Fin de semana en Bintan, II

Continuación de la entrada de anteayer.

Nada más hubimos desembarcado, nos recibió la alcalde de la ciudad con su séquito. Estaban promocionando el turismo y se supone que todo fue al azar, aunque en realidad querían un grupo de blancos occidentales porque queda mejor en la foto (esto funciona así). El reportaje salió al día siguiente en el periódico local. No lo pudimos comprar porque se agotó en un tris, pero me consta que la foto que eligieron era la de mi colega el austríaco rubio con la alcalde. Si pueden elegir entre occidentales, afinan al máximo y se pillan al rubio.

Después nos tocó pagar el visado y pasar por inmigración. A destacar que la musulmana que me atendió, bien tapada, hablaba perfectamente español. Ya en la calle nos esperaban los dos taxis contratados que nos llevarían a Shady Shack. No es una sopresa si digo que conducen como en Tailandia o Grecia: a saco y vas que te matas. Literalmente, porque los taxistas arrancan los cinturones de seguridad por motivos ignotos:

Como teníamos hambre, nos detuvimos a comer algo en el centro de la ciudad, donde fotografié esto:

[En fin, que no te escapas del toro ni a trece horas de avión.]

Allí mismo, a la derecha de la tienda Lois, tuvimos que arreglar unos papeles para la vuelta en barco. Tuve que fotografiar el cuadro de la oficina, uno de los más horrendos que he visto en mi vida:

[Me la jugué por el cuadro, pero ahora que me fijo, la figura tipo Buda que se descojona es para matarlos.]

Seguimos nuestro viaje en taxi hasta la playa. Nada a destacar más allá de dejadez y cosas como éstas:

[Iban “como un pepino”, a decir de Beatriz Pérez Aranda, la presentadora de TVE.]

Cuando llegas, te reciben los perros que viven por allí:

[Canes zombis debido al calor.]

Y te instalas en las chozas a tres metros del agua, tal que así:

[El retrete es un infierno, y para qué hablar de la ducha; bienvenidos a Indonesia.]

A mí me dio por ponerme a leer los relatos que Somerset Maugham escribió en Singapur:

[Mejor solo que mal acompañado, y mejor con Glenfiddich que solo.]

Otros, borrachos desde el embarque en Singapur (8 de la mañana), se quedaron inconscientes en la playa:

[Daniel, ingeniero, durmiendo la mona junto a un coco.]

[Vista con zoom a cierta distancia.]

Por la noche nos montaron una hoguera sin que lo hubiéramos pedido:

De fondo, un karaoke indonesio infernal. Era para fusilarlos. Mi jefe, estadounidense, dijo una vez que si alguien tiene arte para la música popular son los indonesios. Mintió.

La sorpresa de buena mañana es que el mar se ha retirado. La marea lo ha dejado todo al descubierto, y los perros se meten en el agua para refrescarse y perseguir peces.

Reptiles y hormigas compiten por las patatas fritas, en un claro ejemplo de la lucha ancestral por la supervivencia de todo bicho viviente (nunca mejor dicho):

Lo mejor del regreso fue llegar a Singapur de noche, con la impresión que hace la costa desde el mar negro como la pez. Como que no hay fotos de tan negra que era la cosa.

Más en Flickr, y vídeos en breve a través de Twitter.

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2 pensamientos en “Fin de semana en Bintan, II

  1. La fotografía de los cinturones arrancados me dejará huella, lo presiento.

    En fin, curioso contraste entre Singapur e Indonesia, aunque ambos estados coexistan en la misma isla.

  2. Bueno, no coexisten exactamente. Singapur alquila el norte de la isla para crear zonas turísticas de lujo, lo que da una idea de cómo se ven los indonesios a sí mismos: prefieren alquilar el terreno y que construyan otros a construir ellos. Lamentable. O de una honestidad que tira de espaldas.

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