Vida secreta (IX)

El protagonista de Vida secreta, novela inédita de Terzakis, habla de la joven coprotagonista:

“Vean a esta chica que tenía los ojos, a la sazón, cargados de poemas vagos, canciones opacas. De vez en cuando, en dos ojos verdes de pupilas azules puedes discernir la imagen de Dios. Pasa lenta, amorfa, visión de nubes rosadas en el cielo verde del atardecer. Las nubes cambian constantemente de forma, sueño fugaz de sentido inconstante. Y esta chica, que encierra en su pecho una aflicción enorme y pesada como una piedra, está condenada a vivir cada noche en pena, a sentirse como una perdiz herida bajo las garras abiertas de la rapaz. ¿Por qué? No por cierta culpa, no por un acto pecaminoso, sino porque esconde fatalmente, en un rincón de su cuerpo, una herida inmemorial y palpitante. Sufre impersonalmente, como una imagen, aunque sea un individuo lleno de lágrimas y de aliento exiguo. Aprietas los puños, quieres pedirle cuentas a alguien. ¿A quién se las vas a pedir? Las nubes rosadas pasan lentas, imperturbables, ensoñadas. Pasan dentro de esos mismos ojos verdes que reflejan el cielo.”

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