Cómo están las cosas en Singapur ahora mismo

Ya que estoy en Barcelona meditando acerca de mi futuro en Singapur o fuera de ella, me tomo un rato para informar de lo que está pasando acullá. Para empezar, datos históricos y otros nuevos a diciembre de 2012:

Superficie del archipiélago: 710km cuadrados (siete veces Barcelona), y creciendo mediante gigantescas obras de ingeniería para ganar terreno al mar.

Independencia de Malasia: 9 de agosto de 1965.

Población: 5,3 millones, de los cuales el 40% son extranjeros y el 15% son millonarios.

Índice de desempleo: 2%.

Renta per capita: 50.000 USD (nominal) / 60.000 USD (paridad de poder adquisitivo).

Posición en la clasificación de núcleos financieros: cuarta por detrás de Hong Kong y por delante de Zúrich según el Global Financial Centres Index, y quinta por detrás de Hong Kong y por delante de Shangái según el International Financial Centres Development Index.

Lengua oficial: inglés. Lenguas generalmente obligatorias en la escuela pública en función del grupo étnico: mandarín, malayo y tamil. Lenguas chinas que se marginaron intencionalmente en favor del mandarín a partir de la independencia: cantonés y hokkien.

Grupos étnicos entre la población local: chinos, malayos e indios tamiles.

Religiones entre los singapurenses: budismo (chinos e indios), cristianismo (chinos e indios), hinduismo (indios), islam (malayos) y taoísmo (chinos).

Socios principales: Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, Francia, Israel, Japón, Nueva Zelanda y Reino Unido. (Hay otros como China, Indonesia y Malasia, mas las relaciones no son tan fluidas ni por asomo.)

Servicio militar: obligatorio para varones. Ejército de primera clase con cazabombarderos F-15, F-16, helicópteros Apache y tanques Leopard 2.

Miembro del Five Powers Defence Arrangements junto con Malasia: Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido se comprometen a defender Singapur y Malasia en caso de guerra con otras potencias (se entiende que es Indonesia).

Edad de jubilación: ninguna obligatoria. Consideran absurdo forzar a la gente a que deje de trabajar.

Pensión de jubilación y seguridad social: sólo para ciudadanos (60%) y extranjeros con estatus de residentes permanentes (10%). Total: 70% de los 5,3 millones de habitantes. El resto de extranjeros se clasifican según diferentes tipos de permiso de trabajo. A destacar que el sistema público de pensiones no es piramidal como el socialdemócrata europeo.

Piso de Protección Oficial: 75% del total de viviendas del país. En régimen de propiedad es tuyo y de tus herederos durante 99 años, pero puedes vender cuando quieras. El precio de un piso nuevo grande (cuatro habitaciones, dos baños, comedor y cocina) ronda los 400.000 dólares de Singapur (252.000€ al cambio actual). En la foto tenéis, a la derecha, un bloque de protección oficial y, a la izquierda, un condominio con piscina, seguridad privada y posiblemente pista de tenis. Los apartamentos en los condos no bajan del millón de dólares.

Precio de la comida: normalmente comes muy bien a cualquier hora y en cualquier food centre o hawker centre por 5 dólares.

Lenguas extranjeras que pueden estudiar sólo los mejores alumnos en la escuela secundaria (de los 12 a los 16 años) pública o concertada: alemán, español (a partir de 2014), francés y japonés.

Número de universidades: seis, de las cuales dos son de las mejores del mundo (las públicas NUS y NTU) y una es a distancia (la privada UniSIM).

Normalmente se compara a Singapur con: Finlandia por lo que se refiere a factores como la ausencia de corrupción (International Transparency) y la calidad de la escuela pública (PISA).

Dicho esto, cuando la crisis golpeó Singapur en 2008 y el índice de desempleo subió durante un breve período al 3% (temblor de piernas), se detectó un brote de xenofobia que se ha ido incrementando por más que el paro haya vuelto a bajar hasta un irrisorio 2%. Y elijo la palabra “xenofobia” con toda la razón del mundo: me han llegado a decir que estoy en el país robando el trabajo a los nacionales.

