Omega, de Jack McDevitt

Segunda novela que leo de McDevitt. La primera fue Odisea, también perteneciente al ciclo Las máquinas de Dios.

Seguimos en el siglo XXIII. La tecnología permite viajar por el hiperespacio a distancias siderales (nunca mejor dicho) en tiempos asumibles para la corta vida humana. En esto, la humanidad, que continúa con lo mismo de siempre a pie de calle (hambrunas en África, etc.), empieza a tomarse seriamente la existencia de las Omega, unas nubes enormes que viajan por el espacio y destruyen por la cara toda civilización que encuentran. Vale que la más cercana a la Tierra tardará mil años en llegar, pero algunos juzgan que quizá sea necesario no dejar para el siglo XXXIII lo que se pueda hacer en el XXIII.

McDevitt, una vez más y a pesar de cierta querencia por la estética del technothriller, conduce con salero una trama que da mucho juego: ¿Cómo salvar de las Omega a una civilización alienígena cuyo estado de desarrollo es similar al de la humanidad en la época del Imperio Romano? Y es más, ¿cómo hacerlo sin que se den cuenta ni interpreten que los humanos son dioses que vienen del cielo?

Lo negativo: traducción mejorable, como es demasiado usual en La Factoría de Ideas.

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