Indonesia, país de futuro (IV)

Lo mejor de la estancia de enero en Yakarta quizá fuera el viaje en tren a Bogor, una ciudad muy cercana a la cual se llega en cuarenta minutos tras unas cinco paradas partiendo de Pondok Cina (“Granja China”):

[Para mí que la granja, hace cien años, pintaba mejor. Ya se ve que incluso las estaciones de tren se caen a pedazos en ese país.]

Cuando te sientas a esperar el tren, contemplas estupefacto que los bancos son en realidad vías sobrantes:

[Oye, si no te gusta vas a pie, ¿vale?]

Y no terminas de creerte el siguiente anuncio propedéutico:

[Estimado viajero, métase dentro del puto vagón.]

Hasta que lo ves con tus propios ojos:

[Mientras sacaba las fotos, muchos de los tipejos del tren se quedaron mirándome fijamente: turista blanco con cámara. Y yo pensé: “Suerte que voy acompañado de tres indonesias”. Supongo que ellas pensaron: “Suerte que vamos acompañadas de un blanco”. Quien no se contenta es porque no quiere.]

Después de respirar tranquilo porque no es nuestro tren, me entero de que se trata del billete más barato, la clase Economy, que NUNCA debes coger si eres mujer o varón de menos de metro noventa sin cinturón negro de Taekwondo (mido metro setenta y me quedé en cinturón marrón). Te va la vida en ello, y a las mujeres la dignidad. No en vano en los trenes que no son Economy hay vagones sólo para féminas y sus hijos, y no por motivos religiosos sino, como ya he dicho, para evitar agresiones sexuales:

[“Coche especial de mujeres”. Y es violeta. ¿Qué más quieres?]

Cuando el tren de la clase económica partía, fotografié a Spiderman viajando a lo chungo:

 

[Apréciese al tipo pegado al vagón de cola cual lapa.]

Más la próxima semana.

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Un pensamiento en “Indonesia, país de futuro (IV)

  1. En Japón también hay vagones sólo para mujeres. No deja de ser curioso que aquí, por ejemplo, eso de meter mano en el transporte público lo cuentan mujeres que ya tienen sesenta años. Da que pensar de la consideración social de la mujer en aquellos lares.

    Spiderman ha olvidado el traje, me temo.

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