Propuestas de lectura para profesores desesperados y adultos desorientados

Ya escribí una entrada como esta hace años, pero es hora de actualizarla.

Después de dar clases de español en Tesalónica y de volver a Barcelona para doctorarme, mi única experiencia como maestro ha sido en Singapur dando clases de Filosofía en parvularios y escuelas primarias y secundarias tanto públicas cuanto concertadas. Acullá la educación funciona mucho mejor que en España, concluyo no ya de lo que revela el informe PISA (Singapur está entre los cinco mejores países del mundo) sino de lo que me cuentan conocidos y amigos del ramo, por no mencionar a una pariente que es maestra en la primaria catalana.

Una de las capacidades que se ha degradado más en los años últimos es la lectura, y eso me toca muy de cerca. Dado que he sido en general un autodidacta por motivos que ahora no vienen al caso, he elegido mal en demasiadas ocasiones. Durante mi adolescencia casi nadie con criterio me orientó jamás. Eso conlleva inevitablemente perder el tiempo y el dinero en tonterías, en libros que no hay que leer del mismo modo que no dedicarías ni cinco minutos a tomar un café con determinados indeseables. Tenemos poco tiempo en este valle de lágrimas y mejor que lo aprovechemos con lecturas óptimas, las que te hacer exclamar “¡Joder, esto es la leche!”.

Quizá por eso alguien esté tentado de apostillar que algunos de los títulos que sugiero son obviedades. También dijo Núñez a mediados de los 90 que los fichajes propuestos por Cruyff eran tan evidentes que coincidirían con los que pediría su portera. Más a mi favor, puesto que los clásicos que hay que leer son precisamente los que se leen menos o, en el peor de los casos, no se leen ya. Es decir, los de toda la vida. Los obvios. Los que han creado el mundo en que vivimos aun cuando no lo sepamos: conducta quijotesca, situación kafkiana, vivir una odisea, horror lovecraftiano, esto es de ciencia ficción (y sin embargo, ahí estamos tecnológicamente), etc.

Otro motivo de peso para leer a los clásicos es que ayudan a ver, por un lado, cómo se conectan y se influyen mutuamente los narradores vivos y muertos (quien no haya bebido de James Joyce encontrará a Don DeLillo absolutamente opaco, por ejemplo), y por otro lado hasta qué punto muchos escritores actuales nos están vendiendo la moto. Una moto que no deja de ser una copia estropeada, toda vez que como el original no hay nada. Entiéndase: quien no haya pasado por C.S. Lewis ni por Tolkien creerá que J.K. Rowling ha inventado algo; quien no haya leído a Bram Stoker pensará que Stephenie Meyer ha roto moldes con la saga “Crepúsculo”, etc.

En suma, redacto esta entrada como ayuda para quien se sienta literariamente desnortado o se atribule por la adecuación de las lecturas de sus alumnos o hijos. Soy consciente de que tenemos nuestros gustos, de que cada uno es cada cual y de que las listas inferiores no serán del agrado de todos, pero menos da una piedra. Me permito el lujo de recomendar novelas de calidad, clásicas o no, que ayuden a los profesores en la instrucción adecuada de los alumnos y a los padres en la educación literaria de la progenie. Sobra decir que quien hable la lengua original no debería leer una traducción, y que todas las obras que propongo son asimismo recomendables para adultos que se sientan perdidos ante el exceso de oferta y, por qué no decirlo claramente, de bazofia en las librerías.

Ténganse también en cuenta dos cosas: primero, que muchas de estas obras están disponibles en lenguas, traducciones y ediciones varias, de modo que ni doy siempre referencias ni sé, en todos los casos, si la versión es buena; segundo, que los pocos vínculos que he añadido llevan a reseñas que publiqué en el blog hace tiempo.

