Hawker Centres

Comer en Singapur es muy barato. De un país que es el cuarto núcleo financiero del mundo (detrás de Londres, Nueva York y Hong Kong) y cuya renta per cápita (tanto la nominal como la de PPA) supera a la española, uno se esperaría precios más altos. Sin embargo, el menú de mediodía en restaurantes absolutamente decentes que podrían estar en Barcelona o Madrid viene a ser de 8$, unos 4,4€ al cambio actual.

[Hamburguesa de pollo, banana smoothie y postre de chocolate con crema cuyo nombre he olvidado, cena de 10$ en el restaurante de la Librería Nacional. Poco más de 5€ al cambio actual.]

De lo que quiero hablar hoy es de los Hawker Centres, o Food Centres. Son propios de Malasia y Hong Kong, y en Singapur los hay para parar un tren. De hecho, una colega estadounidense del trabajo me decía que, desde que llegó hace un mes y medio (como yo), sólo ha visto megacentros comerciales y Hawker Centres.

El origen de estos centros no tiene ningún misterio. Singapur es un Estado construido a base de inmigración organizada por los británicos (el 75% de la población es china no musulmana en zona geográficamente malasia y musulmana). Cuando un territorio se está desarrollando a marchas forzadas y tienes a tanta gente de tantas partes deambulando aquí y allá, en determinados puntos se instalan vendedores de comida rápida asiática (nada que ver con un McDonald’s). A la larga, dichos puntos se institucionalizan como pequeños complejos de restaurantes:

Como se ve, comes bajo techo en un espacio muy abierto y ventilado donde se mezclan mil olores no siempre agradables. Las mesas son comunes y los restaurantes son tenderetes que se limitan a cocinarte lo que pides por precios irrisorios para alguien como yo o cualquier lector de este blog (hay que ir con cuidado: algunos platos son muy buenos, pero otros, como sopa de marisco a medio euro, no te los metes ni borracho). Ni siquiera te dan servilleta, y la bebida, si quieres beber, te la compras en uno de los tenderetes destinados exclusivamente a líquidos.

Dado que te venden la comida casi a gritos, intentando cazar clientes, uno está tentado de pensar que el origen de la expresión “hawker” viene de la voracidad del halcón, pero según veo en answers.com la cosa va por otro lado:

“Middle English hauker, probably from Middle Low German höker, from hōken, to peddle, bend, bear on the back.” [Es decir, vender ambulando.]

Hace unos días cené en un lugar que no deja de ser un centro de este tipo aunque ya no lo llamen así por puro márketing. Está en la ciudad subterránea que hay en el centro de Singapur. Dos de las estaciones de metro más concurridas, Esplanade y City Hall, están conectadas entre sí por pasillos inmensos llenos de tiendas y restaurantes, y a la larga desembocan en la calle o en el interior de un centro comercial (como si la salida del metro de Plaza Cataluña en Barcelona estuviera literalmente dentro de El Corte Inglés: sales del vagón y te encuentras en la sección de perfumería). Sólo faltan cines y discotecas para que dicha ciudad dentro de la ciudad se convierta en un parque lúdico.

En dicho Hawker Centre del complejo subterráneo superfashion los tenderetes no son chinos ni indios, como es habitual, sino japoneses. En la entrada te dan una tarjeta magnética y, de pronto, estás en medio de docenas de minitiendas que te ofrecen, quizá, toda la comida japonesa habida y por haber. Pides lo que quieres donde quieres, pero en cada tenderete te pasan la tarjeta por un lector, y a la salida pagas lo acumulado. Yo me puse hasta el ass cenando arroz con pollo y un plato de pasta con no sé qué, más la bebida, y pagué 10€.

También puedes cenar a precios más europeos (más altos) en complejos de restaurantes y discotecas como Clarke Quay (foto que saqué desde un puente; las torres metálicas son dos atracciones tipo slingshot de donde sales vomitando). Por ejemplo, cené con una amiga en un restaurante mongol por 20€ cada uno. Lo curioso es que el alcohol sea tan caro cuando lo compras para llevártelo, pero no cuando lo consumes en un establecimiento. A menos que se trate de whisky. En este caso, pagarás lo mismo que en Barcelona por un vaso de Macallan, pero la dosis será la mitad, o menos.

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