A vueltas con Venían a buscarlo a él, de Berta Vias Mahou

Dedico una segunda entrada a la novela Venían a buscarlo a él, de Berta Vias Mahou, inspirada en la hipótesis del asesinato de Albert Camus. El siguiente diálogo entre dos terroristas árabes argelinos me llamó la atención:

“Hay que matarlo, le interrupió Hilal con vehemencia. Sí, hay que matar a todo aquel que se interponga en nuestro camino, le contestó Khalîl. Y así, un día el mundo será un desierto.”

Porque me ha recordado a un pasaje de La hija de Agamenón, novela de Ismail Kadare publicada por Alianza en traducción de Ramón Sánchez Lizarralde:

“Pero de pronto todo enmudeció en mi interior. ¿No será éste en realidad el sueño secreto del Guía: que fuera borrado de la Tierra este país fastidioso, Albania, con este pueblo miserable siempre enredándosele entre las piernas, que era preciso alimentar, gobernar? Mientras que, una vez extinguido, volatilizado, qué limpio quedaría todo. Un país muerto pero resucitado en los libros y las ideas de su Guía. Y qué cómodo resultaría aquello: ni realidad que testimoniara en sentido contrario, ni tachas ni evidencia de crímenes. Solamente libros, ideas, lumières.”

Un mundo perfecto. Un desierto. Todo inmaculado, sin tacha. En fin, sin realidad misma. La idealidad pura. Y es que Marx no era Hegel del revés sino al contrario, su cristalización más extrema: el materialismo como idealismo. El proletario como forma pura de la humanidad. Por ende, tan inalcanzable como prescindible. Nada que no sea perfecto debe existir.

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4 pensamientos en “A vueltas con Venían a buscarlo a él, de Berta Vias Mahou

  1. No es que conozca muy bien, lo confieso, a Hegel, pero no deja de ser el discurso típico del fanático. Quizás la novedad del siglo XX es que estos fanatismos han prescindido de la tradición religiosa y se han maridado con idealismos políticos (internacionalismo, nacionalismo…) y con pseudociencias (incluyendo ideas como el darwinismo y el ecocapullismo). No tienes más que pasar por foros ecologistas, por ejemplo, para encontrar gente que suspira por un mundo sin humanidad, que ya sería puro y perfecto.

    En El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, comentaba el tío que este tipo de movimientos no iban a desaparecer, sino que adquiriría avatares extraordinarios, y ha acabado teniendo toda la razón.

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