Tolstoyana II

Sigo con fragmentos de la introducción magistral de E.B. Greenwood a la edición inglesa de Anna Karenina, traducida por Louise y Aylmer Maude y publicada por Wordsworth Classics.

Sofía, la esposa de Tolstói, cuenta en una entrada de sus Diarios correspondiente a 1873 que su marido acababa de leer los Cuentos de Belkin de Pushkin, y que tales narraciones lo habían impelido a empezar una novela acerca de la vida privada de la gente de hoy, aunque no precisamente de clase baja. El teórico literario Boris Eikhenbaum (supongo que en español es Éijenbaum) escribió en su obra Tolstoy in the Seventies que:

“Indications have been preserved that, after reading the first lines of the fragment ‘The guests were assembling at the dacha,’ Tolstoy exclaimed: ‘¡How charming! That is how one ought to write. Pushkin gets right to the point. Another would have begun to describe the guests, the rooms, but he leads into the action straight away.’ “

[Traducción del ruso de Albert Kaspin.]

A lo que Greenwood añade:

“Tolstoy disliked static introductions and background painting. He preferred to plunge directly into the middle of an action among persons unfamiliar to the reader so that the reader would be drawn into their situation like a participant, and not remain aloof like a mere observer.”

Eso es lo que Tolstói solía hacer, a menos que se le fuera el perolo como con la primera frase de Anna Karenina, más propia de Jane Austen (y lo digo con todos mis respetos) que de él:

“All happy families resemble one another, but each unhappy family is unhappy in its own way.”

Toma frasecita. Si algo sobra en este novelón es justamente esa entrada.

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