La ficción como retórica

Dice el escritor y teórico literario David Lodge en la introducción a su magnífico volumen The Art of Fiction:

“I have always regarded fiction as an essentially rhetorical art — that is to say, the novelist or short story-writer persuades us to share a certain view of the world for the duration of the reading experience, effecting, when successful, that rapt immersion in an imagined reality that Van Gogh caught so well in his painting ‘The Novel Reader.’ Even novelists who, for their own artistic purposes, deliberately break that spell have to cast it first.”

Y ahí va el cuadro usado como cubierta del libro:

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5 pensamientos en “La ficción como retórica

  1. De lo peorcito que nos legó Van Gogh.

    Dónde para el filósofo leyendo de Chardin que como nos cuenta Steiner en “el lector infrecuente”:
    La primera característica del acto, de la autoinvestidura del lector ante el acto de la lectura, es una característica de cortesía, un término representado sólo de forma imperfecta por “cortesía”. La lectura aquí no es un acto fortuito o casual. Se trata de un encuentro cortés, casi cortesano, entre una persona privada y uno de esos «invitados importantes» cuya entrada en la casa de los mortales es evocada por Hörderlin en su himno «Como en un día de fiesta», y por Coleridge en una de las glosas más enigmáticas que añadió a La balada del viejo marinero. El lector se encuentra con el libro con una obsequiosidad de corazón (eso es lo que cortesía significa), con una obsequiosidad, una atención y una actitud acogedora, de las cuales la manga bermeja, quizá de terciopelo o velludillo, y la capa y el sombrero forrado de pieles son los símbolos externos.

  2. Yes. Cerrado. El blog de literatura de mi otro yo sigue abierto, aunque en proceso de remodelación. Además escribo en otro como rojobilbao solo de religión y además del trabajo ando con colaboraciones editoriales. TOO MUCH (y dos hijos)

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