Un día en Sentosa

Al sur de Singapur, a unos diez minutos nadando, hay una isla de 5km cuadrados. Allí estaban atrincherados los británicos durante la II Guerra Mundial, esperando la llegada de los japoneses por mar cual sushi de estar por casa, sin saber que los muy maliciosos iban a tomar la isla a pie penetrando por el norte (Malasia). Eran otros tiempos y Godzilla aún no existía.

Sin embargo, la isla, que sí que existía, ha tenido distintos nombres. Llamábase Pulau Panjang hace 200 años, que en malasio significa Isla Larga. Luego pasó a llamarse Pulau Blakang Mati, algo así como Isla de la Muerte por Detrás, nombre que da demasiado juego y que me limitaré a vincular a los japoneses, precisamente porque ocuparon Singapur por el lado inesperado. Matrícula de Honor para el MI6 de la época.

En 1972, el Singapore Tourism Board organizó una votación popular y se le cambió el nombre por Sentosa, que en malasio significa “tranquilo”. El objetivo a largo plazo era ir convirtiendo la isla en un parque de atracciones para locales y turistas. Dado que Singapur es una ciudad-estado, irse de fin de semana implica tener que salir del país. Pero si tienes una isla con árboles, atracciones, restaurantes, hoteles y playas, te dejas caer de vez en cuando.

[Llegando en teleférico; al fondo, los barcos esperando para descargar en uno de los puertos más importantes de la galaxia.]

La isla está bien para un turista si se lo toma como un extra para redondear el viaje. Es decir, que no hay que ir a Singapur pensando que hay algo que ver en Sentosa porque uno se encontrará con esto:

[Bichos alimentándose.]

Y esto:

[Foto desde otro teleférico en el cual vas sentado al aire libre, sin cabina; el agua no está sucia, pero es una playa artificial que sólo sirve para tomar el sol con los cargueros de fondo.]

El museo Images of Singapore tiene cierta gracia. Está en un edificio colonial. La primera parada es una oficina de reproduce la decoración del año de la catapúm, y luego te meten en una sala donde un holograma femenino y unos tipos en vídeo provocan vergüenza ajena, incluso entre los singapurenses mismos, con un mensaje de buenas intenciones multiculturales pasadísimo de vueltas:

A partir de allí, seguimos nuestro camino entre montajes como éste, con el titular real de la época y una pantalla incorporada con esas mismas noticias, generando un collage temporal:

Luego fuimos a Underwater World, que, como su nombre sugiere, está lleno de peces. Se incluye un espectáculo con delfines, focas y chinas, por no mencionar algo que me dejó estupefacto, y que creería que fue un delirio surrealista si no lo hubiera grabado. Sin rodeos, se trata de un chino bailando entre el público y los peces:

Uno, que no goza demasiado en espectáculos con animales encerrados, considera que lo más destacable fue esto:

[Individuo asiático con la camiseta del Barça.]

Más cosas. En cierta parte de la isla les ha dado por imitar a Gaudí:

Y así terminó el viaje, en teleférico de noche:

[Vista de Sentosa al regresar al centro de Singapur.]

Más fotos en Flickr, incluido yo junto a zanahorias y plátanos gigantes. La vida está llena de metáforas.

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4 pensamientos en “Un día en Sentosa

  1. En Singapur saben fusionar naturaleza y urbanismo de una manera que no he visto en Europa. No sé si tendrá que ver con el Ying, el Yang, el Kung Fu o el Fu Manchú, pero les funciona.

    Si por “teatro” te refieres al tipo que bailaba para los peces y los chinos mientras las máscaras de colores se le cambiaban solas, fue inolvidable en el peor de los sentidos.

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