Un rato con Cormac McCarthy, I

Dar conferencias filosóficas en la oficina forma parte de mi nuevo trabajo en Singapur. No es que haya muchos asistentes, pero ni falta que hace porque tampoco caben más de cuarenta, aproximadamente. Algunos son estudiantes de la Singapore Management University, donde trabaja mi jefe pluriempleado, y otros son contactos que se han ido haciendo con el paso del tiempo.

Para mi primera ocasión elegí vincular la institución griega del ostracismo con la novela The Road, de Cormac McCarthy (resumen en el blog de la empresa, a mi cargo). Y aunque no fuera necesario, aproveché para leer la mitad de la bibliografía del americano. Así descubrí su “Border Trilogy”, dedicada al ocaso de los cowboys (la acción transcurre a mediados del siglo pasado). Como en todo lo que hace McCarthy, las reglas ortotipográficas brillan por su ausencia, pero tiene sus motivos y no se los voy a discutir. Los novelones, de primera categoría, son All the Pretty Horses (hay una peli con la inútil de Penélope Cruz), The Crossing y Cities of the Plain. Me las compré en un solo volumen de mil páginas que me confirmó lo que sospechaba: que Cormac McCarthy vivirá para siempre. Ya es un clásico en vida y continuará siéndolo cuando se dé el piro.

Reproduzco en el original inglés un pasaje especialmente brillante de la primera novela de la trilogía. Lo suelta una señora mejicana al protagonista y es un atentado en toda regla a cierto aspecto del historicismo:

“When I was in school I studied biology. I learned that in making their experiments scientists will take some group–bacteria, mice, people–and subject that group to certain conditions. They compare the results with a second group which has not been disturbed. This second group is called the control group. It is the control group which enables the scientist to gauge the effect of his experiment. To judge the significance of what has occurred. In history there are no control groups. There is no one to tell us what might have been. We weep over the might have been, but there is no might have been. There never was. It is supposed to be true that those who do not know history are condemned to repeat it. I don’t belive knowing can save us. What is constant in history is greed and foolishness and a love of blood and this is a thing that even God–who knows all that can be known–seems powerless to change.” [Página 239, edición de Everyman’s Library.]

Pues eso.

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3 pensamientos en “Un rato con Cormac McCarthy, I

  1. En efecto, elucubrar sobre lo que “podía haber sido” ( that might have been) es solo un juego para ociosos, porque lo que es… lo es necesariamente.

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