Artículo de Antonio Priante acerca de Mariano José de Larra

Antonio Priante, autor de El corzo herido de muerte, una novela magistral con Larra de protagonista, nos regala este artículo.

LARRA ÍNTIMO

SUICIDA… ¿POR  QUÉ?

El año del bicentenario de Mariano José de Larra no ha sido muy generoso en conmemoraciones. En absoluto en Barcelona, de donde procedía el escritor por línea paterna (Langelot era el segundo apellido del padre). En Madrid y otros lugares sí ha sido objeto de ciertas celebraciones y homenajes, y algunas revistas literarias le han dedicado artículos especiales. Pero lo cierto es que el ambiente no recuerda nada al de hace un siglo, cuando la periodista Carmen de Burgos pudo escribir: “En Fígaro [Larra] hay una fuerza que le mantiene siempre vivo y joven cerca de nosotros… Larra no envejece como los otros; Larra conserva su prestigio de escritor, su prestigio de hombre y hasta su prestigio de suicida. Es eternamente joven, eternamente original.”

Quizá es lo que mejor conserva en estos momentos: su prestigio de suicida. Y se comprende. La España de hoy poco tiene que ver con la España de los años treinta del siglo XIX (excepto por algún problema en el norte, que entonces se llamaba carlismo, y alguna cosita más), así que lo que dijo el escritor, el periodista de actualidad, poco importa ya (por más que muchos insistan en colocarnos como sea su “vuelva usted mañana”). En cambio, la  persona, el hombre aureolado por el fogonazo del disparo final, conserva todo su atractivo romántico. Pero ¿quién era esa persona? ¿Cómo era el hombre llamado Larra cuando no ejercía  de corrosivo fustigador de los vicios públicos?

“El carácter moral de este escritor consiste en ser excesivamente generoso, desprendido de todo interés, ambicioso de gloria, muy amante de su patria, cariñoso con sus padres, buen amigo, bastante enamorado, algo orgulloso, noble en sus maneras y porte, aficionado a la alta sociedad y muy estudioso.”

Es posible que no haya descripción más ajustada y verdadera del carácter de Larra que la contenida en estas líneas escritas por su tío Eugenio. El joven Larra tenía en el hermano de su padre a un amigo y un confidente. Hubo entre los dos una especial relación de cariño, y el tío pudo escribir tan acertadamente del sobrino porque le quería, y querer bien a una persona es la única manera segura de conocerla. Un par de siglos después alguien podrá retratar a Larra como una especie de enano egoísta y acosador de mujeres, contradiciendo la clara imagen que nos dejó don Eugenio. No hay que tenerlo en cuenta. Son cosas que se cuecen al calor del prejuicio (feminista en este caso) y la ignorancia.

Pero suicida, ¿por qué? La vieja polémica sigue hoy viva con sus dos líneas de argumentación enfrentadas: la cívica o política, que nos habla de su frustración y abatimiento ante la situación de España, y la romántica o novelesca, que pone el énfasis en el fracaso amoroso. Quizá ambas se equivoquen, quizás ambas no tengan en cuenta un factor previo a cualquier lance social o amoroso. Me refiero a su constante y arraigado sentimiento de vacío, que sólo una pasión poderosa podía vencer.

Existe, claro, la tentación de explicar este vacío como la consecuencia de determinados acontecimientos vitales: el fracaso político, el fracaso amoroso. Pero no hay que caer en la tentación. Las vicisitudes no marcan el carácter; es el carácter el que se expresa a través de las vicisitudes. Yo creo que, en Larra, el sentimiento de vacío no es consecuencia de ciertas experiencias vitales, sino, al contrario,  el modo en que experimenta la vida es consecuencia de su sentimiento de vacío.

Que el sentimiento de vacío es en Larra anterior a toda experiencia quizá lo pruebe este párrafo de “El Café”, escrito en febrero de 1828, poco antes de cumplir 19 años (y si alguien alega que a esa edad ya contaba con la supuesta decepción amorosa y filial de sus 16 años, atención a mis cursivas):

“Seguí quejándome hasta mi casa sin ninguna gana de reir de mis observaciones como en otros días, aunque siempre convencido de que el hombre vive de ilusiones y según las circunstancias, y sólo al meterme en la cama, después de apagar mi luz y conciliar el sueño confesé como acostumbro: ‘Éste es el único que no es quimera en este mundo’.”

