De fiesta en Singapur

La cosa funciona así.

Los residentes con pasta, sean ciudadanos o no, viven en condominios con piscina y pistas de tenis. Hasta aquí todo en orden. Sin embargo, la fiesta de ayer consistía en plantarse a las 19h en uno, a las 21h en otro y a las 23h en un tercero, llevando bebida y alpiste para matar el hambre. Como no son pisos muy grandes se llenan pronto, y más con la de gente que se presentó, de todos los colores y procedencias, incluida una húngara muy interesante en todos los sentidos. También conocí a un estadounidense de mezcla mexicana y cherokee que hablaba español, y que me contó un secreto acerca de la película Where the Wild Things Are porque había trabajado en la produción artística de los monstruos. Y a un japonés megafriki que absorbía el alcohol como una esponja. Su contribución a la fiesta era, precisamente, whisky japonés. La mía fue bebérmelo. Se soprendió cuando le hablé de Ozu, Kurosawa y Godzilla. Al final, terminamos hablando de Arale, los insignes dibujos animados.

Ya en el tercer piso y cuando estábamos en el cénit de la noche (sobre las doce), los de la seguridad privada del condo nos cortaron la luz por el jaleo que había. Normal. En un lugar como Singapur me extraña que no nos la cortaran antes (la luz, se entiende). Entonces unos malasios y unos negros de metro noventa nos echaron amablemente a todos menos a la inquilina del piso, y nos dimos el piro a China One, una discoteca en Clarke Quay, junto al río. Es un local fashion a más no poder donde se dejan caer asiáticas que buscan occidentales (ligue, no prostitución). Lo curioso es que los occidentales, en la pista de baile, terminamos mirándonos entre nosotros, buscando instintiva e inconscientemente una complicidad cultural que no deja de ser bastante absurda. En mi caso, una rubia que se iba con dos tíos (y no insinúo nada) se me puso delante con la mano abierta en alto para chocar los cinco. Le seguí el juego sin acabar de entender muy bien de qué iba. Uno está educado y no hace feos a señoritas.

La última. En la pista unas chinitas se estaban sacando fotos, y en el momento justo me puse detrás haciendo muecas. Se dieron cuenta, la borraron y sacaron otra. Acabo de llegar y ya me discriminan.

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2 pensamientos en “De fiesta en Singapur

  1. Seleucus me das envidia, Quiero que me presentes al japonés para sesiones de karaoke y si es estéticamente presentable un poco de cosplay a lo colegiala ^_^…Pero no ibas a Singapur a trabajar???

  2. No sé que comen las húngaras y las checas pero están tópicamente más buenas que el pan. No dudes en iniciar acercamientos diplomáticos (o de los otros) a las carnes magiares.

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