Vida secreta (II)

Continúo con la traducción por puro placer de algunos pasajes de la novela Vida secreta, de Ánguelos Terzakis. Habla el protagonista:

“Me dicen que no amo sinceramente al hombre, que soy exageradamente exigente, luego inhumano, y que lo que digo que amo no es sino una abstracción, una creación de mi fantasía. Lo dicen algunos listos, muy contentos de sí mismos. Los frecuentaba a la sazón, a la postre dejé de saludarlos. Que Dios me guarde de tales hipócritas y demagogos. Hablan de salud mientras chapotean voluptuosamente en el fango, alegando que ése es el ‘clima’ natural del hombre. ¡El hedor del mercado! No, no: yo abro de par en par las ventanas para que entre aire limpio, aunque esté helado. Tenemos que acostumbrarnos a la temperatura natural del exterior, desnuda de consuelos y de órdenes mojigatas…”

No queda muy claro a qué se refiere “El hedor del mercado”. No creo que sea un comentario marxista sino más bien una imagen sacada de la Biblia, dado que menciona a Dios poco antes. Vendría a significar que quienes hablan de salud mientras viven voluntariamente enfangados son tan hipócritas como los mercaderes que ocupaban el templo, a quienes Jesús expulsó. Es decir, que hay cosas que por su propia naturaleza no se pueden mezclar.

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2 pensamientos en “Vida secreta (II)

  1. A mí me parece que tiene sentido, desde luego. Ya decía George Orwell, por otro lado, que había que escoger entre el hombre o Dios. Al menos, el narrador tiene clara su elección, aunque no la comparta.

  2. En eso Terzakis era un misterio. No llegué a preguntárselo a su hijo en Atenas porque creo que ni él mismo sabe si su padre era verdaderamente creyente o sólo se enmarcaba conscientemente en la tradición judeocristiana occidental.

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