El reino dividido, de Miklós Bánffy

Hala, ya está. Libros del Asteroide ha publicado la tercera entrega de la trilogía. El reino dividido cierra el paquete iniciado con Los días contados y Las almas juzgadas. Traducción, como siempre, de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Gaviño. A destacar que el volumen no es tan grueso como los dos precedentes. Acaso a Bánffy se le cansase la mano.

Termina la saga familiar del conde transilvano Bálint Abády, en esa época en la cual Transilvania aún era Hungría. Termina asimismo su historia de amor con Adrienne Miloth, casada y madre, y empieza la Primera Guerra Mundial justo después de que las dos Guerras Balcánicas se cerraran en falso. Eso me recuerda que, en dos años, se celebrará el centenario de la incorporación de la ciudad de Tesalónica al Estado griego moderno. Habrá que ver la fiesta que montan en la ciudad de nacimiento de Atatürk.

Bánffy, político de carrera, tejió una ficción narrativa alrededor de los hechos reales de su tiempo y sus lares, de modo que no estamos propiamente ante una trilogía de novelas históricas. De todos modos, las imágenes que nos transmite son pata negra, como las de los húngaros gritando “¡Viva la guerra!” mientras sus jóvenes se preparaban para luchar contra los serbios. El mismo entusiasmo que se refleja en la película Lo que el viento se llevó (y supongo que también en la novela). Qué bestias eran las guerras sin antibióticos.

Lo dicho. No hay excusa para no conocer una parte de la historia moderna de Hungría, la potencia mundial en waterpolo: 12 Europeos, 9 Olimpíadas y 2 Mundiales, en este último caso empatada con España, Italia, la URSS y Yugoslavia. Dime con quién nadas…

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