La vida sexual de Marcel Proust

Tercero de los tres artículos originalmente destinados a Factual:

Hace tres años, la editorial Belacqva publicó una de esas joyas que, de vez en cuando, te caen en las manos: Proust enamorado, en traducción de Ramon González Férriz (si ‘Ramon’ no lleva acento, será catalán). Se trata de otra biografía de Marcel Proust, ciertamente, mas no es una biografía al uso sino un texto totalmente centrado en su vida sexual. El responsable, William C. Carter, es Profesor Distinguido de Francés en la Universidad de Alabama en Birmingham y este volumen lo publicó originalmente la Yale University Press. Mejor que no hablemos de lo que publican las editoriales oficiales de las universidades españolas porque no daría para mucho.

Carter aborda la vida sexual de Proust desde sus inicios juveniles, ya marcadamente homosexuales, y la desarrolla de un modo más o menos cronológico hasta la madurez. Como buen especialista en la obra del genio francés, genera paralelismos entre sus vivencias documentadas y lo plasmado en la inabarcable obra maestra En busca del tiempo perdido, rastreando aquellos elementos reales que sirvieron de inspiración literaria. No en vano Proust se consideraba un sujeto sin imaginación, por más que todo análisis que podamos hacer hoy día indique lo contrario. De ahí sus visitas frecuentes a burdeles masculinos, no sólo para solazarse pagando sino para espiar discretamente las perversiones sadomasoquistas de terceros gracias a su amistad con los propietarios de los locales. Lo que sea en nombre de una base fidedigna y factual, dicho esto sin segundas.

Visto a estas alturas, provoca estupefacción que la cura que recomendaban los médicos para la homosexualidad y la masturbación fuera llevar al adolescente a un burdel, y borracho a ser posible. Parece que Proust, enamorado sin correspondencia de Jacques Bizet (compañero de clase e hijo del celebérrimo compositor Georges Bizet), pasó por el tubo de modo más bien desafortunado. Ni esa experiencia era para él ni necesitaba cura alguna. Malgastó tontamente los 10 francos que su padre, médico, le había dado para que se realizase en el lupanar y asumió su tendencia defendiendo a capa y espada el término ‘invertido’ frente a ‘homosexual’. Los motivos no los explicaré aquí. Están en este gran libro.

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