Dicho eso, divido en cuatro tramos. Sólo novelas, que si nos liamos con otros géneros y especies no terminaremos nunca:

11-12 años

  • La pulga de acero, de Nikolái Leskov (Impedimenta). Buena traducción.
  • La isla del tesoro, de R.L. Stevenson (Valdemar). Buena traducción.
  • Kim, de Rudyard Kipling.
  • La máquina del tiempo o La guerra de los mundos, de H.G. Wells. RBA ha publicado un volumen con ésos y los otros dos clásicos de Wells: La isla del Doctor Moreau y El hombre invisible.
  • Robinson Crusoe, de Daniel Defoe (Valdemar). Traducción del mismísimo Julio Cortázar, quien también tradujo los cuentos de Edgar Allan Poe.
  • Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (Valdemar). Buena traducción.
  • Soy un gato o Botchan, de Natsume Soseki (Impedimenta). Mejor ambas. Buenas traducciones.
  • El Hobbit, de J.R.R. Tolkien. Y si gusta, procédase con la trilogía de “El Señor de los Anillos”.
  • “Las Crónicas de Narnia”, de C.S. Lewis. Son siete libritos, por orden: El sobrino del mago, El león, la bruja y el armario, El caballo y el muchacho, El Príncipe Caspian, La travesía del Viajero del Alba, La silla de plata y La última batalla.
  • El mundo perdido, de Arthur Conan Doyle.
  • La vuelta al mundo en ochenta días, de Jules Verne. Homo Legens publicó una buena edición ilustrada.
  • El festín de Babette, de Isak Dinesen (Nórdica). La de Nórdica es una versión ilustrada muy bien pergeñada. Buena traducción del inglés (aunque danesa, la autora usaba el inglés con frecuencia).
  • Constandina y las telarañas, de Alki Zei (Lóguez). Buena traducción del griego moderno, a pesar de que la cita inicial esté inexplicablemente mal traducida. La traducción inglesa es brillante y se titula Tina’s Web.
  • ¡Rumbo a poniente!, de Charles Kingsley (Rey Lear). Edición ilustrada. Buena traducción.
  • Oliver Twist, de Charles Dickens.
  • “Las novelas de D’Artagnan”, de Alexandre Dumas (Edhasa). Es la trilogía compuesta por Los tres mosqueteros, Veinte años después y El Vizconde de Bragelonne.

13-14 años

  • Jadzhi Murat y El cupón falso, de Lev Tolstói (Nórdica). Dos novelas breves en un volumen. Buena traducción.
  • Frankenstein, de Mary Shelley (Valdemar). La obra que fundó la ciencia ficción. Buena traducción.
  • ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick. La novela que dio nacimiento a Blade Runner.
  • Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro (Anagrama). Distopía quizá inspirada en la anterior. El original es en lengua inglesa ya que el autor se crió en el Reino Unido.
  • Bajo la mirada de Occidente, de Joseph Conrad (Rey Lear). Una de las obras fundacionales del género del espionaje. Buena traducción.
  • Rojo y negro, de Stendhal (Cátedra). Buena traducción.
  • El caso de Charles Dexter Ward, de H.P. Lovecraft (Valdemar). La única novela que publicó el maestro del horror. Buena traducción.
  • El juego de Ender, de Orson Scott Card. Clásico de la ciencia ficción. La película llegará a finales de año.
  • El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, de R.L. Stevenson (Valdemar). Buena traducción.
  • Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell. Tiene que ser una edición adaptada ortográficamente a los usos actuales, especialmente si se lee el original valenciano.
  • El Quijote, de Miguel de Cervantes (Cátedra). Creo que ésta es una edición adaptada ortográficamente a los usos actuales.
  • Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sánchez Ferlosio (Destino). La primera de las cuatro novelas del autor.
  • Roger de Flor, de Kostas Kyriazís (Plataforma; la cubierta del libro no le hace justicia). Los almogávares bajo el punto de vista del gran autor de novela histórica griega durante el siglo pasado. A lo largo de su carrera, Kyriazís ganó dos veces el Premio de la Academia Griega a la Mejor Novela y una vez el Premio Nacional a la Mejor Novela. Buena traducción del griego moderno.
  • El Stradivarius perdido, de John Meade Falkner (Valdemar). Buena traducción.
  • El camino, de Miguel Delibes (Destino).
  • Cumbres borrascosas, de Emily Brontë.
  • Jane Eyre, de Charlotte Brontë.
  • Orgullo y prejuicio, de Jane Austen.

