Arte y vida en Tolstói

En Anna Karenina, traducida por Louise y Aylmer Maude y publicada por Wordsworth Classics (aún me pellizco cuando pienso que me costó 3€), leemos la siguiente reflexión acerca de la relación entre vida y arte a propósito de Vronsky, el amante de Anna Karenina:

“He had a talent for understanding art and for imitating it with accuracy and good taste, and he imagined that he possessed the real power an artist needs. After wavering for some time between various kinds of art — religious, historical, genre or realistic — he began to paint. He understood all the different kinds and was able to draw inspiration from all, but he could not imagine that it is possible to be quite ignorant of the different kinds of art and to be inspired directly by what is in one’s own soul, regardless of whether what one paints belongs to any particular school. As he did not know this, and was not inspired directly by life but indirectly by life already embodied in art, he found inspiration very readily and easily, and equally readily and easily produced paintings very similar to the school of art he wished to imitate.”

Negritas mías. Decía C.S. Lewis que con frecuencia no necesitamos que nos enseñen sino que nos recuerden algo que hemos olvidado. En este sentido, va bien que Tolstói nos recuerde que sólo conoce y aprecia el arte quien comprende la realidad. Del mismo modo, los mejores escritores son aquéllos que han comprendido el mundo y son capaces de reescribirlo independientemente de la escuela estética que profesen. Tal es el signo de la autenticidad, que diría Walter Benjamin. Lo intransferible.

Me viene bien señalar aquí una particularidad que Cormac McCarthy, sin cuyo catolicismo no se entienden sus obras, comparte con Lewis: los autores que más les interesan son quienes reflejan la compleja densidad de la vida. En el primero, Herman Melville y Fiódor Dostoyevski son dos ejemplos claramente reconocibles; en el segundo, Virgilio, Edmund Spenser y John Milton, según confesión propia.

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2 pensamientos en “Arte y vida en Tolstói

  1. “El problema de tantos escritores, filósofos o no, es que no tienen nada que decir, y sin embargo escriben. Piensan para escribir, en vez de escribir porque han pensado. Manejan conceptos alumbrados por otros y los combinan con mayor o menor fortuna, pero el resultado es siempre el mismo: algo que huele a muerto y, por lo mismo, insoportable. La vida sólo nace de la vida. La obra viva sólo puede surgir de la realidad viva del mundo”
    De “El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer”

    Y lo que aquí de dice de los escritores se puede decir de cualquier artista en su campo.

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