Relato: «Y la Cuarta de Mahler sonará hasta que mueras»

Ya estabas muerto por dentro. Lo vi tan pronto como salimos y me dejaste atrás sin articular palabra. Allí, entre la multitud que no había comprendido nada. Entre los socios vitalicios de una impostura eterna. Progreso es vida, tal fue tu máxima durante lustros, y terminó estallándote en la cara en menos de una hora.

No aceptaré responsabilidades. Si no hubiera sucedido esa noche, habría sido al cabo de una semana, o de un mes, o cuando fuera que Mahler estrenara su siguiente sinfonía. No estabas hecho de materia inflexible, ni tu quididad era impenetrable, ni tenías la fortuna de poseer un sentido auditivo que pasase por alto lo que te llevaría a la tumba. Que yo hubiera estado junto a ti durante el trance postrero tampoco habría cambiado nada. Tarde o temprano ibas a dar ese paso. Acaso fuera mejor la discreción poética con que lo hiciste, sin escándalos ni innecesarios charcos de sangre. Tal vez tu epitafio sería más acorde con la voluntad de la familia en caso de que algún duelo se te hubiera llevado por delante. Ocasiones no faltaron, mas nunca las aprovechaste. Es de suponer que no era tu naturaleza. Otros, diletantes ellos, intentan afinar más aseverando que no estabas hecho para este mundo. Puede ser. Ahora ya es tarde para descubrirlo, suponiendo que en realidad importara.

¿Notaste que, cuando encontraron tu cuerpo, fui el primero en llegar aunque no me avisaran en primer lugar? Los lazos familiares, esa absurda carga biológica, continúan pesando demasiado. En tiempos venideros todo eso cambiará. Ya lo verás, estés donde estés. Y espero que disfrutes una posición privilegiada, como la tuviste esa noche. Que fuera obra de tu propia mano no tiene por qué hacerte ver las cosas desde abajo por toda la eternidad. Así lo creemos en la nueva teología, donde nada es personal sino sencillamente estético. Llámalo «cromático», si lo prefieres.

Como ya te he dicho, sabía que ibas a terminar así y que no me serviría de nada intentar impedirlo. Aun cuando jamás te dieras cuenta, te salvé la vida incontables veces. Las suficientes como para aburrirme. No diré que sintiera alivio al descubrirte sumido en esa paz armoniosa que el alma deja atrás en cuanto se ha hastiado de nosotros, pero sí una evidente descarga. Te preguntarás de qué. Te responderé que de ese peso moral que jamás quise hacer mío y que siempre debí soportar como el precio por la empatía hacia alguien musical, y vitalmente, condenado.

Pero no lo retrasemos más. ¿Recuerdas? Terminó el cuarto movimiento y no recuperaste el color. Pálido durante segundos interminables, minutos tan inabarcables que se me tornaron eones. Supe que ya te había perdido para siempre, y lo acepté como te acepté la primera vez que nos cruzamos en el Conservatorio. Sin preguntas ni suposiciones. No hacen falta cuando has comprendido que sólo hay flujo y debes fluir en él para no quedarte atrás. Adelante. Siempre adelante. Tal como avanzaste hacia tu muerte después del estreno de la Cuarta, de la culminación de todo cuanto anhelaste, sin saberlo, desde tu nacimiento. Otros lo hicieron por ti y tu tiempo entre nosotros había terminado. Tenías fecha de caducidad, y la marcó esa maldita sinfonía que, a la larga, pesará en mi memoria como habría pesado en tu atril.

Déjalo correr, en el fondo nunca valió la pena. No quise decírtelo para no alargar la agonía. Las notas cristalinas te desgarraron, fue entonces cuando lo colegí. Toda vez que los culpables eran irresponsables del crimen, no cupo más que decirlo, o más bien, pensarlo. Que ya estaba hecho. Que era mejor sin dramatismos. Lo ineluctable se impuso, no podía ser de otro modo. Y la Cuarta de Mahler sonará hasta que mueras.

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Un pensamiento en “Relato: «Y la Cuarta de Mahler sonará hasta que mueras»

  1. Muy triste.
    La cuarta comienza alegre con un paseo por la nieve en un trineo tirado por un caballo sonando los cascabeles y acaba con una cancion en el paraiso disfrutando de la compañia de los santos.
    ¿ Es una interpretacion de la Cuarta sin orquesta y con ideas?

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