, y prólogo correctísimo de Mercedes Monmany. Se recomienda leerlo como epílogo.