Cómo no hay que vender un libro

Una noche tesalonicense del pasado abril estaba dando una vuelta con Marios y Evánguelos. Acabábamos de cenar patsás (como nuestros callos pero en sopa y hecha de ternera) y nos estábamos metiendo un helado sin miramientos. En la calle Delfón, más o menos a la altura de Bótsari, me detuve frente a un quiosco que aún estaba abierto. Apoyadas contra la pared estaban las ediciones baratas que algunos periódicos ofrecen con el paquete de los domingos (como aquí: libros, dvd, lo que sea). Me fijé en que tenían Caballería roja de Bábel, y comenté en voz alta que es un compendio de relatos magnífico. Entonces sucedió lo inesperado: el propietario salió de la tienda y me dijo que ese libro era malísimo y que sólo contaba memeces. Le pregunté que a qué venía eso respecto de Bábel y entonces se lió con la explicación. Terminamos deduciendo que el tío pensaba que me había referido a otro volumen tirado por ahí.

La verdad es que poco importa a qué libro me refiriera. No se vende así. Si tienes periódicos en tu establecimiento, debes lidiar con lo que te echen los domingos e intentar colocarlo todo. Además, ponerse a hablar talmente con desconocidos no viene al caso, mas eso ya es otra historia. En Grecia las cosas funcionan de otro modo.

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9 pensamientos en “Cómo no hay que vender un libro

  1. Sí que es extraño lo que cuentas. En “Asterix en la legión”, el griego era el negociante. Les tenía por gente con grandes dotes comerciales.

    Saludos cordiales.

  2. Bueno, es que entre los griegos de antes y los de ahora la única relación es lingüística. Hablan una lengua viva que parte de otra muerta. Nada más.

  3. Un amigo vendedor americano me regaló “el vendedor más grande del mundo” de Og Mandino. Bonita historia para que lea cualquier vendedor especialmente una vendedora de quioscos.

  4. Hombre, a mí que un quiosquero se moleste en dar su opinión sobre un libro que a otro quiosquero no le iría ni le vendría me parece un signo de desarrollo o al menos de interés por el mundo y sus cosas.

  5. Perros alimentados desde los balcones, quiosqueros que dan una opinión confusa cuando no les han preguntado… Grecia es indudablemente el país del futuro.

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