15-16 años

  • Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (Rey Lear). Traducción mía. Se usó durante tres años como lectura obligatoria en una escuela secundaria concertada de Barcelona con resultados excelentes.
  • Lord Jim, de Joseph Conrad. La segunda novela de Conrad con el personaje de Charles Marlow como conarrador.
  • La ciencia del adiós, de Elisabetta Rasy (Alianza). Novela imprescindible acerca de la represión comunista en la URSS contra los escritores desafectos al régimen. En este caso, el protagonista es el poeta Ósip Mandelstam, fenecido en un campo de concentración en 1938. Buena traducción del italiano.
  • La luz que se apaga/La luz fallida, de Rudyard Kipling (El Cobre/El Olivo Azul). La primera novela de Kipling ya muestra su sentido de la aventura y del arrojo. Buenas traducciones.
  • Los santos inocentes, de Miguel Delibes (Destino).
  • Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Clásico distópico.
  • Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Clásico distópico.
  • El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. Obra cumbre del Esteticismo. Galaxia Gutenberg publicó una versión ilustrada espectacular e ideal para regalar únicamente a quien la merezca. Buena traducción.
  • El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.
  • El último encuentro, de Sándor Márai.
  • Carta de una desconocida o La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig (Acantilado). Mejor ambas. Buenas traducciones. Después de publicar todas las novelas de Zweig por separado, Acantilado las ha juntado en un único volumen.
  • El Doctor Zhivago, de Borís Pasternak (Cátedra). Buena traducción.
  • Flores para Algernon, de Daniel Keyes. Clásico de la ciencia ficción que sorprende desde la primera línea. Es un libro muy difícil de traducir por motivos que no voy a revelar y quiero suponer que se hizo bien.
  • El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio (Destino). La segunda novela del autor. Cambió radicalmente de estilo.
  • Bearn, también conocida como La sala de les nines, de Llorenç Villalonga. La traducción española hecha por el propio autor se publicó antes que el original mallorquín.
  • El castillo, de Franz Kafka (hay al menos dos traducciones al español: Valdemar y Cátedra).
  • El Golem, de Gustav Meyrink (Valdemar). Clásico del ensueño y la irrealidad. Buena traducción del alemán.
  • Solaris, de Stanisław Lem (Impedimenta). Obra mayor de la ciencia ficción con dos adaptaciones cinematográficas fallidas. Buena traducción del polaco.
  • Moby-Dick, de Herman Melville (Valdemar). Edición ilustrada. Buena traducción.
  • De ratones y hombres, de John Steinbeck. Es especialmente difícil de traducir y supongo que se ha hecho bien.
  • El día de los trífidos, de John Wyndham. Clásico turbador de la ciencia ficción.
  • Las aventuras del buen soldado Švejk, de Jaroslav Hašek (Galaxia Gutenberg). Clásico checo. Edición ilustrada.

