Stoner, de John Williams

Un amigo me ha pasado la novela Stoner, de John Williams (1922-1994), americano con una capacidad alucinante para ahondar en la densidad de la vida, como habría dicho C.S. Lewis. En la contracubierta el editor nos inunda con una retahíla de citas favorables por parte de críticos y escritores, de entre las cuales no puedo dejar de reproducir la siguiente:

“Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro. Pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado.” Tom Hanks, Times.

Imagino que no es el actor. Dicha cita me ha recordado a otra cita que usa David Mamet en Bambi contra Godzilla (Alba):

“Un chico vuelve a casa de la universidad y se encuentra con que su madre se acuesta con su tío y hay un fantasma rondando por ahí. Eso, bien escrito, es Hamlet; mal escrito, es La isla de Gilligan (Gilligan’s Island, 1964).” [página 87, frase de Lorne Michaels, el creador de Saturday Night Live. La isla de Gilligan era una serie americana, pésima por lo visto.]

Ya señalé en una entrada dedicada a Mamet que algo así dice Aristóteles en su Poética acerca de la Odisea: que si nos ponemos a resumir, sólo hay que decir que un tío regresa a casa después de un viaje interminable, que su hijo ha velado por los intereses de la familia, que su mujer le ha sido fiel y que él se venga de toda la chusma que le quería arrebatar lo que le pertenece.

Volviendo a la cita del señor Hanks, yo no diría que sea una de mis lecturas más fascinantes, pero no negaré que Williams sea un autor de enjundia que ha comprendido lo más importante: que esto es un valle de lágrimas y que hemos venido a sufrir.

Sin amargarle la lectura a nadie revelando elementos de la trama, me permitiré el lujo de decir que el protagonista es un perdedor que se casa con una inútil histérica y frígida. Estamos en los Estados Unidos rurales anteriores a la Gran Depresión. Las señoritas de buena familia aún crecían en un ambiente de represión sexual y vacuidad vital. Las habilidades se limitaban a saber vestirse cada día como una princesita, tocar el piano moderadamente bien y mantener conversaciones intrascendentes junto a la mesita con té y pastas. El episodio de la noche de bodas me ha recordado, si la memoria no me falla, a lo que Stefan Zweig cuenta en El mundo de ayer a propósito de una tía suya criada en un mundo irreal e inmaculado: cuando el marido se puso manos a la obra por primera vez, ella tuvo un ataque de histeria y salió corriendo a casa de sus padres porque ni se imaginaba que el matrimonio consistiera también en eso.

Para terminar, confieso que no sé a qué viene que el editor marque los diálogos usando comillas angulares (« ») en lugar de guiones largos, lo preceptivo en español. Pero tampoco es que importe mucho ni que afecte a la lectura. Lo que hace daño a los ojos es toparse con expresiones como “para cuando”, incorrectas en español.

En suma, altamente recomendable. Publica Baile del Sol.

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Un pensamiento en “Stoner, de John Williams

  1. No recuerdo quién dijo aquello de que si no puedes resumir tu obra en una frase, es que no tienes ni idea de qué puñetas quieres escribir. Pues podría ser perfectamente aplicable al público: si no saben resumir la lectura en una frase, o no lo han entendido o no te has explicado bien.

    Por cierto, la crianza en un mundo irreal e inmaculado suele estar ahora más asociada a lo políticamente correcto y no distingue entre sexos.

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