El cielo protector, de Paul Bowles

De la película de Bertolucci sólo me ha quedado la belleza de Debra Winger. En cambio, la novela me ha dejado una sensación muy extraña. Es buena, mas no entiendo que se la valore tanto. Iré por partes.

Para empezar, Bowles (Nueva York, 1910-Tánger, 1999) también era músico, aunque se haya terminado recordándolo como escritor. Una vez se hubo instalado en Marruecos en 1947, apenas se movió de allí, y a los dos años publicó su obra más conocida, El cielo protector, donde una parejita de turistas americanos imprudentes se deja caer por África y se topa, muy a su pesar, con una tierra que les da y les quita más de lo que pueden soportar.

A partir de aquí, los problemas. Y es que la novela no ha envejecido bien. La desintegración de los materiales, que decía Adorno. En su momento, sin duda, el texto transmitía al lector una fuerza estética que se ha perdido precisamente porque la noción de África como continente misterioso ya cansa, y más después de ver en el Mundial a Shakira y su “Waka Waka”, subtitulada “Esto es África” (por si algún despistado pensaba que era el Peloponeso o la Galaxia de Andrómeda). A estas alturas, no cuela que a la protagonista se le vaya la olla cosa fina como a Kurtz en El corazón de las tinieblas.

Otro problema son los diálogos, un tanto impostados. No he terminado de creérmelos. En ese sentido, hay un abismo entre la capacidad de Bowles para la narración pura, sin diálogos, y la que los contiene.

Y a la postre, la edición que he leído es la de Seix Barral en traducción de Nicole d’Amonville Alegría. Al final de todo, en una Nota del Editor, leo que Bowles estaba inquieto por la mala calidad de la primera traducción. Busco en el ISBN del Ministerio de Cultura y no aparece ésta de Seix Barral (????), pero sí la anterior, de una tal Ana o Aurora Bernárdez (??!!) que publicaron, entre otras, RBA y Alfaguara. Todo muy raro. Además, la nueva traducción tampoco mata, por más que se deje leer con comodidad. Un ejemplo:

“Mientras sorbía el té, que advirtió estar hecho con hojas de menta seca, en lugar de fresca, […].” [Página 103.]

Lo correcto aquí es “que advirtió que estaba hecho”, dado que el infinitivo en este tipo de frases sólo se puede usar cuando el sujeto de la principal y el de la subordinada son el mismo. Y no es el caso, toda vez que el protagonista no está hecho de menta seca sino de carne y huesos. Al menos hasta que se demuestre lo contrario.

Anuncios

4 pensamientos en “El cielo protector, de Paul Bowles

  1. Googleando, veo que en más de un lugar se deja de vuelta y media la traducción de Aurora Bernárdez de “El cielo protector”. Bernárdez (efectivamente, la esposa de Cortázar) tradujo una cantidad considerable de libros con una mala sombra también considerable: en “Por qué leer los clásicos” de Calvino hay algún patinazo de manual. También en “Bouvard y Pécuchet”, donde traduce “pays” por “país” en un pasaje donde claramente quiere decir “pueblo”.

Los comentarios están cerrados.