El adversario, de Emmanuel Carrère

El nueve de enero de 1993, Jean-Claude Romand mató a su esposa, a sus dos hijos y a sus padres. Quedaba atrás una historia tan inverosímil que te deja mal cuerpo. Durante diecisiete años se hizo pasar por médico de la OMS, engañando a todo el mundo. Lo primero que uno piensa es qué demonios hacía cuando todos creían que estaba en la oficina o almorzando con ministros y premios Nobel. Pues, entre otras cosas, dar paseos interminables por un bosque. Así, día tras día, semana tras semana, mes tras mes durante diecisiete años.

El libro es alucinante y alucinógeno, como todo lo que escribe este genio francés llamado Emmanuel Carrère (París, 1957), autor de una biografía indispensable de Philip K. Dick. No veo necesario añadir mucho más porque cualquier descripción que dé será vana. El libro es tan breve como difícil de leer. Duro como pocos. Y el Mal, el Adversario, lo recorre de punta a punta:

“Ese tipo está muy enfermo [comenta un veterano dibujante de prensa presente en el juicio], los psiquiatras están locos por permitir que le juzguen. Él se controla, lo controla todo, así es como aguanta, pero si se ponen a hacerle cosquillas ya no puede controlarse, estallará delante de todo el mundo y le aseguro que será espeluznante. Creemos tener delante a un hombre, pero en realidad ya no es un hombre, hace mucho tiempo que ha dejado de serlo. Es como un agujero negro, y ya verá usted, nos estallará en la cara. La gente no sabe lo que es la locura. Es horrible. Es lo más horrible que hay en el mundo.”

Traducción de Jaime Zulaika para Anagrama. Corchetes míos.

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Recomendaciones literarias para Sant Jordi 2010

Este próximo viernes, 23 de abril, se celebrará el Día Mundial del Libro. Como propuesta, compendio los libros que he reseñado positivamente desde diciembre pasado:

Vacío perfecto, de Stanisław Lem (Impedimenta), una rareza magistral.

Kaputt, de Curzio Malaparte. La nueva traducción basada en la edición casi definitiva. Publica Galaxia Gutenberg.

Lejos de Toledo, de Angel Wagenstein (Libros del Asteroide). La tercera parte de una trilogía que puede leerse de cualquier manera porque los protagonistas no son comunes.

Destinos intermedios, la segunda novela negra de Octavio Escobar publicada por Periférica.

Todo fluye, de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg).

El ladrón del rayo, de Rick Riordan (Salamandra). Juvenil entretenida.

Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama).

Caballería roja, de Isaak Bábel (Galaxia Gutenberg). Relatos inspirados en la Guerra Polaco-Soviética de 1920-21.

Omega, de Jack McDevitt (La Factoría de Ideas). Pura ciencia ficción espacial.

Prometo ser bueno: cartas completas, de Arthur Rimbaud (Barril & Barral). La primera vez que se publican todas sus cartas en lengua española.

La carretera, de Cormac McCarthy (Mondadori).

Los días contados, de Miklós Bánffy (Libros del Asteroide), la primera parte de la “Trilogía transilvana” del autor húngaro. La segunda, Las almas juzgadas, ya está a la venta.

Lila, Lila, de Martin Suter

Martin Suter (Zúrich, 1948) es un escritor pata negra como la copa de un pino. Y a esta novela me remito.

La narración nos lleva con maestría por la vida de David Kern, una nulidad absoluta que trabaja como camarero en un bar donde, además, comete el error de intentar hacer amigos con los clientes. Allí conoce a Marie, de quien se enamora perdidamente. Por desgracia, ella y sus amigos son muy cultos (o, al menos, fingen serlo), de manera que él no entra ni con calzador.

Mas entonces todo da un vuelco. Llega a las manos de David un manuscrito, una novela inédita de la cual no duda en apropiarse. Nadie cae en la cuenta de que es imposible que tal sujeto haya podido escribir una obra maestra como ésa, y claro, Marie se enamora de él en pleno ataque romántico-esteticista propio de quien se guía por impulsos transitorios y no por la recta razón. A partir de ahí, la situación se vuelve incontrolable. La vida de David lo desborda, y Suter no sólo sabe reflejarlo a la perfección sino que lo lleva más allá, componiendo un magistral juego en el cual el protagonista termina acercándose peligrosamente a la locura.

Publica Anagrama y traduce Helga Pawlowsky del alemán.

