Relatos de Kolimá IV, de Varlam Shalámov

Cuarta entrega de las seis que terminará publicando la editorial Minúscula en traducción de Ricardo San Vicente, profesor de ruso en la Universidad de Barcelona. Shalámov (1907-1982) continúa ahondando en su deportación a los campos de concentración soviéticos:

“Del cielo blanquecino, turbio, algo siniestro y monocolor, caía una lluvia fría y fina. Las colinas desnudas, sin árboles, rocosas y algo verdes, se alzaban frente a nosotros, y en las hondonadas que las separaban, justo a sus pies, se tejían deshilachadas unas nubes de un gris sucio. Como si las trizas de una enorme manta cubrieran aquel lúgubre lugar montañoso. Lo recuerdo bien: me sentía completamente tranquilo, dispuesto a lo que fuera, pero sin quererlo el corazón me empezó a palpitar y después se me encogió. Y apartando los ojos pensé: ‘Aquí nos han traído a morir’.”

[Del relato “El muelle del infierno”.]

Luego añade:

“[…] el desprecio por la propiedad privada era algo que se nos había inculcado hasta la saciedad.”

Inculcado, naturalmente, por quienes gobiernan y deciden acerca de la vida de sus súbditos como si el país fuera su propiedad privada.

Indispensable como los tres anteriores.

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5 pensamientos en “Relatos de Kolimá IV, de Varlam Shalámov

  1. Soy algo maniático y me gusta buscarle los tres pies al gato, pero, ¿hay propiedad si no es privada? Si todo es de todos, la diferenciación es absurda. ¡Vamos, digo yo!

  2. Bueno, la propiedad pública es del Estado. Claro que lo puedes interpretar como institución única, y en ese sentido unitario es privado. Semántica pura.

  3. Quien mejor lo describió fue Orwell en 1984: los miembros del Partido Interno eran los dueños de Oceanía, pero individualmente no tenían más que objetos de higiene personal.

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