17-18 años

  • La asesina, de Aléxandros Papadiamandis (Periférica). Buena traducción de la cazarévusa. Hay dos traducciones catalanas, obviamente tituladas L’assassina. La mejor es la publicada por la editorial El Tall.
  • El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence. Clásico modernista sexualmente escandaloso en su momento (1928).
  • Mil novecientos ochenta y cuatro o Rebelión en la granja, de George Orwell. Mejor ambas.
  • Tres manzanas cayeron del cielo, de Micheline Aharonian (El Cobre). Rareza literaria postmoderna acerca del Genocidio Armenio a manos de turcos y kurdos. Buena traducción del inglés.
  • Negro, de Olivier Pauvert (Mondadori). Novela distópica sorprendente. Buena traducción del francés.
  • Un puente sobre el Drina, del Premio Nobel Ivan Andrić.
  • Crimen y castigo o Los hermanos Karamázov, de Fiódor Dostoyevski. Mejor ambas.
  • El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. La primera novela de Conrad con el personaje de Charles Marlow como conarrador. Galaxia Gutenberg publicó una edición ilustrada.
  • La mujer que esperaba, de Andreï Makine (Tusquets). Buena traducción del francés.
  • El Ministerio del Dolor, de Dubravka Ugrešić (Anagrama). Buena traducción del serbocroata.
  • Tots tres surten per l’Ozama, de Vicenç Riera Llorca (Edicions 62).
  • El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (Cátedra). Comparte tema con la antedicha Bearn (la decadencia de la aristocracia isleña mediterránea) mas la mallorquina se escribió antes.
  • Drácula, de Bram Stoker (Cátedra). Buena traducción.
  • Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
  • El retorno de Filip Latinovicz, de Miroslav Krleža (Minúscula). Clásico croata. Buena traducción.
  • El proceso, de Franz Kafka (hay al menos dos traducciones al español: Valdemar y Cátedra).
  • Amor y basura, de Ivan Klíma (Acantilado). Clásico checo reprimido por los comunistas. No tiene mucho sentido leerlo si no se ha leído antes a Kafka. Buena traducción.
  • La obra, de Émile Zola (Mondadori). Buena traducción.
  • Las desventuras del joven Werther, de J.W. von Goethe.
  • Anna Karénina o Guerra y paz, de Lev Tolstói. Mejor ambas. Recuérdese que el 2% de Guerra y paz está escrito en francés. Una buena edición conservará el texto con notas a pie de página.
  • El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov. Clásico ruso que se erige en alegoría del estalinismo.
  • Madame Bovary, de Gustave Flaubert. La traducción publicada por la editorial Alba se titula La señora Bovary.
  • Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé. Refleja a la perfección la Cataluña de las postrimerías del franquismo.
  • El halcón maltés, de Dashiell Hammett. Clásico del género negro.
  • El sueño eterno, de Raymond Chandler. Clásico negro influido por el antedicho. Es la primera novela de una serie con el mismo protagonista, Philip Marlowe.
  • El señor de las moscas, del Premio Nobel William Golding. El lado oscuro de Robinson Crusoe.

Bonus tracks

Los buenos lectores adultos de terror y ciencia ficción deberían pasar por los tres libros siguientes, y por este orden: La Guerra de las Salamandras, de Karel Čapek (la edición inglesa de la Northwestern University Press, titulada War with the Newts, es excelente, con prólogo del grandísimo Ivan Klíma); Soy leyenda, de Richard Matheson; La piel fría, de Albert Sánchez Piñol (el original catalán es La pell freda). Sin restarle originalidad, el último es una especie de mezcla excelentemente tramada y muy cruda de los dos clásicos antedichos.

Qué es una buena novela y por qué

Dijo un amigo, en uno de sus pocos momentos de sobriedad intelectual, que las películas que no pasan de “estar bien” son especialmente dignas porque nos recuerdan que existe esa franja difusa donde se emplaza lo que, sin ser realmente grande, está hecho con oficio y profesionalidad.

Lo mismo sucede con las novelas. Si uno compra al azar, probablemente lea muchas obras correctas, algunas aberraciones y algunas obras maestras. O al menos eso sugieren tanto la estadística cuanto el sentido común. Sin embargo, como en la entrada “Qué es una mala novela y por qué” de la semana pasada tomé a guisa de ejemplo lo peor de lo peor, hoy me centraré no en narrativa solamente digna sino en obras mayores, de un alcance literario paradigmático y sin tomar en consideración que sean clásicos o superventas. Para ello me valdré del reverso de la división cuádruple que formulé:

1. Bien escrita gramaticalmente.

El texto es un ejemplo de riqueza en todos sus aspectos: corrección sintáctica, pulcritud estilística, innovación léxica cuando sea necesaria sin caer en vulgarismos injustificables ni estupideces, etc. Por lo que se refiere a la lengua española, hace décadas que este tipo de excelencia se halla más bien en autores hispanoamericanos. El nivel literario de la mayoría de autores españoles ha permanecido estancado en cierta complacencia creativa, cuando no ha caído directamente en picado. Novelas ejemplares: Saide, de Octavio Escobar; Of Mice and Men, de Steinbeck; The Egoist, de George Meredith.

2. Bien escrita descriptivamente.

Lo que el autor describe se entiende con claridad: no se fuerza el texto de modo ampuloso ni redundante ni kitsch. Las metáforas son precisas. No hay confusión. Novelas ejemplares: El cupón falso, de Tolstói; Robinson Crusoe, de Daniel Defoe; The Three Impostors, de Arthur Machen.