Otra lista: los libros de la década

Como ya dije de la lista que La Vanguardia presentó de las cincuenta mejores películas de esta década primera, seguiré la corriente a pesar de que aún no hayamos pasado a la segunda y comentaré la jugada. Esta vez, en internet sólo he encontrado los que son, a juicio de los críticos literarios de ese mismo diario, los diez mejores libros del inicio del siglo XXI. Huelga decir que tengo la edición en papel (28-12-2009) para llenar los huecos, dado que esta lista también llega hasta la posición quincuagésima, y mezcla imprudentemente ensayo con novela y lo que haga falta. Mal hecho. Me centraré sólo en la categoría de novela, que ya da para cincuenta. Por cierto, deduzco por la presencia de Vida y destino, de Vasili Grossman, que si la novela no se ha escrito en los últimos diez años, tiene que haberse publicado, al menos, bajo forma de versión definitiva en lengua española en este período. Un criterio un poco raro, pero si esto es lo que hay, al menos lo aprovecharé sin escrúpulos.

Lo primero que llama la atención es que declaren explícitamente que han querido tratar la lengua catalana igual que las otras. Gracias, lo daba por descontado, y precisamente porque lo dicen me da que algo ha ido mal. Con un vistazo es evidente. Según La Vanguardia, de los diez libros mejores o más importantes publicados como novedad en todo el mundo, en todas las lenguas y en los últimos diez años, dos se han escrito en catalán. ¿No exageramos un pelín? Yo aceptaría uno y sólo si fuera La pell freda (La piel fría), de Albert Sánchez Piñol, pero tal obra maestra está en la posición vigésimo novena, por detrás de La sombra del viento. En serio. La han metido en la lista. Ya puestos a no cortarse un pelo, que coloquen La enfermera de Brunete, de Manuel Maristany.

Los aciertos no tapan los errores. Está el insigne Philip Roth (La mancha humana) con un libro pero Baltasar Porcel con dos. Están escritores conocidos que, a pesar de que no me convenzan, acepto en la lista en un momento de debilidad (Murakami y Coetzee), pero varios libros de un asunto que ya me ha saturado: la Guerra Civil Española. Vale ya, ¿no? Tu rostro mañana, de Javier Marías; Soldados de Salamina, de Javier Cercas; Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez; Dientes de leche, de Ignacio Matínez de Pisón. ¿Esto es una lista que refleja los libros de la década en todas las lenguas en todo el mundo, o una paletada localista? ¿Bromean?

Como hice el otro día con las películas, doy alternativas de primer nivel, hasta donde llego y he leído:

Europa Central, de William T. Vollmann (Mondadori)

Waltenberg, de Hédi Kaddour (Edhasa)

El camino del norte, de Horacio Vázquez-Rial (La otra orilla)

Negro, de Olivier Pauvert (Mondadori)

El labrador de aguas, de Huda Barakat (La otra orilla)

Los crímenes de Oxford, de Guillermo Martínez (Destino)

En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano (Anagrama)

La ciencia del adiós, de Elisabetta Rasy (Alianza)

La mujer que esperaba, de Andreï Makine (Tusquets)

Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama)

El Ministerio del Dolor, de Dubravka Ugrešić (Anagrama)

El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, de Antonio Priante (Cahoba)

Yendo un poco más allá y para acabar, pondré novela griega, inexistente en la lista de La Vanguardia. Porque, aunque parezca mentira, en Grecia se produce literatura de primer nivel e incluso se publican libros. En serio. Papel, tinta, etc. Libros de verdad, no de gominola. Ahí van tres que ya tienen años pero que se han publicado hace poco. Si está Vida y destino, que es del siglo pasado, no veo por qué no van a estar éstos:

Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (traducción mía en Rey Lear)

Gioconda, de Nikos Kokantzis (de momento, sólo en catalán y en la editorial Pagès)

L’assassina, de Aléxandros Papadiamandis (de momento, sólo en catalán y en las editoriales Adesiara y El Tall)

Recomendaciones literarias para Navidad 2009 y Reyes 2010

O Papá Noel, o Mamá Noel ligera de ropa, o lo que uno quiera. La cuestión es que se regalen libros. Compendio las reseñas positivas de los últimos meses:

Clasicazo flipante: El festín de Babette, de Isak Dinesen (Nórdica)

Clásico ruso: Un héroe de nuestro tiempo, de Mijaíl Lérmontov (Nórdica)

En lengua catalana: Narrativa catalana de l’exili, de varios autores (Galaxia Gutenberg)

Humor: Piccadilly Jim, de P.G. Wodehouse (Anagrama)

