Tolstoyana IV

Cotinúo con la introducción de E.B. Greenwood a la edición de Anna Karenina de Wordsworth Classics.

Dice Greenwood que en esta novela los acontecimientos parecen sucederse tan accidentalmente como en la vida misma. Es decir, precisamente lo que en mi opinión y en la de tantos otros caracteriza a la obra de arte verdadera: hacer pasar por necesario lo que en realidad es accidental. Así, en una carta de 1876 escribe Tolstói a un amigo:

“In everything, or nearly everything I have written, I have been guided by the need to gather together ideas which for the purpose of self-expression were interconnected; but every idea expressed separately in words loses its meaning and is terribly impoverished when taken by itself out of the connection in which it occurs. The connection is made up, I think, not by the idea, but by something else, and it is impossible to express the basis of this connection directly in words. It can only be expressed indirectly — by words describing characters, actions and situations.”

[Traducción de ruso de R.F. Christian.]

En otras palabras: Tolstói, como tantos otros, usaba tejidos de ideas para desarrollar contextos, mas a su parecer dichas ideas pierden fuerza en cuanto se las aísla. Por decirlo así, si las ideas fueran células nerviosas, la conexión entre ellas serían las sinapsis. La naturaleza de la conexión es tan inefable como visible, y de ahí que Greenwood comente que Tolstói parece anticipar la distinción de Wittgenstein entre lo que se puede mostrar pero no se puede nombrar.

Más en la próxima entrega.

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