3. Bien escrita narrativamente.

El autor nunca pierde el control de la obra. Nada está fuera de lugar, ni sobra, ni falta. Las estructuras narrativas no se diluyen. Novelas ejemplares: La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig; Solaris, de Stanisław Lem; Tots tres surten per l’Ozama, de Vicenç Riera Llorca; El corzo herido de muerte, de Antonio Priante; Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis.

4. Bien escrita ideológicamente.

Ya expliqué la semana pasada que no estoy usando la palabra “ideología” en sentido político sino en sentido estético. Una narración está bien escrita ideológicamente cuando su actualidad no decae por más años que pasen. El lenguaje que usa está vivo al cabal, no se desintegra ni cristaliza en una impostura caduca. El Quijote es el modelo por antonomasia, pero hay muchos más: Los hermanos Karamázov, de Fiódor Dostoyevski; Heart of Darkness, de Joseph Conrad; Treasure Island, de R.L. Stevenson; Rayuela, de Julio Cortázar.

Está claro que las obras maestras son las que caen en esas cuatro categorías al mismo tiempo. Muchas de las novelas mencionadas cumplen tal condición, mas he preferido obviar repeticiones para dar color y variedad a la entrada. Ahora los análisis.

1. Análisis de buena escritura gramatical.

  • Saide, de Octavio Escobar (Periférica, 2007 aunque original de 1995).

“Tal vez el motor no dejó que me oyera. Quería fumar pero intenté pensar en otra cosa. Sólo recordé la escena tantas veces repetida de un niño que se ahoga mientras su padre observa imperturbable; mi chapaleo inútil y el ascenso de la línea de pequeños azulejos verdes que coincidía con el nivel líquido. Volvieron las burlas y ese doloroso deseo de que, cansado de tanta torpeza, me sacara de la piscina del club militar para comenzar su exhibición de velocidad y estilo, la silenciosa humillación. El castigo lo inventaba en el camino a casa”. (Página 11.) No por casualidad esta novela ganó el Premio Crónica Negra Colombiana. Periférica también publicó Destinos intermedios, que está relacionada con ella sin llegar a ser una segunda parte.

  • The Egoist, de George Meredith (Signet Classics, 1963 aunque original de 1879).

“The world was the principal topic of dissension between these lovers. His opinion of the world affected her like a creature threatened with a deprivation of air. He explained to his darling that lovers of necessity do loathe the world. They live in the world; they accept its benefits and assist it as well as they can. In their hearts they must despise it, shut it out, that their love for one another may pour in a clear channel and with all the force they have”. (Página 49.) Meredith es un autor extremadamente complejo. Esta muestra no es de las más espectaculares de la novela porque me he limitado a abrirla al azar.

2. Análisis de buena escritura descriptiva.

  • El cupón falso, de Tolstói (Nórdica, 2008, traducción del ruso de Víctor Gallego). Está en un solo volumen junto con Jadzhi Murat.

“Fiódor Mijáilovich Smokovnikov, presidente de la Cámara de Comercio, hombre de integridad intachable, de la que se sentía orgulloso, liberal a ultranza y no sólo librepensador, sino contrario a cualquier forma de religiosidad, que consideraba un residuo de supersticiones antiguas, había regresado a casa de su despacho en una pésima dispososición de ánimo. El gobernador le había enviado una carta de lo más estúpida, en la que se daba a entender que Fiódor Mijáilovich no se había comportado como debía. Éste se había puesto como una fiera y se había aprestado a redactar una respuesta cáustica y mordaz”. (Página 197.) No hablo ruso, y de hecho ni falta que hace. La novela está traducida ejemplarmente. El texto español fluye a la perfección.

  • Robinson Crusoe, de Daniel Defoe (Wordsworth Classics, 2000 aunque original de 1719).

“The entrance into this place I made to be not by a door, but by a short ladder to go over the top; which ladder, when I was in, I lifted over after me, and so I was completely fenced in, and fortified, as I thought, from all the world, and consequently slept secure in the night, which otherwise I could not have done; though as it appeared afterwards, there was no need of all this caution from the enemies that I apprehended danger from”. (Páginas 44-45.) La riqueza expresiva de la lengua inglesa usada en este libro lo convierte en más actual que cualquier payasada de Dan Brown escrita hace dos días.