Inédita hasta la fecha: El solterón, de Adalbert Stifter (Impedimenta)

La base de la serie televisiva: Flashforward, de Robert J. Sawyer (La Factoría de Ideas)

Literatura acerca de autómatas: El rival de Prometeo, de varios autores (Impedimenta)

Los almogávares bajo un punto de vista griego: Roger de Flor, de Kostas Kyriazís (Plataforma)

Maravilla japonesa: El cortador de cañas, de Junichiro Tanizaki (Siruela)

Memorias en Hungría durante la 2ª Guerra Mundial: Tengo quince años y no quiero morir, de Christine Arnothy (Barril & Barral)

Novela con protagonista ilustre: El viaje de Shakespeare, de Léon Daudet (Barril & Barral)

Obra primeriza: Basil Howe, de G.K. Chesterton (El Olivo Azul)

Otra inédita hasta la fecha: El sendero en el bosque, de Adalbert Stifter (Impedimenta)

Oscuridad refinada: Los anillos de Saturno, de W.G. Sebald (Anagrama)

Promesa de la novela: Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera (Periférica)

Reedición: El soldado de porcelana, de Horacio Vázquez-Rial (Verticales)

Relatos: Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders (Anagrama)

Los anillos de Saturno, de W.G. Sebald

Aquí tendría que estar escribiendo un amigo especialista y traductor de alemán, pero como se agobia me aventuraré yo.

De Winfred Georg Maximilian Sebald (1944-2001) ya reseñé Del natural y Sin contar. Me faltaba echar un ojo en profundidad a esta novela que no termina de serlo para que Sebald me deslumbrara definitivamente.

Los anillos de Saturno es una rareza tan intrigante como espectacular, un viaje interior plasmado en un recorrido exterior por el paisaje inglés de Suffolk en 1992. Sin diálogos, sin acontecimientos más allá del fluir natural de la vida, sin nada más que la narración del camino de Sebald mismo jalonado por referencias a escritores Thomas Browne, Chateaubriand, Borges o Joseph Conrad. Entiendo que el título de la obra se refiere a los elementos concéntricos bien a sí mismo, bien a un pasado al cual Sebald termina remitiéndose como emanación literaria e incluso quizá topográfica.

Publicó Anagrama y tradujo Carmen Gómez García con la ayuda de Georg Pichler.

Piccadilly Jim, de P.G. Wodehouse

Pelham Grenville Wodehouse (1881-1975) escribió tal cantidad de novelas que es mejor no contarlas (algo así como noventa). Su humor satírico y chispeante lo convirtió en uno de los grandes del género en su momento, y una prueba es ésta, Piccadilly Jim, que no forma parte de ninguno de sus ciclos de novelas relacionadas entre sí, por más que remita a una sola novela, The Little Nugget.

Piccadilly Jim es el sobrenombre del protagonista, James, americano de vida licenciosa en Londres. El motivo de que resida en Europa es que su padre se casó con una mujer de buena posición y capacidad de mando más bien férrea. A causa de un desliz de índole no sexual, Jim se fuga a los Estados Unidos, donde se desarrollarrá la novela en medio de un ir y venir de personajes y situaciones cómicas. No pasa nada porque diga que hay final feliz de corte radicalmente clásico. Se intuye a las cincuenta páginas.

No puedo dejar de destacar que, viendo lo que hay en el mercado, Wodehouse se erige como un ejemplo perfecto de que la literatura de evasión puede ser una maravilla y no algo ignominioso e ilegible. Publicó Anagrama, como otras novelas del mismo autor, y tradujo Emilia Bertel.

Tres cuentos de Pere Calders

Después de reseñar Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders (Anagrama), me centraré en tres relatos que me han provocado un viaje mental asociativo.

El primero es “Cosas de la providencia”. Un tipo se presenta en su propia casa para descubrir, atónito, que allí vive una familia desde hace años. Que se ha producido algo así como un salto a otra existencia paralela queda manifiesto cuando el padre de familia le confiesa que lo mismo le sucedió a él, y que así conoció a su mujer. Huelga decir que el protagonista se casa con la hija de los supuestos okupas, tal como hizo el padre de la joven a la sazón. Dicho relato me recuerda al episodio “Person or Persons Unknown” de The Twilight Zone, donde un tío se despierta resacoso en su casa. Ni su mujer, ni sus amigos, ni sus compañeros de trabajo lo reconocen. Su vida no existe. La gracia está en que se desvanece, incapaz de asimilar esa nueva realidad, y al despertarse está casado con otra señora infinitamente más atractiva que su mujer en la otra existencia. Así cualquiera.

