Cómo funciona Tailandia

Desde Europa tendemos a pensar que determinados países atrasados ya no lo están tanto, que tienen un futuro prometedor y que van por el buen camino, subiendo como la espuma. Dichas percepciones suelen reforzarse con las opiniones de amigos y conocidos que se han dejado caer por dichos lares y regresan cantando maravillas. En algunos casos puede ser cierto, pero en general tomo una postura más bien escéptica cuando oigo según qué cosas.

Y creo que hago bien. Desde que vivo en Singapur, que junto con Hong Kong es la única ciudad (y en su caso, también país) de la zona con nivel de vida occidental, he tenido la oportunidad de visitar Malasia, Indonesia y Tailandia. Mis opiniones al respecto de las dos últimas ya han quedado claras en más de una entrada (dejadez, corrupción y miseria insondables). Por lo que se refiere a Malasia, es el único país de la zona donde viviría si quisiera abandonar Singapur, por más que no sea tan prometedor como lo pintan. Al fin y a la postre, cuando hablamos de la fabulosa Malasia aún hablamos de un país cuya agua del grifo no es potable, cuya Renta per Cápita en Paridad de Poder Adquisitivo se sitúa en los 15.000 dólares americanos (la mitad de la española y la tercera parte de la singapurense) y cuya puntuación en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional es 4,3 (Suecia: 9,3; Singapur: 9,2).

El rollazo viene a cuento de una aventura inolvidable que vivió un conocido catalán mío en Bangkok. Era un alto cargo de no sé qué empresa. Le caducó el permiso de trabajo y tuvo que ir a un juzgado con su jefe de personal, una señora local que supuestamente sabía lo que hacía. Resulta que en un país tan prometedor como Tailandia puede ser que te metan en celdas con presos comunes cuando vas a ver al juez para que te renueve el permiso de trabajo. ¿Hacer cola en un pasillo con aire acondicionado? ¿Renovar papeles en un departamento del Ministerio de Trabajo? ¿Para qué, cuando te pueden meter en celdas con atracadores y desequilibrados que hablan solos?

El tío cuenta, y con razón, que nunca lo ha pasado tan mal y que temió por su integridad física. Quizá lo más acojonante fuera ver que los presos con prioridad para presentarse ante el juez eran los que, sin tapujos, sobornaban allí mismo a los policías. Él no pudo hacerlo porque la jefe de recursos humanos se había quedado la cartera para que no se la robasen en la celda.

Al final los policías lo llamaron por su nombre, salió y renovó los papeles con una firmita. Como si nada. Después de estar encerrado varias horas con delincuentes comunes. No me extraña que ahora viva en Singapur.

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