3. Análisis de buena escritura narrativa.

En este apartado no tiene sentido citar textos porque la narratividad se discierne a lo largo de la obra. Sería fútil reproducir parágrafos.

  • El corzo herido de muerte, de Antonio Priante (Cahoba, 2007; Leer-e, 2012, en formato electrónico).

Después de su también magistral El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, el barcelonés Priante se salió con una novela epistolar acerca del suicidio del romántico español Mariano José de Larra. De ahí el título: en una de sus cartas reales a su amigo Ventura de la Vega, Larra se refirió a sí mismo como “un corzo herido de muerte”. La genialidad absoluta de Priante radica en la vuelta de tuerca final de la obra. Leer para creer.

  • Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (Rey Lear, 2008, traducción mía).

Ésta es la mejor novela de Terzakis, digan lo que digan en Grecia, donde la entienden como una obra para adolescentes. Como si, asimismo, The Catcher in the Rye de Salinger fuera sólo eso. El excepcional sentido narrativo del autor, uno de los mayores intelectuales de la Grecia del siglo pasado, formado profundamente en Nietzsche y Dostoyevski, nos regala una novela de hondura filosófica y psicológica inconmensurable.

4. Análisis de buena escritura ideológica.

Me limito a una sola muestra:

” ‘Anything approaching the change that came over his features I have never seen before, and hope never to see again. Oh, I wasn’t touched. I was fascinated. It was as though a veil had been rent. I saw on that ivory face the expression of somber pride, of ruthless power, of craven terror—of an intense and hopeless despair. Did he live his life again in every detail of desire, temptation, and surrender during that supreme moment of complete knowledge? He cried in a whisper at some image, at some vision,—he cried out twice, a cry that was no more than a breath—
“The horror! The horror!” ‘ “. Paradigma de narración sin fecha de caducidad.

Como dije la semana pasada, ésta no es más que una manera de analizar la narrativa. Hay otras y todas son útiles mientras sean razonables.

Vida secreta (X)

Décima y última entrega de pasajes de la novela inédita Vida secreta, del griego Ánguelos Terzakis. Esta vez el protagonista tiene la rara ocasión de ver por una ventana a una mujer medio desnuda sin que ella se dé cuenta:

“Mis ojos se dejaron llevar por los brazos torneados, por el cuello elegante que se descubría generosamente, dorado por delante y por detrás. Mientras inclinaba la cabeza para atarse Dios sabe qué cordones o abrocharse algún corchete, el pelo se le movía hacia delante, le ocultaba el rostro. Y era tan femenino, tan desnudo ese momento suyo, que me emocioné, algo parecido a un sollozo me subió por la garganta. Oh, sí, siempre he creído en la inexplicable, misteriosa religiosidad de la belleza. Incomprensible por más que verdadero: una belleza puede ser vulgar y sagrada simultáneamente; ves que despierta instintos oscuros al mismo tiempo que culmina en un drama sangriento. La mujer más insignificante psicológica o socialmente puede ser, inconscientemente, un utensilio sagrado elegido desde arriba para el sacrificio supremo de la sangre. No tiene nombre la mujer hermosa. Es un símbolo, emisaria secreta del demonio de la vida.”

Terzakis en Facebook

Ya tocaba. He creado una página dedicada a la novela Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis, en Facebook. Quien quiera echarle un ojo y darle al “Me gusta” que siga este vínculo.

