Y otra Feria del Libro de Tesalónica

Visto que el p*to volcán me reventó el viaje a la Feria del Libro de Londres (se quedó en lo mínimo) y que la gentuza del Holland Court Hotel no me devuelve el dinero (han perdido a un cliente), me centraré en la Feria del Libro de Salónica. La totalidad de las fotos está en Flickr, por si alguien quiere verlas a su aire sin seguir un texto que, a la postre, no será largo para no aburrir al personal.

Para empezar, y a causa de la niebla que puedee haber de madrugada en los aeropuertos de Barcelona y Roma, el avión de Alitalia salió dos horas tarde. Uno pensaba que el de Roma-Salónica lo esperaría, pero se ve que no, que te jodes y te comes doce horas hasta el siguiente vuelo. Y porque hay dos vuelos al día, que si no habría tenido que salir del aeropuerto y buscarme un hotel. Así que, más que nada por las apariencias, hice lo que se supone que tengo que hacer, a saber: comprarme un libro. En las librerías del aeropuerto Leonardo Da Vinci tienen a Zafón en italiano y calaña semejante, claro. No van a tener a Dante, como en Madrid no tienen a Calderón de la Barca ni en Moscú, supongo, a Tolstói. Me pillé lo único que me ofrecía garantías sólidas: Pygmy, de Palahniuk (el autor de The Fight Club). No me equivoqué. Lo que me sorprende es que en el aeropuerto tengan justamente ese libro en inglés.

Dado que el primer vuelo estaba programado para las 6:30h del día anterior, cuando llegué a casa de mis amigos pasada la medianoche estaba reventado. Sin embargo, me los llevé a cenar patsás, sopa de origen asiático hecha con estómago de ternera. Vienen a ser los callos griegos y sólo se sirve en locales decadentes de 21h a 9h. Lo mejor es tomársela a las 5h, después de la juerga y antes de volver a casa.

Ya por la mañana comenzó la Feria del Libro. Lo más destacable eran las chinas que hablaban griego, pues no en vano China era el país invitado. También hay que destacar por sus múltiples virtudes a determinadas Jefes de Derechos en editoriales grandes, quienes son al mismo tiempo Jefes de Prensa por exigencias del guión. Después de indagar en el sistema editorial griego, ya he entendido ciertas cosas que se me escapaban.

Una vez que la Feria hubo terminado, me dediqué a cuestiones personales como degustar cierto tipo de sopa pontia que me vuelve loco, fotografiar perros abandonados o visitar a una amiga que vive en Serres, una ciudad de 60.000 habitantes sita a 60km de Salónica. Esto es, a 45 minutos en tren si lo hubiera en condiciones; en realidad, a hora y media en autobús, que es lo que se usa. Y es que en Grecia apenas hay infraestructuras ferroviarias. En Salónica, una ciudad como Barcelona, aún no hay metro, y en Atenas, que es como Madrid, hay sólo tres líneas.

El año que viene no sé qué sucederá. Parece inminente que se llevarán la Feria a Atenas porque la inmensa mayoría de las editoriales están allí, y no les interesa gastarse la pasta cada año para tener contentos a los del norte, quienes se quejan de que todo se hace en, por y para Atenas. Argumentos los hay en ambos lados, y como no me van a preguntar nada, tendré que adaptarme a lo que salga.

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