Dostoyevski: El silencio es oro

Dice esa mina que es L’adolescent, de Dostoyevski, en traducción catalana de Josep M. Güell para Proa:

“—Recorda-ho, amic meu, callar és bo, segur i bell.
—Bell?
—Naturalment, el silenci sempre és bell, i l’home silenciós sempre és més bell que el parlador.”

El protagonista no cuestiona que callar sea bueno ni seguro. A la postre, cuanto menos hables menos meterás la pata, y eso es tan bueno como seguro para uno. Lo que le suena raro, a pesar de que viva en un mundo lleno de verborrea irritante, es que hablar poco sea bello.

Aquí se podría discutir durante horas acerca del tipo de belleza a la cual se refiere la contraparte en el diálogo. ¿El silencioso es bello porque se aproxima a Dios mediante la contemplación interior? ¿Lo es porque las mujeres, o ciertas mujeres, lo consideran exento de frivolidades y charlatanería, luego hecho de una pieza? ¿O acaso porque decir lo justo y sólo cuando conviene lo hace parecer más inteligente porque preferimos calidad a cantidad, y por tanto asociamos inteligencia a belleza en el sentido griego clásico?

Por mi parte, si me ha gustado especialmente ese fragmento es porque hablo más bien poco, conducta que se me ha reprochado más de una vez. Y es que siempre he creído que la condición natural no ya del varón adulto sino de los adultos en general es estar callado a menos que tenga algo interesante que decir.

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