Vida secreta (IX)

El protagonista de Vida secreta, novela inédita de Terzakis, habla de la joven coprotagonista:

“Vean a esta chica que tenía los ojos, a la sazón, cargados de poemas vagos, canciones opacas. De vez en cuando, en dos ojos verdes de pupilas azules puedes discernir la imagen de Dios. Pasa lenta, amorfa, visión de nubes rosadas en el cielo verde del atardecer. Las nubes cambian constantemente de forma, sueño fugaz de sentido inconstante. Y esta chica, que encierra en su pecho una aflicción enorme y pesada como una piedra, está condenada a vivir cada noche en pena, a sentirse como una perdiz herida bajo las garras abiertas de la rapaz. ¿Por qué? No por cierta culpa, no por un acto pecaminoso, sino porque esconde fatalmente, en un rincón de su cuerpo, una herida inmemorial y palpitante. Sufre impersonalmente, como una imagen, aunque sea un individuo lleno de lágrimas y de aliento exiguo. Aprietas los puños, quieres pedirle cuentas a alguien. ¿A quién se las vas a pedir? Las nubes rosadas pasan lentas, imperturbables, ensoñadas. Pasan dentro de esos mismos ojos verdes que reflejan el cielo.”

Vida secreta (VIII)

Más de la novela inédita Vida secreta, de Ánguelos Terzakis. Continúa hablando el protagonista y narrador:

“Pues bien: en una época en la cual toda virtud es que nos apoyemos los unos en los otros espalda contra espalda, no por solidaridad sino por mercantilismo, en una época en la cual la virtud es la cobardía, yo al menos me mantuve aislado y erguido. El sentido de la ética es relativo, como también es relativo el sentido del honor. Sin embargo, el sentido de la virilidad es absoluto.

Tal es mi defensa.

¿Qué más puedo añadir? ¿Que si traslado a un nivel metafísico esta mi fe, mostraré que no acepto una actitud obediente y humilde? He dudado de mi candidatura a dios, pero eso no significa que no esté hecho de la substancia de Dios. Como también el árbol, la piedra. Luego o estoy hecho de la substancia de Dios, y entonces soy su hijo, o estoy hecho de otra cosa, y entonces soy un desheredado. Lo primero significa que puedo ponerme de puntillas y pedirle permiso para hablar. Lo segundo, que no tengo ninguna obligación moral de callarme. Y concluyo: acepto ser hijo de Dios o víctima suya. Sin embargo, no su esclavo.”

Vida secreta (VII)

Continúo la traducción desinteresada de pasajes de Vida secreta, novela inédita del clásico griego Ánguelos Terzakis:

“Dicen que los hombres son malos. No, me mantendré imparcial y diré esto: no sé si los hombres son malos. Sé, sin embargo, que son algo peor: son viles. En última instancia, las posibilidades de nuestro género para evolucionar no parecen indefinidas; también éste pertenece al reino de los animales, ¿o no? Y que digan los aduladores y los demagogos que el hombre está destinado a devenir (¡como si fuera poco!) un dios pequeño. Cuando tú no te lo crees, cuando, en otras palabras, niegas tu candidatura a dios, te acusan de hipócrita, o de enfermo, te llaman ‘amargado’, como diciendo ‘tullido’, y enemigo del género humano.”

Vida secreta (VI)

Sexta entrega de parágrafos de la novela inédita Vida secreta, de Ánguelos Terzakis. Traducción mía:

“En este mundo sórdido, un mundo organizado por ruines para que progresen los ruines, nunca he podido entender qué hago yo. Empecé a vivir con la impresión de que estaba hecho para tomar parte en la fiesta, como los demás. Rápidamente vi que algo inexplicable me separaba de lo normal. ¿Qué? Todavía hoy, en el atardecer de mi vida, no acabo de saberlo. Una vez entendí algo: que todo este asunto está satánicamente montado por gente sin escrúpulos para que creas, en tus postrimerías, que el accidente de ser diferente es culpa tuya. Para que pienses que eres inferior donde podrías ser incluso superior, para que te preguntes si acaso eres un fracasado. Esta conspiración de la inmundicia ha cuajado tanto, su ley ha calado tan hondo que dudas aun cuando estás convencido de que tienes razón.

Tal es el infierno que vivo.”