Otro motivo que explica dicho brote es que la presencia de extranjeros sea tan alta en un país joven cuya identidad nacional aún está en construcción. Les ha dado un telele y el People’s Action Party, el partido en el poder desde el Big Bang, se ha acojonado al ver que volvía a perder votos en las elecciones de 2011. De modo que en lugar de educar al populacho para que deje de temer a los extranjeros, se ha volcado en dar carnaza a la fiera y en restringir de modo escandaloso la entrada de nueva mano de obra. Si a esta mala idea se le añade que todo negocio debe tener por ley un mínimo de personal que sea bien nacional bien extranjero residente permanente, el problema se maximiza, especialmente en el sector de la restauración y de la construcción, porque los singapurenses no quieren hacer de camareros ni construir las nuevas líneas de metro. La conclusión es fácil: si no puedes contratar a ciudadanos ni a residentes permanentes porque ni hay desempleo ni quieren trabajar en esos sectores, y además el gobierno te empieza a poner mil problemas para que traigas mano de obra extranjera, te vas con la fiesta a otra parte.

Así, ya está sucediendo lo impensable: se desinvierte en Singapur. Los singapurenses más listos están preocupados porque es archisabido que el país sólo puede crecer a base de captar capital extranjero, cualquiera que sea su naturaleza. Donde no hay tangibles sólo puedes tirar hacia adelante con intangibles. No obstante, si bloqueas su llegada para detener una nueva sangría de votos prevista para las próximas elecciones (en 2016, si no erro), te vas a pegar un castañazo a medio plazo. Las noticias se mueven muy rápido, especialmente en el sudeste asiático, y sólo hace falta que algunos inversores se decanten por Manila, Yakarta o Kuala Lumpur para que otros vean la nueva tendencia y los sigan. Singapur subió ininterrumpidamente durante tres décadas (1980-2010) por méritos propios, y si los vecinos malasios, indonesios y filipinos les empiezan a recortar distancias será también por deméritos propios.

Con todo, lo más preocupante, en mi opinión, es que no se vaya a tocar la ley de cuotas. La mayoría de singapurenses no se da cuenta de que una ley que fuerza a las empresas a tener un mínimo de personal considerado nacional, sea ciudadano o extranjero residente permanente, no hace más que tratarlos como incapaces que necesitan la protección de papá Estado para sobrevivir, y no les permite explorar sus propios límites mediante el riesgo, el progreso y el crecimiento personal. Que un país tan meritocrático como Singapur no abandone ya mismo esa ley no augura nada bueno.

Y como ejemplo de lo absurdo llevado al límite, lo siguiente. Dado que ni hay desempleo ni los nacionales quieren conducir autobuses públicos, el Estado contrató a centenares de conductores chinos de China para mantener de paso a los chinos como mayoría étnica de la población (política migratoria que disgusta lo indecible a malayos e indios). Dichos conductores son monolingües en mandarín y no son bienvenidos no ya por los singapurenses malayos e indios sino ni siquiera por los singapurenses chinos, que los ven como advenedizos muertos de hambre. Pues bien, hace quince días unos 160 conductores se declararon en huelga, descontentos por el salario (cobran menos, pero tienen alojamiento gratis). Como las huelgas están casi prohibidas, los instigadores terminaron en prisión preventiva (ya han salido y esperan juicio) y otros fueron despedidos y repatriados. Es decir, el Poder políticamente chino de un país sociológicamente multiétnico, multilingüe y multicultural se dedica a importar a chinos, pero la jugada sale mal, creando malestar y escarnio general. Ridículo. Y peligroso.

Mi conclusión es que la era dorada de Singapur ha pasado a la historia, y lo que tiene por delante es mantenerse en lo alto intentando no perder demasiadas posiciones. Si por alguna casualidad de la vida la corrupción se desplomase en vecinos como Indonesia, Filipinas, Tailandia y Malasia, Singapur tendría un problema y gordo porque la gran barrera para el progreso en esos países habría desaparecido, y habría menos motivos para seguir prefiriendo Singapur a los demás.

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2 pensamientos en “Cómo están las cosas en Singapur ahora mismo

  1. Es que la patalada nacionalista no deja de ser un reflejo instintivo proveniente de los tiempos en que nos movíamos en grupitos. Puede parecer más paradójico en un país tan recentisimo y multiétnico como Singapur, pero ya se ve que cada grupo étnico lucha por su parte.

  2. La Singapur de postguerra era muy chunga, especialmente los años 50. Iban a hostias por la calle. De ahí la legislación actual tan dura, con pena de muerte y leyes específicas para crímenes de orden racial, ni que sean sólo insultos sin agresión física.

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