Solipsismo e inorganicidad en Nosotros, de Zamiatin

Ayer hablé de Nosotros, la gran obra de Zamiatin y una de las primeras distópicas de la historia de la literatura. Hay algo digno de análisis con cierto detenimiento.

La sociedad totalitaria del futuro, basada en las matemáticas y en la noción de abolición de la libertad como paso necesario para la felicidad (sin libertad no hay error, luego todos contentos), vive encerrada en ciudades donde no hay nada natural. Ni siquiera un árbol. Y lo que es más: un muro separa la vida interior del exterior, donde la naturaleza campa a sus anchas.

Dicha contraposición pone a huevo que se lleve a cabo una disección bajo el prisma del idealismo alemán postkantiano. La separación radical, mediante dicho muro, entre inteligencia y naturaleza es la establecida por Fichte como Yo y No-Yo, donde el Yo solipsista, a diferencia de lo que ocurre en el sistema hegeliano, es una categoría lógica (nunca mejor traído en una dictadura matemática). Sin embargo, también Hegel tiene su lugar, ya que la naturaleza es inorganicidad contrapuesta a la organicidad de la consciencia.

El concurso, con todo, lo gana Fichte. La dictadura de ese Estado perfecto no es susceptible de caber en la dialéctica hegeliana porque no es un sistema inclusivo, es decir, la antítesis (inorganicidad) no contiene la tesis (organicidad); de ahí que en dicho Estado no se observen las trazas de la eticidad (familia-sociedad-Estado). Así, resulta evidente que su encaje es más bien con un sistema fichteano.

Volveré a referirme a Nosotros por otros motivos.

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