Vida secreta (V)

Quinta entrada dedicada a traducir por la cara pasajes de Vida secreta, novela inédita de Ánguelos Terzakis:

“La curiosidad es una tendencia tanto gentil como vulgar. Gentil cuando apunta a lo grande y a lo elevado, vulgar cuando pierde el tiempo en lo pequeño y en lo triste. Tópico insoportable, querría saber no obstante cómo se explica lo que me sucede a mí: siento que mi curiosidad es vulgar aunque no tenga como objeto cosas de por sí pequeñas. Como mucho las llamaría ‘indistintas’…”

Vida secreta (IV)

Cuarta entrada con pasajes de la novela inédita Vida secreta, de Ánguelos Terzakis. El protagonista, también narrador, discute con el principal personaje femenino de la obra. Introduzco corchetes porque los diálogos desprovistos de contexto se hacen difíciles de seguir:

[Él] “La vida es bella, señorita Vena —le dije con cierta emoción que ni siquiera intenté contener—. Inimaginablemente bella. Eso es lo trágico.

[…]

[Él] A los hombres nos crearon tiranos los unos de los otros. Sin embargo ¡fíjese en qué placer deviene esa tortura! Porque ¿qué es el amor erótico, por ejemplo, sino una tortura de uno para con otro, de uno por parte de otro? ¿Y la ternura, y el deseo, qué sino?

[Ella] ¿También la ternura?

[Él] También la ternura.

Silencio

[Ella] ¡No, no estoy de acuerdo! —dijo vivamente poniéndose de pie—. Ha capitulado, por lo que veo. Yo no capitulo.

Lo dijo con convicción, con esa convicción que no se queda en mero intento. ¡Y qué belleza le daba ese aire rebelde! Hasta ese momento nunca la había visto tan auténtica, tan segura de sí misma. Entendí que por primera vez pisaba el camino que me conduciría, a lo lejos y con esfuerzo, a la sombra de esa alma oculta.

[Ella] Está mezclando sentimientos gentiles con otros de naturaleza bárbara —dijo caminando de un lado a otro—. Por eso ha estado a punto de confundirme también a mí…

[Él] ¿Cuáles son los gentiles y cuáles los bárbaros?

[Ella] A la ternura la llamo gentil. Al amor, no.

Pronunció ‘amor’ con cierta dificultad, como si la palabra le costara esfuerzo.

[Él] ¿Y no le parece arbitraria esa distinción? —pregunté.

[Ella] ¡En absoluto! Mi juicio es comedido en todo.

[Él] Tiene una consideración muy alta de sí misma. Discúlpeme… me refiero a sí misma como ser humano, de modo impersonal.

[Ella] Sería arbitrario —dijo— si juzgara así porque quiero. Pero no. La diferencia es substancial. ¿Usted no ve que la ternura contiene cierta pureza, cierta gentileza, mientras que el amor es una función animal, oscura y mecánica? Con la ternura no buscamos nada, sólo damos. Y sabemos muy bien a dónde vamos. La ternura es nuestra. El amor, no. En el amor somos órganos, y órganos engañados, ridiculizados. ¡Qué asco! ¡No me diga nada, por favor! No lo escucho.

Un arrebato incomprensible la dominó de pronto. Se tapó los oídos con las palmas de las manos y se sentó, solitaria, en una silla. Yo la miraba y sentía, con intensidad creciente, como si descendiera planeando sobre un momento crítico y crucial.”

El diálogo da para mucho. Para empezar, dado que en griego hay dos palabras distintas para designar el amor en general y el amor específicamente sexual, he querido marcar el inicio de la discusión con la expresión “amor erótico”, para luego mantener sólo el substantivo. El lector ya sabe que a partir de entonces se habla de ese tipo de amor, no del amor por la patria o los amigos. Cierto que podría haber traducido siempre por “erotismo”, pero no me acababa de gustar.

Por otro lado, en la única novela de Terzakis traducida al español, Viaje con Venus (Rey Lear), ya se trata la idea del amor como mecanismo que nos enajena. El protagonista, un adolescente, recibe una epístola de su amigo, un tipo de corte intelectual y descarado:

“Te ruego que me contestes a esto: Has tenido, por supuesto, contacto carnal con una mujer, ¿verdad? Fue vulgar, pero no importa, siempre es lo mismo. Pues bien, ¿te has fijado en la postura erótica, en el ritmo, en el mecanismo? Ese conjunto, ¿no es como dos bestias entrelazadas? No obstante, la antecámara que lleva al dormitorio es bonita, el olor es perfumado, por las ventanas abiertas distingues el cielo… ¡Basta! Nada más.”

Pues eso. Nada más.