El segundo es “Cero a Malthus”. En un futuro distópico, los gobiernos eliminan a los ancianos porque los japoneses tuvieron la mala pata de inventar el suero de la inmortalidad. Y claro, sobra personal. Hay un relato de Richard Matheson que trata más o menos de lo mismo (está en un volumen de La Factoría de Ideas). La vuelta de tuerca de Calders radica en que se hace una referencia al posible uso de los cadáveres como alimento, y uno no puede dejar de pensar en la película Soylent Green, muy libremente basada en una novela de Harry Harrison.

El tercero es “La rebelión de los objetos”. Los objetos se rebelan contra sus creadores: los interruptores dejan de funcionar, las puertas se niegan a dejar pasar, etc. Me han venido tres historias a la mente: 1. Ubik, de Philip K. Dick, donde una puerta electrónica muy borde no deja pasar ni al inquilino del piso a menos que apoquine; 2. “A Thing about Machines”, un capítulo de The Twilight Zone donde las máquinas se sublevan contra el propietario de la casa; 3. Westworld, con Yul Brynner, modelo de comportamiento para todos los calvos, titulada aquí Almas de metal. Los robots de un parque de atracciones cobran conciencia de sí mismos y se enfadan un pelín.

Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders

Pere Calders es uno de los escritores más importantes en lengua catalana, no ya del siglo XX sino de toda la historia. Su faceta más conocida es la de cuentista (en el mejor sentido de la expresión), formato en que llegó a cotas verdaderamente apabullantes, sobre todo en el ámbito de lo fantástico y sobrenatural. Nació en Barcelona en 1912 y murió en la misma ciudad en 1994, tras un período de 23 años exiliado en México después de la Guerra Civil Española.

No sé cuántas de sus obras están traducidas al castellano. De hecho, esta compilación de relatos es su primer volumen traducido que leo. No obstante, veo en la Casa del Libro que el Fondo de Cultura Económica publicó en México la traducción Aquí descansa Nevares y Gente del altiplano en un solo libro.

Ruleta rusa y otros cuentos recoge veintiocho relatos extraídos de los volúmenes donde se publicaron originalmente, como el celebérrimo Cròniques de la veritat oculta, y contiene dos joyas de primera fila: “El desierto” (un tipo atrapa su propia alma con la mano cuando parecía que iba a morir) y “La llave de hierro” (¿qué encierra un armario cuyo interior nadie ha visto?). Un antiguo acierto de Anagrama, a pesar de que la traducción del traspasado Joaquim Jordà (quien firmó como Joaquín Jordá) tenga aspectos mejorables, y una buena ocasión para que los castellanohablantes que no conozcan al autor se introduzcan en su mundo.

El regreso, de Bernhard Schlink

Bernhard Schlink está muy de moda últimamente a raíz de la película El lector, basada en su novela homónima publicada por Anagrama. Como no la he leído, me centro en otra novela, El regreso.

Estamos ante una obra de magnitud. Su responsable nació en Bielefeld en 1944 y profesionalmente es juez. Se ve que, al principio de su carrera, se dedicaba a las novelas policíacas, también publicadas en Anagrama.

Voy con el argumento, sin desvelar nada que no esté ya en la contracubierta. El narrador, Peter Debauer, es un chaval que se ha criado con su madre sin conocer a su padre. Los abuelos trabajan en el mundo editorial. Un día, en contra de su voluntad expresa, el chico lee partes sueltas de una novela. En ella, un soldado alemán regresa del frente oriental y se encuentra a su mujer no sólo casada con otro sino también con dos hijas. Dado que el chico no tiene el resto del texto, no sabe cómo acaba.

No obstante, años más tarde y hecho ya hombre, Peter investigará el trasfondo real de esa novela, descubriendo elementos inesperados que remiten a hechos reales sucedidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial, relacionados directamente con su padre desaparecido, y emprenderá un viaje tanto físico como espiritual que culminará en un final del todo inesperado.

Schlink teje una novela de altos vuelos, que se apoya constante y explícitamente en la Odisea. A medida que despliega la acción mediante imágenes homéricas, analiza con una agudeza impresionante la obra del poeta griego, deliberando al mismo tiempo acerca de determinados campos del saber humano que jugaron un papel muy importante en el ascenso y caída del nacionalsocialismo. Sin duda, una obra inquieta que no invita al reposo tras su lectura.