La canción de Lawino, de Okot p’Bitek

El Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (CEDMA) está haciendo un trabajo editorialmente encomiable. Prueba de ello es el libro que me ha llegado: La canción de Lawino, del ugandés Okot p’Bitek (1931-1982), quien se formó en el Reino Unido y terminó de Catedrático de Escritura Creativa en la Universidad de Makerere en Kampala (Uganda) a la vuelta de su exilio político.

Por lo que veo, éste es el volumen 34º de la colección maRemoto (entiéndase como a cada uno le plazca), dedicada a lo que suele llamarse “otras literaturas”. En ella han publicado, por ejemplo, rarezas como La memoria iluminada: poesía mapuche contemporánea, en edición y traducción de Jaime Luis Huenún y Víctor Cifuentes, y Raíz de fresno infeliz. Una antología de poesía primitiva, en edición de Martín López-Vega y sea lo que sea eso de primitiva. Al margen de que me parezca bien o no que se gasten fondos públicos para corregir los supuestos errores del mercado (“las editoriales comerciales no publican estos libros blablabla zzzzzzzz…”), conviene no amparar la promoción de literaturas desconocidas en ideologías postmodernas como el indigenismo o el tribalismo, remanentes de un terruño primigenio que ya cansa.

La Lawino que da título al poema es una negra que intenta recuperar a su marido metiéndole caña (en sentido verbal). El tipo, Ocol, vuelve de Europa europeizado y renegando de sus raíces culturales africanas (África negra, que no árabe). La reacción que Lawino se saca de la manga se erige en poema ilustrativo y con pegada.

El autor, a mi parecer, intenta mantener el equilibrio en un terreno poco propicio. Los procesos de descolonización no dejan un rastro inmaculado, se trate de Uganda o de Singapur. La situación ideal -que los países artificiales surgidos tras la retirada de las potencias coloniales progresen con normalidad- no suele darse. O al menos no inicialmente, ya que se manifiestan dos tendencias: bien una admiración fuera de lugar por los colonizadores, bien un nacionalismo asociado a posiciones socialistas o comunistas (que la izquierda debe ser antinacionalista por definición ya no lo recuerda nadie). De ahí el interés de esta obra del todo recomendable.

En otro orden de cosas, p’Bitek concibió el poema en su lengua, el acoli, en 1956, y publicó su propia traducción inglesa en 1966. Cuatro años más tarde llegaría Song of Ocol, la respuesta del marido a las invectivas de la esposa.

A destacar que la traducción de Eva Torre es excelente. La edición es bilingüe en inglés y español, de modo que se puede seguir el original en las páginas pares.

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2 pensamientos en “La canción de Lawino, de Okot p’Bitek

  1. Al margen de que me parezca bien o no que se gasten fondos públicos para corregir los supuestos errores del mercado (“las editoriales comerciales no publican estos libros blablabla zzzzzzzz…”), conviene no amparar la promoción de literaturas desconocidas en ideologías postmodernas como el indigenismo o el tribalismo, remanentes de un terruño primigenio que ya cansa.
    A mí sí me parece bien, si creen sinceramente que esos libros son valiosos. Eso sí, mucho me temo, amigo, que predicas en el desierto. El posmodernismo se ha hecho un nicho en todo lo que se identifica como no occidental.

  2. Cierto, y la prueba es la música que oyes en las manifas de antisistema e indignabos: aires africanos de base rítmica, no melódica ni armónica. Es decir, lo que Adorno (más bien de izquierdas) llamaba “regresión en la escucha”.

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