Relatos de Kolimá IV, de Varlam Shalámov

Cuarta entrega de las seis que terminará publicando la editorial Minúscula en traducción de Ricardo San Vicente, profesor de ruso en la Universidad de Barcelona. Shalámov (1907-1982) continúa ahondando en su deportación a los campos de concentración soviéticos:

“Del cielo blanquecino, turbio, algo siniestro y monocolor, caía una lluvia fría y fina. Las colinas desnudas, sin árboles, rocosas y algo verdes, se alzaban frente a nosotros, y en las hondonadas que las separaban, justo a sus pies, se tejían deshilachadas unas nubes de un gris sucio. Como si las trizas de una enorme manta cubrieran aquel lúgubre lugar montañoso. Lo recuerdo bien: me sentía completamente tranquilo, dispuesto a lo que fuera, pero sin quererlo el corazón me empezó a palpitar y después se me encogió. Y apartando los ojos pensé: ‘Aquí nos han traído a morir’.”

[Del relato “El muelle del infierno”.]

Luego añade:

“[…] el desprecio por la propiedad privada era algo que se nos había inculcado hasta la saciedad.”

Inculcado, naturalmente, por quienes gobiernan y deciden acerca de la vida de sus súbditos como si el país fuera su propiedad privada.

Indispensable como los tres anteriores.

Papadiamandis en formato electrónico

El traductor y helenista Toni Góngora ha tenido la feliz idea de publicar en formato electrónico para Kindle cuatro relatos del clasicazo griego Aléxandros Papadiamandis (1851-1911). Como el autor murió hace un pico de años, no hay que pagar derechos ni negociar con nadie. Si uno tiene inventiva y le echa ganas por la cara, prescindiendo de pasar por la pesadez de los trámites editoriales con tipos que te miran por encima del hombro, puede hacer cosas como ésta.

La traducción es al catalán y está disponible en el siguiente vínculo. A destacar que Góngora ya tradujo excelentemente y publicó en papel L’assassina, una novela de Papadiamandis.

Recomendaciones literarias para Navidad 2010 y Reyes 2011

Últimamente no he recomendado mucho por motivos obvios, pero el último compendio de recomendaciones fue hace seis meses. De ahí que se hayan acumulado unos cuantos títulos. Ahí van:

Cómic: Watchmen, de Moore y Gibbons

Literatura griega moderna en catalán: Escrits o Mitologia personal, de Andreas Embirikos

Nueva traducción de El Doctor Zhivago, de Borís Pasternak

La trilogía de Smaïl: Vivir me mata, París-Casablanca y La Pasión según Smaïl

Culminación de la trilogía de Bánffy: El reino dividido

Zombis a gogó: La plaga de los zombis

Clásico: El cielo protector, de Paul Bowles

Relatos: La noche de la conspiración de la pólvora, de Juan Antonio Masoliver Ródenas

De un autor interesante y desconocido: Camino nocturno, de Ludwig Höhl

Otra de Zamiatin: La inundación

Tercer volumen de los Relatos de Kolimá, de Shalámov

Cuento de Ricardo Menéndez Salmón: “Los caballos azules”

Liquidación de libros

Hace un par de semanas fui con dos colegas de trabajo a la liquidación de libros de Borders (poca broma), una de las grandes cadenas de Singapur. Tampoco es que se lea mucho, pero menos da una piedra.

[Feria japo que nos caía en la misma planta; pasamos de largo.]

El evento, por llamarlo así, no tuvo lugar en una de las dos librerías de la empresa sino en un almacén en la cuarta planta de un complejo de rascacielos llamado Suntec City. Concretamente, el de esta foto. Y es que si se liquidan libros, se liquidan bien.

[Personal enloquecido acaparando manuales de informática.]

Allí me agencié seis libros por 50$, unos 29€. De momento los tengo aparcados porque el volumen de trabajo me impide leer como querría. Son éstos:

The Va Dinci Cod es una parodia descojonante de ese superventas cuyo título no hace falta repetir. Creo que será el primero que leeré.

“¡Levantaos!”, de Jay Alamares

Decimotercer y último relato del compendio La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.

Nos informa Jesús Palacios, el editor externo y prologuista del volumen que hoy terminamos, de que Jay Alamares nació en San Francisco y tiene a Bukowski como una de sus grandes influencias. La verdad es que se le nota un punto friki, por no decir que su sentido del humor es corrosivo y contagioso. En “¡Levantaos!” nos retrotraemos al inicio del apocalipsis, cuando en el interior de ciertas instalaciones militares se escapa un gas que mata y resucita (por ese orden) a los que pilla por el camino, mas provocándoles un hambre literalmente letal para con los vivos.

Y hasta aquí las referencias a todos los relatos contenidos en La plaga de loz zombis.

“Conexiones”, de Simon McCaffery

Duodécimo relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.

McCaffery es estadounidense y nació en 1963. Joven aún, pero se ve que ya es bastante conocido en los círculos del horror anglosajón. En “Conexiones” nos encontramos con la Civilización sustentada por los pelos: los zombis deambulan por el agro y uno sólo puede sobrevivir en poblaciones aisladas y atrincheradas. La historia toma fuerza cuando nos damos cuenta de lo que un padre haría por su hijo, o mejor, por lo que fue su hijo.

Sin dudas, es la narración más triste de todo el compendio y atesora una fuerza literaria apabullante.

“Amados muertos”, de Ian McDowell

Undécimo relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.

Según Jesús Palacios, el editor externo y prologuista de este tocho viviente, el relato se titula “Amores muertos”, como es obvio por el original inglés: “Dead Loves”. Sin embargo, en el índice y en la página donde se inicia el relato leemos “Amados muertos”, de modo que lo dejo así. Evidente falta de coordinación entre los responsables de la edición.

McDowell es un escritor americano prometedor, por lo que parece después de leer esta pieza, que es la más desagradable del libro y con diferencia. Tras el fin de la Civilización llega la explotación de los muertos vivientes por parte de los supervivientes, organizados en mafias que convierten a los resucitados en juguetes sexuales. En este sentido, estamos ante la consecuencia argumental lógica de la hipótesis narrativa llevada al extremo, y más conociendo de sobras las aberraciones de las cuales es capaz el ser humano.

No apto para cualquier estómago.

“Zaambi”, de Terry y Christopher Morgan

Décimo relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.

El segundo de los hermanos Morgan, guionista cinematográfico de piezas como Wanted, se juntó con el primero para escribir esta maravilla. En un alarde de imaginación, mezclaron las historias de samuráis con las de zombis, y el resultado es una explosión de creatividad perfectamente hilvanada hacia un final tan inesperado como alucinógeno que me ha recordado al de la novela Flashforward.

Altamente recomendable.