La vida es un entramado de ilusiones sobre circunstancias cambiantes. Sólo el sueño es verdad. El sueño, imagen de la muerte.

Así, cuando a los 26 años, en pleno conflicto amoroso, escribe “allí donde está el mal, allí está la verdad. Lo malo es lo cierto. Sólo los bienes son ilusión” (“La sociedad”, 16-1-1835), no hace sino manifestar, propiciado por las circunstancias, lo que desde siempre ha sabido.

Si, como es cierto, todo hecho es efecto de una serie de causas, el suicidio de Larra hubo de tener forzosamente las suyas, puesto que nada es gratuito ni se produce ex novo en la naturaleza (incluida la naturaleza humana). Pero ocurre que los que buscan las causas de este tipo de hechos -los actos humanos- suelen olvidarse de la fundamental: el carácter del individuo. El carácter no como algo forjado por las circunstancias, el ambiente, la educación, no, el carácter de verdad, originario, congénito, eso que nada ni nadie puede cambiar, aunque pueda manifestarse de diferentes maneras según los motivos que las circunstancias le ofrecen.

En el carácter de Larra -como en el de cada cual- se hallaba esbozado su destino. Sólo unas circunstancias extremadamente favorables hubieran podido darle una forma menos trágica.

Pero esas circunstancias no se dieron. Al contrario. El gran amor que pudo salvarlo resultó ser un espejismo del enamorado. Fue entonces cuando, sin pensarlo, Larra se abandonó a su destino.

“Sólo un Dios y un Dios Todopoderoso podía hacer amar una cosa como la vida.” (Larra, “La vida de Madrid”, 12-12-1834.)

Antonio Priante, julio de 2009

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7 pensamientos en “Artículo de Antonio Priante acerca de Mariano José de Larra

  1. Excelente artículo, bravo.

    No sé por qué, pero la historia de Larra siempre me recuerda a la de E.A. Poe… Aunque evidentemente el de Boston no se suicidó, de alguna manera ambos compartían esa visión deletérea de la existencia.

    De todas formas y volviendo a la España de hoy, con la que está cayendo, no creo que quieran airear mucho el ejemplo de Larra (por si acaso)…

  2. Es posible que Priante, cuando habla del prejuicio y la ignorancia a propósito de Larra, esté pensando en Rosa Montero, quien en más de una ocasión y con ligeras variantes ha expresado la opinión siguiente:

    “Hay suicidios vengativos, como el de Larra, que acosó ferozmente a la pobre Dolores Armijo, primero revelando a toda España que había tenido relaciones adúlteras con ella (los dos estaban casados), y después, cuando la joven intentó dejarle, pegándose un tiro casi en su presencia, mientras Dolores corría por el pasillo camino de la puerta, intentando marcharse del piso y de la vida de su amante. No creo que Larra se matara sólo por Dolores, desde luego (el suicidio es un acto complejo), pero se vengó contra ella de su frustración del mundo: he aquí un suicida egocéntrico y antipático.”

    “Mil y una maneras de matarse”, Rosa Montero, El País, 30-11-08

  3. He comenzado el artículo con gran interés, pero a la altura de esta frase: “La España de hoy poco tiene que ver con la España de los años treinta del siglo XIX”, he comprendido que sólo puede ser obra de alguien que no sabe nada -o no entiende nada- de la literatura de Larra ni de la historia de España.

    Lástima.

  4. No conozco apenas dicho blog pero un día vi en una él el video “el circo de la mariposa” y me pareció de lo más lindo.
    goodvibrations.es/sonrie/tag/el-circo-de-las-mariposas/ – En caché

  5. Mefisto, por una vez te secundo. Mi madre que sarta de sandeces que se marca el personal…No me extraña que los proscriban. Nenes, no tenéis nada mejor que hacer que tiraros yogures por encima, que ya tenéis una edad…Tamaña capacidad cretaiva me deja tiritando…¡Qué Allah confunda a los artistas y se les indigesten las performances esas!

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